Desde que el mosquito anófeles, el transmisor de la malaria, hizo su primera aparición en un trozo de ámbar de hace más de treinta millones de años, quizá no haya habido otra enfermedad que haya dejado más huella en la historia de la humanidad, ya que es la responsable de la muerte deaproximadamente la mitad de la población que ha habitado el planeta.

Según  La Salud en la Cooperación al Desarrollo y la Acción Humanitaria 2018,  hoy la malaria o paludismo sigue siendo un problema global, y algunos de los grandes avances conseguidos, como es la reducción de su tasa de incidencia de 73 a 63 casos por cada 1.000 habitantes en riesgo, se están ralentizando en los últimos años. De hecho, menos de la mitad de los países que sufren la transmisión de la enfermedad están en el camino de conseguir los objetivos prioritarios para reducir las muertes y la morbilidad causada por esta enfermedad. Las cifras varían poco en los últimos años. En 2017 se alcanzaron los 216 millones de enfermos, 5 millones más que en 2016, y la mortalidad derivada de esta enfermedad estuvo en 435.000 personas, cifras prácticamente iguales a las de 2015. El 90% de las personas enfermas y de las muertes por malaria se producen en el África subsahariana. De hecho, 15 países, 14 en áfrica y uno en Asia – India – registran el 80% de la carga mundial de esta enfermedad.

La baja inversión es uno de los factores que explicarían el hecho de que solamente el 54% de las personas en África subsahariana en riesgo de contraer malaria duerman bajo mosquiteras

Causas del estancamiento

Si bien las causas de este estancamiento, que pone en serio peligro cumplir con los objetivos propuestos por la OMS en su “Estrategia técnica global contra la malaria 2016-2030, son atribuibles a diferentes factores, una vez más destaca el incumplimiento de los países a la hora de aportar los fondos comprometidos para prevenir, tratar y diagnosticar esta enfermedad.  El objetivo establecido para 2020 es alcanzar los 6.500 millones de dólares de inversión. Si tenemos en cuenta que en 2016 se destinaron 2.700 millones de dólares, parece poco probable que se alcance el objetivo de inversión fijado y, por consiguiente, se avance en la reducción de la enfermedad. La baja inversión es uno de los factores que explicarían el hecho de que solamente el 54% de las personas en África subsahariana en riesgo de contraer malaria duerman bajo mosquiteras, una de las medidas preventivas más eficaces junto con la inversión en mejorar y fortalecer los sistemas sanitarios.

Los insecticidas que se usan para tratar las mosquiteras empiezan a ser ineficaces, ya que la capacidad de adaptación del parásito a los tratamientos es muy alta: ha desarrollado resistencia al insecticida usado en la grandísima mayoría de mosquiteras, lo que pone en peligro la efectividad de esta profilaxis. Dicho de otro modo, los insecticidas actuales (piretroides) están perdiendo efectividad.

El cambio climático y la deforestación inducida por el hombre en el entorno natural pueden tener un poderoso impacto en los casos de malaria. El aumento de agua estancada, el calentamiento global y la luz solar es muy favorable a la proliferación de estos mosquitos, según un estudio de la revista AIMS Environmental Science.

Casos preocupantes: rebrote en Venezuela

Venezuela fue el primer país certificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por haber erradicado la malaria en la mayor parte del territorio. Transcurridos 70 años, se vive un retroceso terrible con una ‘mancha’ que se extiende por la mayor parte del territorio, pues los expertos confirman que la cifra de nuevos casos asciende a un millón de personas. La razón está bien clara: la decadencia del sistema sanitario y su enorme retroceso. Desde 2012, el programa de malaria de vigilancia, diagnóstico y control se ha desmantelado y abandonado paulatinamente como resultado de la crisis económica y política que sufre el país.

Otro caso como el ciclón Idai, el que puede ser el mayor desastre meteorológico sufrido por el Hemisferio Sur hasta la fecha, y será catastrófico para la Malaria en Mozambique, Zimbabue y Malawi. El aumento de enfermedades derivadas de un ciclón de esa magnitud no se sabe todavía qué consecuencias puede acarrear con respecto a las enfermedades trasmitidas de alguna manera por el agua. Pero las previsiones apuntan a un grave aumento de casos de malaria. Especial preocupación se cierne ya sobre Mozambique donde la malaria es endémica. El agua estancada de las inundaciones será el lugar idóneo para que se reproduzca el mosquito anófeles, y demás que la trasmiten. Miles de supervivientes están expuestos a ella conforme baje el nivel de las aguas y queden las aguas contaminadas y estancadas. Desde medicusmundi estamos proporcionando kits con productos básicos de higiene y alimentación para la población afectada en Sofala, Mozambique. En una segunda fase, colaboraremos con las autoridades del país en la reconstrucción y equipamiento de los centros de salud de Beira, que han quedado muy dañados con el paso del ciclón.

Venezuela fue el primer país certificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por haber erradicado la malaria en la mayor parte del territorio.

Casos de éxito

A pesar de todo, la malaria va en retroceso en América Latina. Paraguay ha sido reconocido oficialmente en junio de 2018 por la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO) como País libre de malaria tras pasar siete años sin un caso autóctono y poder hacer frente a la enfermedad en caso de nuevo brote.

Nos tenemos que remontar a 1973 para encontrar el anterior en conseguir este título. Fue Cuba. Argentina está en camino de certificar la eliminación de la enfermedad en este 2019 y Belice, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México y Surinam tienen el potencial de alcanzar la eliminación para 2020.  Son países que apuestan por la estrategia aprobada por La Asamblea Mundial de la Salud, la Estrategia Mundial contra la Malaria 2016-2030, en la que se definen ambiciosos objetivos destinados a reducir drásticamente la carga mundial de paludismo a lo largo de esos 15 años, así como una serie de metas intermedias que permiten seguir los progresos realizados. Una meta fundamental para 2020 es la eliminación del paludismo en un mínimo de 10 países en los que la enfermedad estaba presente en 2015. Para alcanzarla, los países tendrán que notificar cero casos autóctonos en 2020. Y es el caso de los países americanos arriba mencionados. No nos olvidemos que en América se registraron 773.328 muertes por malaria en 2017.

Desde medicusmundi sabemos que ninguna actividad individual va solucionar la malaria: ni mosquiteras, ni posibles vacunas, ni diagnósticos, ni tratamientos. Debe haber una estructura integral que cubra todos los aspectos, incluso los sociales: la idea no es poner cerca de la población los recursos, sino que los utilicen, y para ello, debe haber una aceptación sociocultural hacia las medidas. Para ello es importante la participación de la población desde que se empiezan a implementar las medidas.

Debe haber sistemas sanitarios públicos fuertes, si queremos que medidas específicas contra cualquier enfermedad (incluida la malaria) sean efectivas. La gente debe confiar y aceptar el sistema sanitario

Hay medidas que van más allá del sistema sanitario. Los determinantes sociales y comerciales de la salud han de tenerse en cuenta. Ejemplos: Pobreza y malaria, pero también si se hace un pantano se puede cambiar el reservorio de los mosquitos en la zona, y donde antes había malaria dejar de haber y a la inversa.

Desde el año 2000 se han hecho grandes progresos para salvar más de siete millones de vidas, pero este progreso está estancado. 2019 es un año crítico para la lucha contra la malaria. Es el año que necesitamos para garantizar que el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, que financia más de la mitad de todas las actividades relacionadas con el paludismo, esté plenamente financiado. Muchas organizaciones, iniciativas en todo el mundo están trabajando para acabar con esta enfermedad. Únete a nosotros para llevar el mensaje. Porque queremos un mundo libre de malaria.

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