La norteña provincia argentina de La Rioja se prepara para la beatificación el próximo 27 de abril del obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, mártires asesinados por la última dictadura argentina (1976-1983).

“Es un acontecimiento que trasciende nuestra provincia. Tiene una dimensión nacional importante y también latinoamericana. Es una gracia para toda la Iglesia”, dijo este miércoles en rueda de prensa el obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida.

La misa de beatificación se celebrará en la capital provincial el 27 de abril, presidida por el enviado del Papa Francisco, el cardenal Giovanni Ángelo Becciu, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.

Un día después, en la sede de la Iglesia Argentina en Roma se celebrará una misa de acción de gracias con la presencia de los obispos argentinos que para entonces se encontrarán realizando la visita “ad limina” al Vaticano.

En junio pasado Francisco autorizó la publicación del decreto que “reconoce el martirio en odio de la fe” padecido por Angelelli, Murias, Longueville y Pedernera.

“Fueron cuatro hermanos que dieron la vida como testigos de la fe en Jesucristo”, resaltó este miércoles Braida al dar detalles en La Rioja de la ceremonia que acogerá esa ciudad.

Angelelli, que formó parte de un grupo de obispos que denunció las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura, murió el 4 de agosto de 1976 tras volcar la camioneta que conducía por una carretera de La Rioja.

En el momento de su muerte, Angelelli, que tenía 53 años, llevaba consigo un informe con las pesquisas que había realizado sobre el asesinato de Murias y Longueville -nacido en Francia- a manos de militares.

El régimen militar trató de hacer creer que la muerte del obispo se debió a las lesiones sufridas en el presunto accidente automovilístico cerca de la localidad riojana de Punta de los Llanos, pero luego la Justicia probó que había sido encerrado por otro auto y que el prelado murió de un golpe con un elemento contundente en la nuca.

Murias y Longueville habían sido secuestrados, torturados y fusilados el 18 de julio de 1976 en Chamical, mientras que el laico Pedernera fue asesinado en el también distrito riojano de Chilecito, una semana después.

“El martirio de estos cuatro hermanos fue un acontecimiento que inicialmente produjo mucha tristeza y desazón, pero cuando se va viendo el motivo por el cual ellos vivían, el compromiso con la realidad de su tiempo y cómo asumieron esta causa por la fe hasta dar la vida, se descubre que esa vida tiene un sentido”, dijo Braida.

El obispo señaló que la Iglesia reconoce en ellos “a personas que son testimonio y ejemplo”.

“Por eso la beatificación es un acontecimiento de alegría, de gozo, porque celebramos el triunfo del amor y de la vida en estos cuatro hermanos”, afirmó.

El portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina, Máximo Jurcinovic, sostuvo que la beatificación “es un acontecimiento que renueva y fortalece a toda la Iglesia argentina”.

En julio de 2014, un tribunal condenó a prisión perpetua al exgeneral Luciano Benjamín Menéndez y al excomodoro Luis Fernando Estrella por el asesinato de Angelelli.

La Justicia estableció que Angelelli fue asesinado porque estaba tras las pistas de los homicidios de Murias y Longueville, crímenes por los que en diciembre de 2012 fueron condenados a prisión perpetua Menéndez, Estrella y el policía Domingo Benito.

Unas de las pruebas clave presentadas ente la Justicia fueron aportadas por Jorge Mario Bergoglio: una carta y un informe sobre los asesinatos de los sacerdotes que habían sido enviados al Vaticano por Angelelli.

En ella, el prelado denunciaba que “permanentemente” sacerdotes y religiosos eran “humillados, requisados y allanados por la Policía con orden del Ejército”.

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