Héctor de Prado
Ambientólogo y responsable del área de clima y energía de Amigos de la Tierra


En Bélgica está sucediendo algo único es su historia: miles de estudiantes de secundaria y bachillerato se manifiestan en las calles de Bruselas cada jueves para reclamar acciones efectivas para paliar el cambio climático.

Este movimiento de niños y adolescentes, inspirados por una joven sueca, y alimentado por las redes sociales, ha logrado movilizaciones de más de 35.000 estudiantes, obligando así a la clase dirigente del país a rehacer su actual agenda política.

La bola de nieve a empezado a rodar, y ya se han sumado estudiantes de más de 50 ciudades en Alemania, y Suiza. En breve, se sumará el Reino Unido. Ojalá siga creciendo exponencialmente como hasta ahora y la bola llegue a España. Alianza por el Clima y otras plataformas de la sociedad civil que abogan por la acción climática deberían servir como catalizadoras para este propósito.

Lo que está sucediendo es que niños y niñas y adolescentes se están empezando a dar cuenta de que les estamos robando el futuro. Según la ciencia, no les falta razón: nos quedan entre 10 y 12 años para poner freno al cambio climático, o de lo contrario, nos veremos perjudicados de formas que ni somos capaces de imaginar a día de hoy. Este en un momento de urgencia planetaria, y probablemente es el peor de nuestra historia.

Y a pesar de esto, todavía hay quien dice cosas como que este invierno está siendo mucho más frío que el anterior. Que si realmente existiera el calentamiento global, aquí ya estaríamos comiendo las uvas de Fin de Año en Sol o en la Avenida de María Cristina en chanclas y bermudas. Este tipo de comentarios no se basan miles de documentos académicos contrastados, se basan en opiniones meramente subjetivas y no deben ser tomados en consideración.

Y es que aunque algunos no quieran verlo, la realidad es mucho más cruda: estamos echando a perder el futuro a todos y todas, grandes y pequeños. Un mundo sin arrecifes de coral, sin campos donde cultivar cereales, y con poblaciones, sino países enteros, expuestos a inundaciones y olas de frío y de calor cada vez más frecuentes, será un mundo impracticable para nuestra especie tal y como la conocemos.

Y por añadidura, las comunidades y colectivos que se verán más afectadas por los peores impactos en primera instancia, serán las que menos hayan contribuido históricamente al desarrollo del problema.

La ciencia del clima indica que una diferencia de solo medio grado de temperatura es crucial, y que tendrá consecuencias devastadoras para La Tierra. Cada vez es más apremiante limitar el aumento de la temperatura global a un máximo de 1,5 grados centígrados, y la solución pasa por transitar hacia un mundo libre de combustibles fósiles y de falsas soluciones.

Para neutralizar la situación actual vamos a necesitar fundamentalmente dos cosas: reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero e incrementar los sumideros de carbono del Planeta. Es posible, pero requiere un esfuerzo de coordinación a escala global sin precedentes. Eso es lo que piden nuestros jóvenes, acción política para atajar el descalabro climático.

A día de hoy existen muchas personas y colectivos que con esa visión global, y trabajan desde lo local para promover soluciones:

–          Resisten los proyectos de energía sucia, ganadería intensiva, y otros atropellos en su territorio;

–          Impiden la influencia negativa que ejercen los lobbies corporativos de los sectores más contaminantes en el mundo de la política;

–          Disminuyen el flujo de pérdidas de los actuales sistemas de energía y alimentación usando canales cortos y de cercanía;

–          Apuestan por el acceso equitativo a los recursos y promueven la participación ciudadana de abajo a arriba en los procesos de toma de decisión;

  •          No guardan sus ahorros en bancos o iniciativas privadas que invierten en proyectos dañinos para el medio ambiente o con grave impacto social.

Aunque debido a varios motivos pueda parecer lo contrario, la ciudadanía somos actores primordiales en este rompecabezas. Y si, como los adolescentes belgas, alemanes y suizos, logramos canalizar nuestra frustración tomando de nuevo las calles, conseguiremos dar el empujoncito final para que necesitan nuestros gobiernos para ponerse manos a la obra.

El tiempo corre en nuestra contra, pero las buenas noticias es que cada vez somos un movimiento más grande y diverso de personas de todas las edades con el fin común de conseguir un mundo más solidario y en armonía con la naturaleza. ¿Te sumas?

¡Change the system, not the climate!

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