Ramón Reig

Muere más gente en la carretera y en los numerosos sucesos de cada día. Y más que van -o vamos- a morir, hay que mentalizarse para los nuevos tiempos que son nuevos para España porque nunca había oído tantas muertes por disparos como ahora. Qué difícil era tener antes una pistola, hasta en la democracia fue noticia la pistola que Julio Anguita solicitó para defenderse ante las amenazas que recibía. Se la concedieron y creo que sólo llegó a desenfundarla una vez, en la Alameda de Hércules, en Sevilla. En la transición, podían lograr una pistola algunos hijos de familias fascistas de alta alcurnia y otros de similar calaña.

Mi colega y amigo el fotoperiodista José Julio Ruiz se hizo famoso por una foto que extrajo de una manifestación en la que se veía a un sujeto amenazando a un manifestante con una pistola. Los crímenes de Atocha nos estremecieron a todos, ¿cómo lograban las armas de fuego los asesinos? El periodista Xavier Vinader destapó las tramas negras en Euskadi, civiles que se entrenaban militarmente en lugares concretos. Aquello no era de extrañar, la policía antidisturbios de entonces solía hacer la vista gorda con estos pistoleros de extrema derecha que se mezclaban entre los manifestantes y eran más peligrosos que los mismos agentes antidisturbios.

Ahora es frecuente que, en el transcurrir cotidiano, aparezcan pistolas y maten con pistolas. Esto irá a más. Clanes de delincuentes comunes o del narco, payos, españoles, rumanos, gitanos, marroquíes… Los rusos y otros eslavos con sus organizaciones criminales, la violencia que empiezan a desarrollar algunos migrantes en las vallas de Ceuta o Melilla (calla, Ramón, de eso no se habla, que eres un racista y te pones de parte de la Guardia Civil). Se disolvió ETA pero nos queda el yihadismo. ¡Qué mal le ha sentado al mundo el fin del equilibrio del terror USA-URSS y que se quede sola esa codicia mercantil sin fin!

Equilibro del terror, rearme y déficit

Desaparecidos el telón de acero, la URSS y sus países satélites, sus habitantes se han extendido por todo el mundo. A músicos procedentes de grandes orquestas de los antiguos países comunistas los puedes encontrar tocando en la calle; a excombatientes y exespías, en el terrorismo internacional; a las mujeres engañadas por el negocio de la trata de blancas, en el mundo de la prostitución. Ya son libres de la garra comunista, ahora deben ser libres de la garra capitalista y de sus propios compatriotas que se han buscado la vida y se han enriquecido a costa de la crueldad más extrema con el prójimo.

El atentado contra las Torres Gemelas ha dado luz verde a las industrias de armamento para que se aprovechen de cómo EEUU ha puesto patas arriba al mundo islámico para hacerse con rutas y riquezas energéticas con la excusa de estar buscando a Bin Laden. Lo encontró y, ¿por qué lo mató, como a Sadam, como a Gadafi? ¿Por qué no los detuvo y los juzgó como a criminales de guerra? Sencillamente, porque los tres tenían poder y recursos como para haberse rodeado de legiones de abogados defensores y el mundo se habría enterado de asuntos muy jugosos de los que no debía enterarse.

A Bin Laden lo formaron los EEUU, Sadam fue aliado tanto de EEUU como de la URSS, Gadafi había pactado ya la paz con Occidente en su programa nuclear pero, ¿para qué correr riesgos? La misma suerte le esperaba al presidente de Siria, Al Asad, pero entonces llegó Rusia, que estaba hasta las narices desde que, entre otras cosas, empezaron a construirle un escudo antimisiles a pesar de haber tomado el sendero del capitalismo, no se le pueden tocar tanto las partes bajas a un país con su potencia militar.

En pocas palabras, hemos derribado regímenes laicos islámicos que controlaban sus países y hasta protegían a los católicos y permitían a las mujeres vestir como quisieran para no levantar nada sobre sus cenizas, al revés, para que crezca el terrorismo islámico y la inquina contra el islam y aquellos que han colaborado en el desastre –derecha y socialdemocracia, sobre todo- llaman islamófobos y xenófobos a los ciudadanos occidentales que reaccionan defendiendo su territorio, su gente y su cultura de países y culturas donde no les dejan ejercer las libertades que los propios descalificadores se supone que defienden. Un horror.

