Según el reporte del observatorio mundial de los residuos electrónicos de la ONU, publicado en 2017, solo en Estados Unidos casi todas las personas tenían un teléfono móvil; y una de cada dos, una tableta en 2016.

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La producción y consumo acelerado de estos Aparatos Eléctricos y Electrónicos (AEE) está generando un impacto negativo en nuestra salud y el medio ambiente. Una de las consecuencias más graves de este aumento de dispositivos es la cantidad de basura que genera, conocida como residuos electrónicos. Estos residuos incluyen todos los artículos de equipos eléctricos o electrónicos y sus partes que han sido descartados sin intención de ser reutilizados.

En 2016, el mundo produjo 44,7 millones de toneladas métricas (Mt) de residuos, lo que equivale a tener 4.500 torres Eiffel. Lo más preocupante es que en el 2021 esta cifra alcanzaría los 52,2 Mt según el reporte de la ONU.

En Estados Unidos solo el 22 por ciento de estos residuos se recogieron y el paradero del 88% restante se desconoce. Una cifra alarmante si se tiene en cuenta el nocivo efecto que estos residuos tienen para nuestra salud y la del planeta.

Una investigación realizada por la organización Basel Action Network -con apoyo del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts)- se propuso determinar a dónde llegan los residuos electrónicos generados en Estados Unidos. Para el experimento se instalaron rastreadores a diferentes aparatos electrónicos y el resultado es angustiante: 40% de estos, a pesar de haber sido llevados a sitios de reciclaje, terminaron en países asiáticos donde son desarmados por personas que no cuentan con la protección adecuada para realizar este trabajo.

Y es que el tratamiento inadecuado de estos residuos tiene graves consecuencias en la salud humana, debido a los diferentes componentes tóxicos con los que cuenta y que, además, contaminan el agua y el suelo.

En Bangladesh hay más de 50.000 niños dedicados a la recolección y reciclaje no regulado de residuos electrónicos. Anualmente un 15% de ellos muere como consecuencia del trabajo que realizan y un 83% se enferma por la exposición a estos materiales tóxicos.

Diferentes organizaciones internacionales trabajan para fortalecer las legislaciones y los controles con el fin de evitar el tráfico transfronterizo de residuos electrónicos que, en muchas ocasiones, terminan en países en vía desarrollo. Sin embargo, el compromiso debe involucrar no solo a los gobiernos nacionales, sino a todos los ciudadanos quienes somos los usuarios finales.

 

¿Qué podemos hacer como consumidores?

  1. Reduce la compra de aparatos electrónicos y optar por productos más sostenibles puede ser el primer paso. Fairphone, por ejemplo, es una iniciativa para producir un teléfono móvil más sostenible. El teléfono fue diseñado para ser fácil de reparar, se puede desarmar y remplazar sus partes fácilmente. Además cuenta con programa de recolección y reciclaje de los equipos.

2.- La reparación y reutilización es otro paso muy importante. La vida útil de nuestros dispositivos digitales se acorta cada vez más. Éste es un fenómeno conocido como obsolescencia programada, es decir, que los productos vienen con una fecha de vencimiento ya determinada por el fabricante. Un móvil está diseñado para durar, en promedio, entre 18 y 24 meses según el sitio de información financiera MarketWatch.

3.- Cuando ya no sea posible reparar ni reutilizar, elige siempre el reciclaje. Para esto, es importante asegurarnos de disponer los residuos en el lugar correcto y con una empresa responsable.

 

Fuente: Reporte del Observatorio Mundial de los Residuos Electrónicos- 2017

Fuente: WWF

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