El diputado del partido de extrema derecha Vox en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, y la representante del partido en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, han iniciado su andadura política rodeados de escándalos. Hacemos un repaso por ellos, e incidimos en que por cada uno de ellos la pareja debería haber dimitido ya.

Primer escándalo: su mansión no tiene licencia

La mansión que comparte la familia Monasterio-Espinosa de los Monteros ni tiene licencia de primera ocupación: han hecho más obras de las que dijeron en un primer momento. Ni tiene licencia de actividad, ya que el sótano de la casa estaba destinado a un despacho de arquitectura que carecía de los permisos necesarios para ello.

Los políticos compraron la vivienda hace nueve años. Después, hicieron una reforma que duró cuatro: tres plantas, garaje, ascensor, gimnasio, solárium y sótano. Tras finalizar cualquier obra es necesario solicitar la licencia de primera ocupación: avisar al Ayuntamiento para que envíe a los técnicos a comprobar que la reforma está hecha y que se ajusta a la normativa vigente. Este es el trámite que los políticos no han conseguido superar porque se excedieron en lo acordado.

Espinosa de los Monteros solicitó cuatro veces la licencia, pero nunca aportó toda la documentación necesaria, tal y como adelantó eldiario.es el pasado 2 de septiembre.

Un político tiene que ser ejemplar, ir más allá de lo normal en el cumplimiento de la normativa y la ley. No se ajustaron a las obras indicadas en su momento en su mansión, por lo que el ayuntamiento no aprueba su reforma al no ajustarse a normativa, algo que Monasterio debería conocer al dirigir un despacho de arquitectura. Este es el primer motivo para una dimisión.

Segundo escándalo: tres lofts en suelo industrial

Los miembros del partido de extrema derecha hicieron un gran negocio en 2004 al mediar en la compraventa de tres lofts construidos en suelo industrial en Madrid, en una antigua fábrica de pan del barrio de Salamanca. A los compradores, que pagaron más de medio millón de euros por cada inmueble, no les fue igual de bien. Según su relato, la pareja les aseguró que harían valer sus contactos en el Ayuntamiento de Madrid para conseguir una licencia de habitabilidad en el edificio, el número 6 de la calle de Villafranca. El permiso nunca llegó, ni siquiera se tramitó. Los vecinos solo lo descubrieron 10 años después, en 2014, cuando Urbanismo les ordenó desalojar los lofts porque estaban viviendo en suelo industrial.

Dos de los tres compradores que adquirieron los locales sobre plano se sintieron «engañados» por los dirigentes de Vox. Según explican a El País, en principio, él parecía el propietario de la nave y les implicó en la obra como promotores. Solo descubrieron que era un intermediario el día de la firma de las escrituras. Diez años después descubrieron, con la intervención de Urbanismo, que no había licencia de habitabilidad. Los compradores fueron desahuciados

Los políticos intentaron usar su influencia política para transformar un suelo industrial para conseguir la habitabilidad de los inmuebles vendidos y cobrados antes de lograrlo. Este es el segundo motivo para una dimisión.

Tercer escándalo: Monasterio firmó proyectos sin ser arquitecta

La presidenta de Vox en Madrid presentó su proyecto de fin de carrera en octubre de 2009 para, dos meses después inscribirse en el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM). Unas fechas que no coincidirían con el currículo aportado por Monasterio en la Asamblea de Madrid. La política abrió su propio estudio nueve años antes, un periodo durante el cual se publicitó como arquitecta, sin todavía serlo, y firmó planos como tal pese a carecer del título.

Durante esos nueve años, Monasterio realizó varios proyectos bajo su nombre, algunos de ellos en Madrid, como la construcción los tres lofts que hablamos en el punto anterior, construidos en un suelo industrial con la promesa de que lograrían la licencia de habitabilidad.

Monasterio ha asegurado este lunes que no recuerda si en el año 2003 era ya arquitecta. La diputada madrileña ha defendido, además, que no todos los planos de arquitectura tienen que ser visados, en relación a la información que El País adelantaba sobre que había firmado planos simulando que era arquitecta sin serlo en 2003.

La dirigente de Vox mentía y ya se presentaba como arquitecta en las revistas en el año 2003, según ha podido comprobar este diario, pese a que no tenía la carrera y todavía tardaría seis años en colegiarse. La revista Habitania presentó a Monasterio como «arquitecta especialista en modificar locales para convertirlos en loft».

Por las mentiras y por las acciones faltas de ética, Monasterio debería también dimitir. Las acciones de los representantes ciudadanos deberían ser ejemplarizantes, no dar muestras de que las acciones se pueden hacer mal y salir adelante sin problemas, arreglándolo en el futuro.