Los sindicatos se movilizaron este miércoles, con motivo del Día Internacional del Trabajo, contra la reforma del sistema de pensiones impulsada por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y aunaron fuerzas de cara a una huelga general programada para el próximo 14 de junio.

Las diez centrales obreras del país protagonizaron por primera vez un acto unificado durante un Primero de Mayo para clamar contra las medidas propuestas por el Gobierno de Bolsonaro, especialmente contra el proyecto que endurecerá gradualmente el acceso al actual régimen de pensiones.

Mientras los sindicatos alzan la voz contra lo que consideran un retroceso, Bolsonaro ha insistido en la necesidad de aprobar la reforma para reducir el abultado déficit fiscal del país y la víspera volvió a advertir que si la medida no avanza en el Congreso, «el caos se instalará» en la mayor economía de Sudamérica.

El polémico proyecto, con el que el Estado espera un ahorro de unos 265.000 millones de dólares en una década, ya ha superado la primera barrera en la Cámara de los Diputados de Brasil y la semana pasada fue instalada la comisión que debatirá una reforma ya intentada sin éxito por el expresidente Michel Temer (2016-2018).

La primera sesión de debates ha sido convocada para el próximo 7 de mayo, cuando iniciará efectivamente un trámite que se calcula que puede demorar unos dos meses y tras el cual la propuesta será remitida al pleno de la Cámara de Diputados.

Allí, será necesario el respaldo de una mayoría calificada de 308 votos, que representan las tres quintas partes del total de 513, por lo que el Gobierno deberá intensificar las negociaciones para sacar adelante una de las principales promesas de campaña de Bolsonaro.

No obstante, el Ejecutivo cuenta con el rechazo de algunos partidos de corte progresista, entre ellos el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente preso Luiz Inácio Lula da Silva, y también de los sindicatos, quienes deberán poner a prueba su capacidad de movilización tras el declive experimentado en los últimos años.

Conscientes de su frágil situación, la Central Única de los Trabajadores (CUT) y Força Sindical, que históricamente han tenido agendas diversas, se unieron por primera vez un Primero de Mayo en la capital paulista para luchar contra lo que consideran una reforma «que quita derechos y mantiene privilegios».

«No tenemos nada que conmemorar, estamos de luto», lamentó a Efe Salete dos Santos, una funcionaria pública de 68 años, quien instó a continuar la «lucha» por los derechos de los trabajadores.

El siguiente paso tras las manifestaciones de este miércoles será la huelga general convocada para el próximo 14 de junio, fecha que coincide con el comienzo de la Copa América de fútbol, que se celebrará precisamente en Brasil.

«Vamos a marcar la huelga general para el 14 de junio, exactamente para derribar la reforma del sistema de pensiones porque no es posible que los trabajadores no tengan el derecho a jubilarse y que tengan sus derechos rasgados», dijo en declaraciones a Efe Vagner Freitas, presidente de la Central Única de los Trabajadores.

Para el excandidato presidencial del PT Fernando Haddad, la huelga «es un recado claro de los trabajadores» a Bolsonaro.

«Los trabajadores van a reunirse y llamar a una huelga general para poner fin a ese proceso de desmonte del Estado brasileño», aseguró en declaraciones a Efe.

El Gobierno, por su parte, insiste que sin la reforma el Estado brasileño entrará en «colapso» y no será posible liberar recursos para la inversión en áreas esenciales, como salud y educación.

Alba Santandreu

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