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A pesar de los niveles sin precedentes de riqueza (para algunos) y crecimiento económico (también para algunos), y de los progresos realizados en el último decenio en la reducción de la pobreza en todo el mundo, ésta continúa estando generalizada y la de los trabajadores sólo se reduce lentamente.

El establecimiento o restablecimiento de garantías básicas de seguridad social se ha convertido en una cuestión de estabilidad social y política para la población de muchos países de ingresos altos y medios. Para los países de ingresos más bajos, la erradicación de la pobreza y la promoción del desarrollo sostenible a través de una seguridad básica del ingreso y del acceso a la atención de salud esencial son de vital importancia a día de hoy.

Según las estimaciones de la OIT, que este año cumple el centenario de su creación, sólo el 29 por ciento de la población mundial tiene acceso a sistemas de seguridad social plenos  y el 55 por ciento carecen de ámbitos de protección.

La cobertura de la seguridad social es específicamente inadecuada para el creciente número de personas que desempeñan formas atípicas de empleo, que en 2017 ascendían a aproximadamente 1400 millones. Se estima en 17 millones el incremento anual de personas en esta situación.

Esta situación se debe al hecho  de que las disposiciones legales excluyen a muchos de estos trabajadores del derecho a prestaciones de seguridad social, o a que los empleos de corta duración, los bajos ingresos o las escasas horas de trabajo proporcionan un acceso limitado, o nulo a ese derecho.

Del mismo modo, los trabajadores que participan de la economía cobrando en negro (no necesariamente elegido por ellos), que suman 2000 millones de la población mundial ocupada, más del 61,2 por ciento del empleo mundial y más del 90 por ciento del empleo en los países en desarrollo y emergentes, se cuentan entre aquellos que gozan de una menor cobertura de los regímenes de seguridad social.

Debido a la naturaleza de su trabajo, los trabajadores de este tipo de economía no forman parte de los regímenes de seguridad social contributivos. Tampoco tienen acceso a los diversos tipos de prestaciones vinculadas al trabajo, debido a su exclusión de la cobertura legal,, una capacidad contributiva limitada, unos ingresos bajos y volátiles, y unos procedimientos administrativos complejos.

Al mismo tiempo, los trabajadores que participan de la economía en negro suelen estar excluidos de los programas orientados explícitamente a las personas o los hogares pobres con  capacidad limitada para obtener ingresos.

El desafío de garantizar una protección social adecuada

Las prestaciones de seguridad social y otras medidas de protección colectiva, tales como los servicios públicos de salud y los servicios sociales, desempeñan un papel importante a la hora de mantener la seguridad de los ingresos de millones de personas en todo el mundo y de asegurar el acceso efectivo a la atención de salud.

Al aumentar los ingresos de los hogares, las transferencias sociales tienen un impacto considerable en la medida que impulsan la demanda interna, apoyan la transformación estructural de las economías nacionales, promueven el trabajo decente y favorecen el crecimiento inclusivo y sostenible.

Sin embargo, establecer y mantener un nivel adecuado de prestaciones es uno de los principales desafíos para muchos sistemas nacionales de seguridad social, ya que el crecimiento de los gobiernos liberales a lo largo del mundo no prioriza, todo lo contrario, la defensa de los derechos más básicos, entre los que se encuentra la asistencia sanitaria gratuita.

Las prestaciones de protección social a menudo son inadecuadas para garantizar la seguridad de los ingresos y el acceso a la atención de salud para todos. No obstante, se estima que, para casi 100 de 125 países en desarrollo, gastar menos del 6 por ciento de su PIB podría bastar para subsanar las deficiencias en su protección social.


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1 Comentario

  1. A lo que más de la mitad de la población necesita acceso es a las medidas anticonceptivas, para que una mujer no esté condenada a atender a 5 o 6 críos y pueda plantearse un futuro, unos estudios, una profesión… Mientras sigamos financiando la preñez permanente de las mujeres de medio mundo las estaremos condenando a ser máquinas de procrear y a la cuarta parte de sus hijos a morir antes de llegar a adultos.
    Menos discurso demagógico neocristiano y más soluciones eficaces.

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