El atentado de las Torres Gemelas fue en 2001. En la actualidad los principales fabricantes de armas venden un 38 por ciento más que en 2002, las 100 primeras industrias de armamento facturan en torno a los 380.000 millones de dólares. Las compañías de Estados Unidos representaron el 57,9 por ciento de las ventas y las occidentales en general, el 82,4 por ciento, según los informes del Instituto de Investigación de la Paz de Oslo (PRIO, por sus siglas en inglés). Son cifras oficiales del negocio legal de armas. Las ventas de las empresas estadounidenses, que ocupan siete de los diez primeros lugares de la lista, crecieron un 4 por ciento impulsadas por las operaciones militares fuera del país. Y, como se sabe, Donald Trump ha aumentado el gasto militar. Según informa El Mundo, “solo en 2019, la Casa Blanca quiere que ese gasto suba en 74.000 millones de dólares (60.000 millones de euros). Por poner un ejemplo, todo el presupuesto de Defensa de España cabe 11 veces en lo que Trump quiere incrementar el gasto militar estadounidense”.

Las empresas europeas de armamento también se estarán lucrando pero los ciudadanos estamos pagando los platos rotos de un negocio que nos lleva a un problema cuyas raíces están en el siglo XIX. Los dirigentes europeos tienen una paciencia infinita con ese gigante de pies de barro que es Estados Unidos. Menos Rusia que también es Europa a pesar de que la hemos convertido en nuestra enemiga. La web de BBC News nos informa en referencia al país yanqui: “Esta nación de raíces puritanas se acostumbró a vivir endeudada y hoy las finanzas públicas reflejan un gigantesco déficit. Más aún, Estados Unidos tiene un problema que muchos solo asociaban con países en desarrollo: una creciente deuda externa”. Y añade: “Se estima que la deuda pública de EE.UU. llega a más de US$14 billones. China tiene casi US$1.2 billones en bonos del tesoro. El economista estadounidense Kenneth Rogoff de la Universidad de Harvard decía en un artículo a comienzos del año 2017 que ninguna nación desarrollada en la historia se ha endeudado tanto como Estados Unidos”.

Da igual, EEUU sigue con sus endeudamientos, seguro de que además le reímos las gracias y le vamos a aguantar lo que haga falta o eso parece. Los Presupuestos del Estado de EEUU para 2019 duplican el déficit previsto para el año fiscal 2019, que empieza el 1 de octubre, hasta los 984.000 millones de dólares (802.000 millones de euros). “Trump, que hizo campaña criticando los déficit públicos de Obama y la deuda de EEUU, prevé aportar 7,2 billones de dólares (5,9 billones de euros) a la deuda pública estadounidense entre 2019 y 2027. Eso supone añadir unos números rojos equivalentes a los PIB de Alemania, Francia y España juntas. El año pasado, esa previsión era de 3,2 billones de dólares. O sea, en apenas 12 meses, el presidente de EEUU ha incrementado el agujero previsto en un 125 por cien”, escribe Pablo Pardo en El Mundo.

Pues ahí andamos, aguantando e imitando a ese país que incrementa su déficit público y fiscal al tiempo que disminuye sus impuestos, crea muchos empleos precarios, reduce la protección social a los mayores, paraliza la sanidad pública y permite que las distancias favorecidos-menos o no favorecidos aumenten, todo lo cual, entre otros factores, genera una violencia estructural que encima vende muy bien en forma de producciones audiovisuales que inundan países y modelan cerebros o extraen de la mente humana la pulsión agresiva (Freud) que ya encierra como la extrae toda la doctrina neoliberal con su cara más negativa: una codicia que empezó llamándose emprendimiento, egoísmo sano a lo Adam Smith y que ahora está dominando a quienes comenzaron a sacarlo de sus límites.

Violencia y muerte en el mundo, en Estados Unidos, en Europa, terrorismo islámico, de acuerdo, el asesinato y la guerra han estado ahí siempre pero a estas alturas de la Historia chirría bastante y aún más llama la atención la aparente resignación del occidental, convenientemente distraído para que –con tanta información- termine, paradójicamente, desinformado y sin saber por dónde vienen los tiros. Ni lo sabe ni parece que quiera saberlo, la emisora de radio que más forma e informa sobre este y otros muchos temas, Radio 5 Todonoticias, de RNE, la siguen unas 260.000 personas en todo el país. Y los textos escritos que lo explican apenas son consultados. Eso sí, las películas de héroes y violencia gratuita llenan las salas de los cines, los políticos utilizan a los muertos de las acciones terroristas islámicas según sus intereses, ¿qué se puede esperar de un país, de un mundo así?

