Mayerlín Vergara Pérez -conocida como Maye- trabaja desde hace 20 años en terreno con la Fundación Renacer, en Colombia, luchando por erradicar la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes.

Actualmente, dirige un hogar donde acoge a cientos de ellos en Riohacha (La Guajira), en la frontera oriental de Colombia con Venezuela. Duerme con el teléfono en la mano. Nunca sabe cuándo la llamarán para pedir ayuda.

En esta zona, se ha producido un aumento de la explotación sexual infantil entre refugiados y migrantes que huyen de la situación en Venezuela. Durante el primer año de funcionamiento, se ha convertido en un hogar seguro para 75 niños, niñas y adolescentes, donde reciben apoyo terapéutico y pueden volver a ser ellos mismos.

El turismo sexual en Colombia ha tenido un impacto devastador en los niños y adolescentes. A esto se suma la crisis venezolana que ha llevado a cientos de menores a cruzar la frontera, lo que aumenta el riesgo de sufrir violencia y acoso.

Ayudar a los niños a superar el dolor de la explotación sexual

Desde el inicio de la crisis venezolana, Maye ha estado trabajando con comunidades en Uribia, Maicao y Riohacha. Por su encomiable labor, ha sido recompensada con el Premio al Refugiado Nansen de ACNUR 2020. Este galardón honra cada año a los héroes cotidianos que, como Mayerlín, hacen todo lo posible para ayudar a las personas desplazadas.

Mayerlín ha ayudado a cerca de 22.000 niños, niñas y adolescentes a los que la Fundación Renacer, la ONG colombiana en la que trabaja, ha apoyado desde su fundación hace 32 años. Ha dedicado gran parte de su vida en acompañar a los niños, niñas y adolescentes supervivientes de la violencia sexual en su largo y convulso proceso de recuperación emocional. Muchos han sido rescatados de las esquinas, burdeles y bares donde son explotados sexualmente a la fuerza.

El riesgo de ser menor, niña y migrante

Alrededor de 5 millones de venezolanos han abandonado su país en los últimos años por la situación de crisis que atraviesa su país. Según las estimaciones, 1,8 millones han buscado protección en la vecina Colombia.

Actualmente, viven 40 niñas y niños en la amplia casa de dos pisos en Riohacha. Está construida alrededor de un patio interior con árboles de mango. Aproximadamente, el 80 % de los que viven en el hogar son niñas, muchas de ellas indígenas Wayúu y Yukpa, cuyas comunidades residen a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela.

Para dar atención, ayuda y asistencia a todos estos niños, la casa cuenta con profesionales de distintos ámbitos. Hay profesores, un psicólogo, un trabajador social, un nutricionista y un abogado. Entre todos, les ayudas a reconstruir sus vidas, un proceso que lleva aproximadamente un año y medio.

Fuente: Acnur