Mejor que la aprobación de las masas,

la indignación de un solo hombre honesto.

Sima Qian (historiador chino, 145-90 a.C)

Por Javier Cortines

    En China no es ningún secreto (entre la gente culta y altos cargos del Partido Comunista Chino (PCch), que el presidente Mao (1893-1976), quien fue deificado en vida, copulaba “siendo ya un viejo verde” con muchachas jóvenes, siguiendo las recomendaciones del Libro de Medicina del Emperador Amarillo (1), personaje mitológico de quien se dice “que alcanzó la inmortalidad yaciendo con mil concubinas”.

    Debo subrayar que la mayoría de las chicas (bailarinas del Ejército, campesinas, enfermeras, jóvenes que deseaban escalar socialmente, militantes o simpatizantes del PCch o “adoradoras de Mao”) que se acostaban con el “Emperador Rojo”, que implantó una nueva religión cuyo culto era su persona, lo hacían con “la creencia” de que habían sido elegidas por el Cielo para “ser santificadas” por un semidiós.

    La izquierda gregaria, que no acaba de creerse que en China ha desaparecido el comunismo (que ha sido sustituido por un brutal capitalismo de Estado) sigue viviendo en la inopia y sigue considerando tabú el tema de Mao. No para mí -que he vivido diez años en el gigante asiático- y no acepto ningún dogma que suprima “la libertad de pensamiento” y el análisis de lo que Nietzsche denomina “la historia crítica” (2) que es aquella que condena y juzga el pasado con el propósito de “poner cada cosa en su lugar”.

    Li Zhisui, médico del Gran Timonel entre 1954 y 1976, año en el que murió “el Padre de la Nueva China”, señala en su libro “La vida privada del presidente Mao (3), que su enfermera jefa, Wu Xujun, sus guardaespaldas y numerosos aduladores se encargaban de “recolectar chicas atractivas” que complacieran al “master and commmander”. Esos encuentros sexuales se preparaban con antelación por lo que previamente “el Emperador” ingería, entre otras medicinas, potentes afrodisíacos.

    El doctor Li Zhisui (1919-1995) afirma que Mao abandonó bastante la higiene en los últimos años de su vida y que, entre otras cosas, dejó de lavarse la boca. Al parecer, sólo se enjugaba los dientes con té. Esa dejadez hizo que “a veces le saliera pus” por las encías, agrega el biógrafo (4).

   “Tras los muros de Zhongnanhai (especie de Ciudad Prohibida donde vivía Mao con sus enfermeras y su guardia pretoriana – y que este escriba ha visitado-), el presidente se rodeaba de jóvenes atractivas. En uno de los pabellones había un salón de baile (la danza estaba prohibida por ser una costumbre burguesa) que comunicaba con un dormitorio. Allí retozaba el presidente con las chicas”, subraya Li Zhisui en “The private life of chairman Mao” 

    Su médico añade que “se sentía feliz y satisfecho cuando tenía varias muchachas compartiendo la cama simultáneamente” (…) y que “sus guardaespaldas le daban masajes en el cuerpo, incluyendo sus partes íntimas” para que le fluyera la sangre y el “chi” (la energía sutil) a los órganos genitales y lograr, su cada vez más difíciles, “erecciones”.  

    (Según los voceros del Gran Timonel, “el pueblo quería que Mao viviera 10.000 años”, edad fabulosa que sólo podía alcanzar El Emperador de Jade, el dios del sincrético paraíso chino donde convivían Buda, Confucio, Lao Tsé, el Rey de los monos (Sun Wukong), la diosa de la misericordia, etc.

     Casi nadie se atrevía a cuestionar “el comportamiento de Mao” convertido en “el referente” del socialismo en los años 60’ y 70’, consideradas décadas prodigiosas del Gran Timonel en España, Francia, etc., por amplios sectores de la juventud progresista, filósofos, políticos e intelectuales de izquierdas. Entre los que tuvieron el coraje de “disentir” destaca Peng Dehuai (1898-1974), Mariscal de la República Popular China, ministro Defensa entre 1954 y 1959 y Teniente General del Ejército Nacional Revolucionario.

     Peng Dehuai, conocido como el Gran General Peng, dijo que Mao (lo que se propagó por amplios círculos del Partido Comunista) había llegado a rodearse de un harem de mujeres jóvenes y que estaba actuando a la antigua, es decir: compartía su lecho «con una amplia colección de concubinas imperiales”.

    El general fue defenestrado, perdió todos sus cargos y falleció arrinconado en 1974. La vida del Gran Timonel fue descrita con una exactitud espeluznante por el escritor belga Simon Leys en su libro “El nuevo traje del presidente Mao, crónica de la Revolución Cultural” (5). Ese trabajo fue confeccionado, principalmente, con artículos de prensa de China continental, es decir, periódicos del régimen. Su labor le llevó décadas.

    “Mao nunca dejó, en ninguna circunstancia, que nadie expresara impunemente, de la forma que fuera, la más mínima crítica hacia su persona o su política. Los escasos individuos que, sobre la base de su pasado revolucionario, o movidos por su honradez intelectual, se atrevieron infringir este tabú, sufrieron un destino trágico”, subraya Simon Leys (6), cuya obra fue rechazada por la intelectualidad zurda “cuando Mao era un dios”.

-1- El Emperador Amarillo (2717-2599) también conocido en Occidente por su nombre chino Huangdi, es una de las figuras más importantes de la mitología china. Reinó, según la tradición, desde el año 2698 al 2599 a.d.C. El Libro de Medicina del Emperador Amarillo, que he tenido la oportunidad de leer íntegramente, da instrucciones precisas a los ancianos para que alcancen “la inmortalidad” (la longevidad) a través de relaciones sexuales con muchachas jóvenes.

-2- Nietzsche habla de la Historia Crítica en su ensayo “Las Tres Caras de Clío”. Consideraciones intempestivas (1873-1875). Segundo fragmento “De la utilidad y los inconvenientes de los estudios históricos para la vida”.

-3- “La vida privada del presidente Mao” (Ed. Planeta, 1995). “The private life of chairman Mao” (E. Arrow, 1996). La obra se puede adquirir en Amazon.

-4- Sobre la higiene de Mao y sus relaciones sexuales han escrito los periódicos más prestigiosos del mundo, tanto occidentales como orientales. Entre otros investigadores, el periodista David W. Chen da detalles al respecto en un artículo publicado, el 15 de febrero de 1995, en el diario “The New York Times”; Derek Davies, el 17 de febrero de 1995 (año en el que fallece el doctor Li Zhisui) en el “The Independent” y Jonathan Mirsky en “The New York Review”. Asimismo, la prestigiosa Enciclopedia Británica da fe de los testimonios “sobre los excesos” del Emperador “comunista”.

-5- Leys, Simon, “El nuevo traje del presidente Mao, crónica de la revolución cultural” (Ediciones Salmón, Madrid, 2017)).

-6- Ibídem pág. 324.