Juan Losa
“Cantos al mar, a los ríos, a las flores domésticas, a los sepulcros, al viento y a la lluvia. Cantos al recuerdo escondido, al dolor, a los sueños ocultos, al alma de su tierra”. Así describía la periodista Luisa Carnés, allá por el 45, la obra y la vida de otra ilustre: Rosalía de Castro. Provista de una prosa frondosa, la narradora invisible de la Generación del 27 echa mano de talento para armar, en pleno exilio, una biografía cómplice como pocas, atenta al detalle y a la magia de ese paisaje gallego que vio nacer a la gran poeta.
Detalle de la portada de ‘Rosalía’, ilustrada por Aitana Carrasco
De una humilde casa en Padrón a ese Madrid convulso de Isabel II, la vida de Rosalía de Castro no fue fácil en la adustez castellana, mantuvo siempre su añorada tierra gallega en la retina y de esa melancolía fue impregnando sus versos. “Carnés sabe ver la esencia de la mujer libre, altruista y luchadora que fue Rosalía”, escribe María Xesús Lama, experta rosaliana y responsable del prólogo de esta bella edición ilustrada por la artista valenciana Aitana Carrasco.

Chus Lama: “Carnés sabe ver la esencia de la mujer libre, altruista y luchadora que fue Rosalía” .

Carnés pone el foco en la intimidad de sus versos, en esa capacidad de Rosalía para no necesitar de grandes epicidades a la hora de invocar la belleza de la palabra escrita. “El llamado localismo rosaliano es la raíz más honda de la universalidad poética de la autora […] Las emociones poéticas que laten en los versos de la poeta, tan limitadas al espacio breve de la aldea, de su pequeño ámbito pueblerino, son las emociones de toda la España sufrida, de todo el universo dolorido”, escribía la autora de Tea Rooms. Mujeres obreras (1934, Hoja de Lata, 2016).
Presagiaba Carnés en su tumultuoso exilio mexicano un generoso reconocimiento para con la gallega. Uno que atendía a la necesidad de reivindicar su “lenguaje popular, sencillo, lleno de pureza y casticismo localista”, el mismo que cambiará la mirada de muchas generaciones venideras y que les “arrancará las gafas del diablo”, esas que todo lo “embellecen con falsos colores”, abundaba la periodista. Y lo cierto es que, si bien en un principio el legado de la gallega no corrió la mejor de las suertes, el tiempo terminó por darle la razón.
“Su obra supuso un grito de libertad y un intento por acabar con el tópico de amor romántico” “La recepción primigenia fue un tanto manipulada y encorsetada, pero con el tiempo se ha ido poniendo en valor su progresismo, su lucha por el sufragio universal, su concepción de una España plural y su apoyo a la República”, apunta Lama al otro lado del teléfono. Una obra que, en palabras de la experta, evidencia que Carnés “estaba muy bien informada y tuvo la osadía de apostar por una autora que en aquel momento era poco reconocida en la Historia de nuestra literatura”.

El protofeminismo de Rosalía 

Cuenta Lama que la poeta se alejó siempre de ese estereotipo de mujer recatada y sentimental, ese imaginario que enclaustra a la mujer en labores de crianza y culpas atávicas. Más bien al contrario: “Su obra supuso un grito de libertad, una deliberada denuncia de la situación de la mujer y un intento por acabar con el tópico de amor romántico”. Lean si no estas líneas de la gallega en las que carga contra la culpa: “Los remordimientos son la herencia de las mujeres débiles.
Ellos corroen su existencia con el recuerdo de unos placeres que hoy compraron a costa de su felicidad y que mañana pesarán sobre su alma como soplo candente”. Rosalía (Hoja de Lata, 2018) es, en ese sentido, el legado de dos avanzadas a su época. La mirada aguda y la pluma afilada de Carnés frente a la poesía lúcida, descarnada y libre de Rosalía.
El periodismo autodidacta y militante de la madrileña frente a ese localismo universal de la gallega. Dos voces más que necesarias en tiempos cipotudos.

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