Amnistía Internacional ha creado un nuevo informe sobre los devastadores estragos en la población civil de Raqqa cuando va a cumplirse un año de la ofensiva en Raqqa. Las víctimas mencionadas en el texto cubren todo el espectro socioeconómico de la ciudad y de edades diversas. Algunas se habían visto obligadas a quedarse en Raqqa por ser demasiado pobres para pagar a los contrabandistas que podían sacarlas de ella; otras seguían allí porque, tras toda una vida de trabajo, tenían demasiado que perder si abandonaban sus casas y sus empresas.

Las angustiosas vivencias y sus inmensas pérdidas que pueden encontrarse en el recomendable informe, contrastan acusadamente con la reiterada afirmación de la Coalición de que hizo grandes esfuerzos por causar el menor número posible de víctimas civiles.

En septiembre de 2017, cuando más arreciaba el conflicto, el comandante de la Coalición, el teniente general estadounidense Stephen Townsend, escribió: “nunca ha habido una campaña aérea más precisa en la historia de los conflictos armados”.

Los habitantes de Raqqa, como Munira Hashish, que sobrevivió a los ataques aéreos, cuentan algo muy distinto en el informe de la ONG: “Quienes se quedaban morían, y quienes intentaban escapar morían. No podíamos pagar a los contrabandistas; estábamos atrapados.” Junto con sus hijos, al final logró escapar a través de un campo de minas, “pisando sobre la sangre de que quienes habían explotado al intentar huir delante de nosotros”.

Las cuatro familias cuyos casos se describen en el informe sufrieron terriblemente:

Los Aswad eran una familia de comerciantes que habían trabajado duro toda su vida para construirse una vivienda en Raqqa. Algunos de sus miembros se habían quedado en la ciudad para proteger sus bienes de los saqueos y se habían refugiado en el sótano. Pero el 28 de junio, un ataque aéreo de la Coalición destruyó el edificio y mató a ocho civiles, la mayoría niños. Otro miembro de la familia perdió la vida al pisar una mina del Estado Islámico cuando regresó a la ciudad para recuperar los cadáveres días más tarde.

Pese a sus reiterados intentos de huir, la familia Hashish perdió a 18 miembros, la mayoría mujeres y niños, en el transcurso de dos semanas en agosto. Un ataque aéreo de la Coalición mató a nueve, siete murieron al intentar huir por una carretera que el Estado Islámico había minado y a otros dos los mató un proyectil de mortero lanzado por las Fuerzas Democráticas Sirias.

El caso de la familia Badran quizá sea el que mejor ilustra lo difícil que se volvió la situación para la población civil atrapada en Raqqa. En el transcurso de varias semanas murieron 39 de sus miembros en cuatro ataques aéreos distintos de la Coalición, mientras se trasladaban de un lugar a otro de la ciudad, intentando desesperadamente alejarse de las cambiantes zonas de combate.

Pensábamos que las fuerzas que venían a desalojar al Daesh [Estado Islámico] sabían hacer su trabajo y atacarían al Daesh y dejarían en paz a los civiles. Éramos unos ingenuos. Cuando nos dimos cuenta de lo peligrosos que se habían vuelto todos los sitios, era ya demasiado tarde: nos quedamos atrapados”, contó Rasha Badran a Amnistía Internacional. Tras intentarlo varias veces, ella y su esposo lograron por fin escapar, después de haber perdido a toda su familia, incluida su única hija, una niña de un año llamada Tulip, cuyo cuerpecito enterraron junto a un árbol.

Por último, el caso de la familia Fayad ilustra cómo un bombardeo aéreo de la Coalición efectuado en las horas finales de la batalla aniquiló a familias enteras en la zona de Harat al Badu del centro de Raqqa, donde se sabía que los combatientes del Estados Islámico utilizaban a civiles como escudos humanos. La muerte de Mohammed “Abu Saif” Fayad y 15 familiares y vecinos suyos en ataques aéreos de la Coalición el 12 de octubre de madrugada parece absolutamente sin sentido, porque, sólo unas horas más tarde las Fuerzas Democráticas Sirias y la Coalición llegaron a un acuerdo con el Estado Islámico por el que se daba vía libre a los combatientes del grupo armado que quedaban para salir de Raqqa.

Si la coalición y sus aliados de las Fuerzas Democráticas Sirias iban a conceder al final a los combatientes del Estado Islámico vía libre e impunidad, ¿qué ventaja militar podía haber en destruir prácticamente la ciudad entera y matar a tal cantidad de civiles?”, pregunta Benjamin Walsby, investigador de Amnistía Internacional sobre Oriente Medio.

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