El problema islámico

Roberto Savio señala una serie de razones que explican –en gran parte- el problema islámico. Primera, todos los países árabes son artificiales. En mayo de 1916, François Georges-Picot, por Francia, y Mark Sykes, por Gran Bretaña, acordaron como repartirse el Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), mediante un tratado secreto que contó con el apoyo del Imperio Ruso y el reino de Italia.

Segunda, las potencias coloniales instalaron reyes y jeques en los países que crearon. Para dirigir estos estados artificiales, se exigió mano dura. Por lo tanto, desde el principio, hubo una falta total de participación ciudadana en un sistema político que estaba fuera de sintonía con el proceso democrático que estaba en curso en Europa. Con la bendición europea, estos países quedaron congelados en la época feudal.

Tercera, las potencias occidentales nunca hicieron inversiones en el desarrollo industrial o en un verdadero desarrollo. La explotación del petróleo estaba en manos de empresas extranjeras y solo después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el consiguiente proceso de descolonización, el petróleo quedó en manos locales. Cuando las potencias coloniales se retiraron, los países árabes no tenían un sistema político, infraestructuras y gestión local modernas. Cuando Italia abandonó Libia (sin saber que tenía petróleo), únicamente tres libios tenían grado universitario.

Cuarta, en los estados que no proporcionaron educación y salud a sus ciudadanos, la piedad musulmana asumió la tarea de dar aquello que el Estado negaba. Fueron creadas grandes redes de escuelas religiosas y hospitales. Cuando las elecciones fueron finalmente autorizadas, estas se convirtieron en la base de la legitimidad y el voto para los partidos musulmanes.

Consecuencia de todo ello, el crecimiento del fundamentalismo. Ahora hay que defenderse de él y pagan justos por pecadores, el terrorista y el migrante con frecuencia son equiparados o al menos hay una sospecha y un recelo evidentes hacia el que busca una vida mejor en la Europa o en Estados Unidos que anuncian El Dorado capitalista pero luego no saben absorber a estas personas necesitadas ni asimilarlas porque no tienen barrida ni su propia casa, llena de empleos vergonzosos y de violencia estructural basada en un sistema competitivo y salvaje que afecta al equilibrio emocional de las personas, algunas de las cuales acaban suicidándose por la presión laboral –como fue el caso de altos responsables de France Telecom- o como indica esa irritabilidad excesiva que padecemos a diario al habernos separado demasiado de nuestras tendencias naturales para entrar en un mundo económico insostenible.

En pocas palabras, no se trabaja para vivir sino que se vive para trabajar precariamente o para buscar trabajo, siempre bajo presión de que si no lo logras eres un fracasado, no el ecosistema en el que estamos sino sólo y exclusivamente uno mismo. Ahora resulta que la articulación estructural y ancestral de los elementos no existe porque así lo dicta el FMI y Wall Street, con antecedentes ideológicos inmediatos en Margaret Thatcher (“La economía es el método, pero el objetivo es cambiar el alma”, afirmó la llamada Dama de Hierro).

No hay recambio

Hace falta un recambio esencial en Occidente pero no lo tenemos, la izquierda alternativa no lo es y cada vez está siendo más absorbida por el propio sistema al que cuestiona, es un galimatías de gente que no son la solución sino parte del problema.

En realidad, los ciudadanos estamos solos en nuestra selva digital y las ONG –con el apoyo de quienes se definen como izquierda alternativa- han tomado el relevo de la religión, no van al fondo de los problemas sino que sacian su sed de protagonismo gracias a la llamada solidaridad. No revolucionan nada, sólo aportan paños calientes, pronuncian hermosas palabras, logran subvenciones gubernamentales y el apoyo sentimental de muchos ciudadanos, a veces hay casos de corrupción entre ellas y colocan ante los demás asuntos para que otros los resuelvan mientras ellas se van de rositas a continuar su labor misionera. Menos da una piedra pero llega un momento en que esta actitud se torna cómplice de un problema cuyas raíces crecen y se eternizan gracias a la caridad y la compasión, muestras evidentes de endeblez mental, según Nietzsche.

