Cristina Antoñanzas
Vicesecretaria General de UGT


El 8 de marzo de 2019,  ¡en el que se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer, pasará a la historia como el día en que millones de personas, sobre todo mujeres, invadimos las calles para reivindicar que somos más de la mitad de la población y no estamos dispuestas a tolerar que nos sigan coartando derechos y libertades, pero sobre todo, que nos sigan tratando de forma diferente y negando las mismas oportunidades en el mercado laboral, en la política, en la ciencia, en la sociedad y en el ámbito doméstico.

En España, muchísimas mujeres (y hombres) de todas las edades,  dijimos una vez más “basta ya”. No queremos seguir siendo discriminadas, asesinadas, violadas, maltratadas o ninguneadas. Queremos que se nos trate igual que a los hombres y se nos den las mismas oportunidades a la hora de acceder a cualquier empleo u ocupación. Porque la realidad es «tozuda» y todavía en nuestro país, las mujeres somos las que lideramos las tasas de precariedad laboral y de desempleo; las que abandonamos el empleo, de forma temporal o definitiva, para cuidar de la familia; las que en muchos casos, ni siquiera accedemos a un empleo remunerado, precisamente por seguir asumiendo casi en solitario, el trabajo de cuidados que no se reconoce y mucho menos se valora; las que somos objeto de maltrato  o incluso asesinadas.

En palabras de la científica Mari Ángeles Durán, el trabajo que no se valora, no se cuantifica y por tanto no tiene reflejo en la Economía de un país. Ella ha calculado que si este trabajo se cuantificara económicamente, el PIB de España se incrementaría en torno a un 55%. Las mujeres a lo largo de la historia han regalado su trabajo y su tiempo, y es precisamente esa cuestión la que subyace en la infravaloración de los empleos realizados mayoritariamente por las mujeres, y en la degradación económica  y social de las actividades económicas a las que las mujeres han accedido de forma mayoritaria.

Respecto a la primera, nos encontramos con actividades laborales como las cuidadoras en guarderías o centros de mayores, auxiliares o empleadas domésticas, que son las que tienen los salarios más bajos. En las segundas tenemos profesiones como la abogacía, el periodismo, la medicina, la psicología, la publicidad, etc. Profesiones para las que se requiere una alta cualificación y que contaban con un gran prestigio social y por las que se percibía una alta remuneración, y que hoy en día, que las mujeres son mayoritarias en estas profesiones, los salarios se han reducido de manera abrumadora,  y la precariedad laboral (contratos temporales, a tiempo parcial, brecha salarial, etc.) está muy presente.

Todo ello ha contribuido a este 8 de marzo más de seis millones de trabajadoras y trabajadores secundaran la huelga general de dos horas como mínimo, convocadas por los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO, y por tanto valoramos estas movilizaciones como un éxito rotundo de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, y consideramos que las concentraciones y manifestaciones han sido la expresión rotunda de una voluntad de cambios en la sociedad española que interpela claramente a una clase política que lleva mucho tiempo haciendo oídos sordos, pero que no podrá seguir en esa actitud por mucho más tiempo. Los partidos están obligados a incluir en sus programas electorales un compromiso firme con la aprobación de medidas legislativas que pongan fin a la discriminación de las mujeres en el ámbito laboral, así como en otras esferas de la sociedad.

Por eso, desde UGT confiamos en que, tras un periodo político infructuoso y bastante estéril para la ciudadanía, seamos capaces de armar los consensos políticos necesarios para cerrar las brechas que diferencian a hombres y mujeres, y avanzar claramente hacia una sociedad más moderna,  justa, eficiente y equilibrada.

Vídeo Recomendado:

Deja un comentario