La epidemia de sarampión que está azotando la República Democrática del Congo ha causado más de 6.000 víctimas mortales, con los niños como el sector de la población más perjudicado.

A pesar de que la campaña de vacunación ha alcanzado a más de 18 millones de niños menores de 5 años, no es suficiente para contener la epidemia. Se necesitarían, según la OMS, 40 millones de dólares para financiar la asistencia médica y la extensión del plan de vacunación durante los próximos seis meses.

La falta de fondos está siendo un impedimento enorme para paliar el brote y pide a la comunidad internacional apoyo económico adicional.

Desde el inicio de 2019 este brote ha dejado unos 310.000 casos y se considera el peor de su tipo en el mundo.

Este brote no solo se ha visto agravado por los bajos niveles de vacunación, sino también por problemas como el difícil acceso a algunas zonas, la mala alimentación en muchos sectores de la población y la débil infraestructura sanitaria congoleña. Además, las creencias culturales y las prácticas tradicionales de atención médica suelen obstaculizar la vacunación de los niños.

La inseguridad también es un grave problema en las zonas donde operan grupos armados. Una de las zonas más afectadas por la inseguridad es el noreste del país, una región que, además, lleva peleando contra un brote de ébola desde agosto de 2018, un brote que se considera el segundo peor de la historia luego de la epidemia en África Occidental del 2014-2016.

Al menos 2.233 personas han muero de ébola desde que el brote fue identificado, casi un tercio de los que ha provocado el sarampión, si bien el ébola ha recibido mucha más atención internacional y mediática.

Como todos sabemos, el sarampión es una enfermedad de la infancia -altamente contagiosa y que puede llegar a ser letal- que causa importantes complicaciones respiratorias, especialmente en adultos jóvenes.