Como el drama no se cierra en origen, mucha gente gira la cabeza y ve en el fascismo una salida y lo vota. El humano es animal territorial, no se le puede culpar de querer proteger su territorio, su descendencia y sus costumbres porque no se puede vivir en el relativismo eterno y en normas laxas que llevan a que se identifique democracia con debilidad y desorden. Pero hay culpables de que esto esté ocurriendo, el fascismo no es causa sino efecto, los culpables son el mercado salvaje y la dejadez del ciudadano occidental, denunciados a veces por el Vaticano que siempre lo hace de manera etérea, sin nombres y apellidos.

Corramos mirando el móvil

La carretera es punto y aparte. Aún recuerdo aquel anuncio de la DGT en los años 90 que –sobre fondo del adagio de Barber- nos mostraba imágenes impactantes que fueron aumentando en intensidad con los años. En Abc escribí entonces que aquello no serviría de nada. En la actualidad, para todos los muertos de aquí y de allá los políticos ofrecen una solución principal: más policías. Vale, es la salida fácil, pero la muerte por asesinato o por accidentes evitables es un gran mal y los grandes males se curan con grandes remedios que chocan con la venta y con la ideología mercantil que impulsa esa venta, de manera que mejor es mentalizarnos para que la vieja Europa llegue más pronto que tarde a la situación del país occidental y civilizado donde más muertes y asesinatos se producen: EEUU, con unas 15.000 personas asesinadas al año, a veces 4.000 sólo en Chicago.

Los medios –tan serviles- o hacen la vista gorda o le quitan hierro pero hacia allá vamos. Cuando hago un repaso de lo que nos ofrecen los mensajes audiovisuales, veo que están cargados de violencia gratuita, de chulería, de machismo, de infravaloración de padres y estudiosos. En la publicidad abunda la exaltación del individuo según las técnicas de venta de toda la vida mediante las cuales el comprador potencial es libre y muy inteligente. Se estimula y sacraliza el poder por medio de la posesión de móviles (“power to you”) o de coches. ¿Para qué quiere uno un coche ahora, con todas esas ridiculeces que encarecen su precio y nos tienen de reparaciones un día sí y el otro también? Para correr al tiempo que miras un móvil.

Un coche, un móvil, una forma de vestir, es singularidad, poder, y el humano se mueve por voluntad de poder y por imitación de lo que ve, quiere ser lo que no puede ser ni lo que es, desea ser lo que ve en los mensajes inverosímiles que recibe, por infantil que parezca. Junto a otros factores, todo esto es lo que nos mata en la carretera y nos influye en la vida cotidiana. ¿Quién le pone el cascabel al gato?, ¿quién toma el toro por los cuernos y se enfrenta el mercado y su ideología? Nadie, esto es imparable, por el momento.

Como dice el psicólogo Pastor Ramos, el humano posee una tendencia natural hacia la curiosidad, es la curiosidad la que ha desarrollado la filosofía que es la madre de todos los saberes que han propiciado que la especie no se haya extinguido; una pulsión explorativa que unida a la soledad lleva al humano a sentirse obligado a enviar mensajes y a atender los que recibe por temor a que el otro se incomode. No nos han educado para esperar ni para sufrir lo más mínimo.

Solución: más guardias

Ya pueden llegar más guardias y cámaras que las muertes seguirán en aumento y, si disminuyen, qué tristeza de ciudadanos que sólo funcionan como cualquier animal de tiro, a palo limpio, peor que los niños en el colegio que cuando sale de clase el maestro alborotan y hablan y cuando regresa se callan.

Nunca entenderé por qué democracia y orden no pueden ir de la mano o lo entiendo demasiado bien: se confunde la exaltación del valor de la persona, ése que se promueve para que compre de todo, con la firmeza que la vigilancia de la democracia exige (pobre Guardia Civil, pobre policía, pobre ejército que ahora lo mandan a la guerra pero nos venden que van en misiones de paz).

El hecho de vender a cualquier precio y de obtener beneficios a costa del otro no para ser sino para tener, son semillas de la violencia que hoy sufrimos y que vamos a seguir sufriendo, son situaciones contradictorias que terminan en la muerte. Aunque parezca difícil creerlo, un migrante que llega exhausto a las costas europeas o a la frontera de Estados Unidos y un ciudadano que muere en una carretera española están unidos por un mismo hecho sustancial: el afán depredador que unos pocos ejercen contra la inmensa mayoría de sus semejantes.

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