Durante los últimos 25 años el mundo ha logrado enormes avances en la lucha contra la pobreza extrema, si bien es cierto que todavía hay más de 700 millones de personas que viven con menos de 1,67 euros al día. Esto significa que aproximadamente 1 de cada 10 personas de todo el mundo es especialmente vulnerable a los problemas más urgentes: cambio climático, contaminación, fragilidad, conflicto, violencia y migración forzada.

En 1990 la pobreza extrema se cifraba en 1.958 millones de personas y ahora se ha reducido a los citados 700 millones. Pero no es suficiente, ya que no está claro que se pueda lograr el objetivo de eliminar la extrema pobreza para 2030. Desde que se creó el indicador, en 1990, las bolsas de extrema pobreza se han revertido: si hace 25 años la mitad de los pobres se concentraba en Asia, ahora están en el África Subsahariana.

Ayudar a los más pobres y vulnerables es la prioridad central de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo de financiamiento en condiciones concesionarias del Banco Mundial dirigido a los países más pobres. Desde su fundación en 1960, la AIF ha desempeñado un papel fundamental en la reducción de la pobreza en países de todo el mundo: ha proporcionado más de USD 360 000 millones en donaciones y préstamos con tasas de interés cercanas a cero para inversiones en 113 países. Tan solo en 2018, comprometió USD 24 000 millones en préstamos y donaciones.

Adaptación al cambio para enfocar la ayuda

La naturaleza cambiante de los desafíos que enfrentan los países de ingreso bajo, sumada a tendencias mundiales tales como el crecimiento de la economía digital, implica que la AIF debe modificar regularmente el enfoque que adopta para combatir la pobreza que cumplir con las metas colectivas de las partes interesadas y, más importante aún, con las necesidades de desarrollo de las personas y los países a los que brindan apoyo.

Las inversiones ambientales, por ejemplo, son cada vez más prioritarias. El cambio climático amenaza los sistemas agrícolas, la seguridad y los medios de subsistencia, y son los sectores más pobres y vulnerables los que se ven más afectados y cuentan con menos recursos para adaptarse. En consecuencia, y como parte de la estrategia del Grupo Banco Mundial sobre cambio climático, las inversiones de la AIF buscan impulsar las iniciativas de adaptación y resiliencia, y ayudar a los países a avanzar hacia economías con bajos niveles de emisión de carbono. Esto abarca la agricultura climáticamente inteligente, las ciudades sostenibles, la infraestructura resiliente y las soluciones basadas en la naturaleza, incluidas las medidas para combatir la contaminación.

Una segunda prioridad clave radica en abordar las situaciones de fragilidad, conflicto y violencia que a menudo pueden prolongar o exacerbar la pobreza. De hecho, estimamos que para 2030, el 50 % de los pobres de todo el mundo habitarán en zonas de fragilidad y conflicto a menos que actuemos para evitarlo.

Las inversiones de la AIF ayudan a impulsar la transformación económica creando las condiciones propicias para que el sector privado prospere y genere empleo. El Servicio de Financiamiento para el Sector Privado de la AIF proporciona USD 2500 millones para atraer financiamiento privado y reducir los riesgos de las inversiones en los mercados más complejos. El apoyo inicial de este mecanismo ha abarcado desde iniciativas que buscan ampliar el acceso de las pequeñas y medianas empresas al financiamiento en moneda local en Camboya hasta la modernización de plantas de procesamiento en Afganistán que ayudan a conectar miles de agricultores con los nuevos mercados.

Pero no es posible lograr la transformación económica sin la participación igualitaria de mujeres y hombres. Los proyectos de la AIF contribuyen a empoderar a las mujeres y las niñas a fin de que participen más plenamente en la economía; para esto, promueve la ampliación de la propiedad y el control de los activos y el acceso a los servicios financieros, busca el empoderamiento de la mujer a través de la tecnología, y brinda apoyo a mujeres empresarias. De esta forma podrían generarse billones de dólares en riqueza potencial para los países que más la necesitan.

¿Por qué 1,67 euros al día?

La cota de 1,67 euros al día la fija el Banco Mundial, que es la organización internacional que tiene el encargo de lidiar con la pobreza por parte de los países (prácticamente todos los del mundo) que integran la institución. Pero lo hace recolectando datos de diversas instituciones.

Por un lado, utiliza las encuestas nacionales de hogares en las que se describe el nivel de ingresos de los ciudadanos. Luego cruza estos datos con los que suministra un organismo independiente, el Programa para la Comparación Internacional (ICP), que tiene como base datos de 2011. Esta institución recoge las evoluciones de precios y de ingresos de un país en función de su PIB para hacer una estimación de lo que se denomina Paridad del Poder adquisitivo o Paridad de poder de compra (PPP en sus siglas en inglés).

 

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