Por Javier Díaz Ortiz

Hace pocas horas el Consejo de Europa anunciaba la elección de la catedrática de Filosofía del Derecho, María Elósegui Itxaso, como nueva jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en representación de España. Ha sido una decisión quizá sorprendente, teniendo en cuenta que entre sus competidores estaba el ex presidente del Tribunal Constitucional, y favorito del Gobierno popular por su simpatía, Francisco Pérez de Cobos, al que se le conoce una militancia muy activa en el Partido Popular, al menos entre los años 2008 y 2013. Ahora bien, Elósegui pareció no desaprovechar esta descomunal mácula en el expediente de su principal rival, e hizo lo propio tratando de presentarse como una candidata imparcial frente a la filiación conocida de Pérez de Cobos. De una u otra manera, el proceso de elección se ha saldado con el nombramiento de la catedrática como nueva jueza del TEDH, lo cual, y pese a tener en cuenta el historial de su principal rival, no puede ser tomado ni de lejos como una buena noticia.

El nombramiento de esta catedrática de la Universidad de Zaragoza, que en ningún momento ha sido jueza, podría haber pasado como algo desapercibido, casi rutinario. Pero aunque Elósegui trató de pasar de puntillas hacia Estrasburgo, son muchas las declaraciones vejatorias las que ha pronunciado y que ahora salen a la luz. Y es que, pese a ser considerada en gran parte del mundo académico y jurídico como una defensora de los Derechos Humanos y la diversidad cultural, la realidad es que María Elósegui se ha envuelto orgullosamente en declaraciones humillantes y vejatorias hacia las personas LGTBI+, además de mostrarse contraria al aborto con argumentos que no se sostienen más que en una opinión zafia y sin fundamento. Así, la nueva jueza del que se presupone como máximo garante de los Derechos Humanos en Europa llegó a afirmar en una entrevista que todas aquellas personas no heterosexuales sufren una especia de patología como consecuencia de una conducta insana y desequilibrada.

“Quienes construyan y realicen su comportamiento sexual de acuerdo a su sexo biológico desarrollarán una conducta equilibrada y sana, y quienes se empeñen en ir contra su biología desarrollarán distintas patologías”– M. Elósegui

Las declaraciones homofóbicas vertidas por la añeja lengua de esta persona son interminables, destacando, entre las más bochornosas, la siguiente cita: “Agitación en los contactos, soledad, celos, depresiones neuróticas, y , proporcionalmente, un elevado número de suicidios (por no mencionar las enfermedades venéreas y otras enfermedades somáticas) representan la otra cara de la moneda, que los medios de comunicación no muestran’. Es conocida la vivencia de la homosexualidad como sufrimiento y el hecho de que la conducta homosexual supone una menor relación personal y una mayor dependencia del sexo dada la tendencia a obtener una gratificación sexual inmediata: la consecuencia es que el número de compañeros sexuales se multiplica y que el intento de presentar a una pareja homosexual como el equivalente a un matrimonio feliz no pasa de ser una pretensión sencillamente imposible”.

Pero no contenta con eso, esta gran “pensadora” de nuestro tiempo ha llegado a afirmar que las personas intersexuales son producto de un “error o disfunción genéticos que llevan a una malformación de la masculinidad o la feminidad”. Y además, aconseja terapia psicológica y psiquiátrica para aquellas personas que “sufren el síndrome transexual” que se trata, según palabras textuales de Elósegui de “una enfermedad, una patología, un sufrimiento, y una tragedia.” Tacha la transexualidad como una patología mental que debe ser tratada mediante terapia a fin de someter el género al sexo cromosómico.

Se podría seguir comentando eternamente las vejaciones e infamias vertidas por esta mente privilegiada, profundizando en un pensamiento necio que recoge una postura totalmente contraria a los Derechos Humanos; triste e irónicamente algo nada nuevo para el TEDH. No obstante lo anterior, debemos en este punto adoptar una posición compresiva y magnánima con las declaraciones de la nueva estrella del TEDH. Según ella, no es fácil ser homosexual, transexual o intersexual; pero tampoco es fácil ser María Elósegui. Tiene que ser muy duro vivir en 2018 cuando tu mente se niega a pasar de 1326. Además, sería injusto criticar las opiniones de esta persona, por muchas nauseas que causen, sin conocer las posibles patologías mentales que sufre, y que en este caso sí podrían ser tratadas en terapia, como son el odio, la ignorancia y cierta arrogancia (puestos a inventar patologías mentales, no será ella la única). Tampoco conocemos la existencia de un posible traumatismo craneal en momentos previos a estas declaraciones. Además, tampoco debemos ser alarmistas, es solo una opinión personal, no es como si  su criterio fuera decisivo en instituciones para la defensa de los Derechos Humanos, tan solo es jueza del TEDH. En definitiva, y por hacer un alto en la ironía de la conclusión, conviene exigir, que no solicitar, una vez más, su inmediata dimisión del cargo y sus disculpas públicas a todas las personas ofendidas. Si su mensaje es el odio, nuestra respuesta será la lucha.

 

 

 

Deja un comentario