Comienzo por la conclusión, así me evito a hacer perder el tiempo a quien tanto lo requiera: yo también espero ver a Felipe González y a los responsables de los GAL sentados en un banquillo.

De la película de Itziar Bollaín destacan las interpretaciones de Blanca Portillo y Luis Tosar, pero también un lujo contar en la plantilla con Maria Cerezuela o Urko Olazabal. El relato basado en la historia real de Maixabel Lasa, de voluntad sanadora, tiene la voluntad reflexiva entorno al perdón, el arrepentimiento… En estos puntos han coincidido todas las cabeceras culturales, pero es necesario distinguir taxativamente el perdón del arrepentimiento.

El perdón se ha convertido en una impostura convencional, en una necesidad intrínseca de una sociedad herida por un pasado que necesita ocultarse tras un tupido velo. El perdón no implica necesariamente el arrepentimiento.

«El arrepentimiento no es virtud porque no sale de la razón. El hombre que se arrepiente es doblemente miserable», escribió Baruch Spinoza, queriendo expresar que el arrepentimiento no pasa de soslayo sobre la posición del otro y que no permite la restauración de culpa.

En definitiva, el perdón puede terminar con la misiva del violador de ‘La Manada’ en busca y captura de beneficios penitenciarios.

La historia de Maixabel Lasa presenta la voluntad del fin de una etapa, pero en la película, carente de contexto, este se vuelve, como siempre, unidireccional. «Hubo cosas en el pasado que no tuvieron que haber sucedido nunca», afirmaba la propia Maixabel en una entrevista, pero se sigue soterrano la segunda parte de su punto de vista: «No me refiero solo a la violencia de ETA. También me refiero a otras violencias y a otros terrorismos que hemos vivido en este país. Esas víctimas también están ahí y el saber la verdad es importante», subrayaba.

«Al igual que la parte de ETA o la izquierda abertzale, el PSOE tendrá que reconocer todo lo que hizo mal en esa época oscura de nuestro país. Los dirigentes tendrán que decir algo», achacaba. «¿Es tan difícil decir que no tuvo que haber sucedido? ¿es tan difícil contar la verdad?», se cuestionaba para concluir.

Hace poco más de un año, en junio de 2020, la CIA desclasificaba documentos que ya eran secretos a voces. Estas apuntaban a que sus investigaciones sobre el grupo terrorista GAL confirmaban, incluso, que el presidente socialista Felipe González dio su conformidad para crearlo en los años 80, informaba La Razón. «Felipe González ha acordado la creación de un grupo de mercenarios para combatir fuera de la ley a terroristas», indicaba uno de los escritos de los servicios secretos americanos.

La CIA destacaba en aquella época que el Gobierno español actuaba «determinado a adoptar una estrategia poco ortodoxa en relación con ETA».

Document CIA Gonzalez GALEn otro de los documentos citados por el diario se recoge que no es la primera vez que el Estado español combatía a ETA desde la ilegalidad.

Con esta letanía informativa no pretendo justificar los actos terroristas de ETA, desde luego, pero con una trama donde se bifurcan diversos entramados una de las claves la daba el mismo Tosar en una entrevista para El País: «De alguna forma me siento afortunado de nacer donde nací, quién sabe si pudiera haber sido un Ibon si hubiera crecido en otro lado y tal como me iba a mí entonces la cabeza”.

Después de tantos años sufragando la mantilla del perdón, normalmente para mantener la figura del terrorismo con fines electoralistas, si de verdad lo que se busca es el arrepentimiento este no puede venir sin la extirpación total.

1 Comentario

  1. Más de lo mismo Ricard Jiménez, ni ETA fue lo que dice que fue (un MVLN) y aunque lo fuese nada le exime del control social que realizó sobre todo hijo de vecino en Euskadi o Euskal Herria desde finales de los años 70 del siglo pasado hasta bien entrado el siglo XXI, ni un Estado de Derecho puede dedicarse a financiar pistoleros sin que las leyes aboquen a prisión a los responsables.
    Arrepentimiento y perdón son dos virtudes igual de difíciles de verificar en los individuos que dicen poseerlas y tan perversos es justificar los Gal et alias como seguir alentando y jadeando a pistoleros que mataron porque alguien lo decidió por ellos.
    Yo también creo y deseo que el señor X y su pandilla deberían sentarse ante los jueces y tampoco creo a tanto arrepentido aunque si se integra socialmente nada que objetar.
    Cuesta creer que quien perdió juventud y madurez en beneficio de una causa patriótica pueda renunciar al relato que justifica sus actos porque hay que ser muy entero, muy valiente y sufrir emocionalmente mucho para aceptarlo.
    Por supuestos los señores del GAL apelarán a «razones de seguridad del Estado» (?) qué les justifiquen aunque quiénes vivimos aquella época y en aquel país no les perdonarnos mi a unos ni a otros.

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