Por Víctor Arrogante
Mayo ha sido florido, lluvioso, tormentoso y guerrero en la historia. En mayo se fundó el Partido Socialista Obrero Español y se produjo el levantamiento del pueblo de Madrid contra el francés. En Estados Unidos fue tormentoso entre el 1 al 4 de mayo con las revueltas obreras y la masacre de la plaza Haymarket en Chicago. Para mí, Mayo, a más que florido, ha sido de lucha.

Tres acontecimientos recuerdo que tienen un hilo conductor en mi memoria. Han conformado mi pensamiento y hasta mi forma de actuar. En alguno de ellos estuve presente. Corrían los primeros años del siglo XIX cuando se produjeron en España una serie de acontecimientos trascendentales: la invasión francesa y la guerra de la Independencia. Constitucionalismo, absolutismo e inquisición. Dos reyes fueron los responsables de que el ejército aliado de Napoleón ocupara Madrid. Dos reyes por la gracia de dios, Borbones y traidores para más señas.

El 2 de mayo de 1808, a primeras horas de la mañana, la multitud comenzó a concentrarse ante el Palacio de Oriente en Madrid. Los soldados franceses sacaban al infante Francisco de Paula, para llevarle a Francia con su real familia. Al grito de ¡Que nos lo llevan!, el gentío intentó asaltar la comitiva.

En lo alto de una farola, a la entrada de la calle Bailén, vi llegar a los mamelucos y a la artillería disparar contra la multitud. «En el Pretil de los Consejos, por San Justo y por la plazuela de la Villa, la irrupción de gente armada viniendo de los barrios bajos era considerable». (Benito Pérez Galdós: El 19 de Marzo y el 2 de Mayo).

En el Salón del Prado fueron fusiladas 32 personas, otras 11 en Cibeles, Recoletos y Puerta de Alcalá. Al día siguiente los franceses fusilaron a 24 madrileños en la montaña del Príncipe Pío. Por Madrid corría la sangre; enterrados están en el cementerio olvidado de La Florida.

El pueblo contra los franceses, los liberales contra los absolutistas reales, Fernando VII contra el pueblo, la razón contra el despotismo y el oscurantismo contra la ilustración. Con el ¡vivan las caenas! y derogando la Constitución de Cádiz, se entronizó al Rey Felón y su descendencia hasta hoy. Si Napoleón hubiese ganado la guerra, otra historia nos hubiera llegado. Nuestra seña de identidad estaría dibujada en el lema Liberté, égalité, fraternité, que hago mío adaptándolo hoy por: igualdad, justicia social y solidaridad. Frente a esto: viva el novio de la muerte.

Muy cerca del Palacio de Oriente, en la calle Tetuán, el 2 de mayo de 1879, se fundó clandestinamente el PSOE. Aprovechando las libertades de la Constitución de 1869, la sección española de la Asociación Internacional de Trabajadores –la Internacional–, organizó una serie de conferencias en Madrid.

Desde un rincón, veía ensimismado a Pablo Iglesias; ¡cómo se crecía en los debates! En aquellas fechas, Iglesias conoció a Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, huido de la represión francesa por participar en la Comuna de París. Pablo Iglesias se unió al Comité de Redacción de La Emancipación, semanario en el que pude leer El Manifiesto Comunista; uno de los tratados más importantes de la historia, que termina con ¡Proletarios de todos los países, uníos! Hoy sigue siendo necesaria esa unidad proclamada entonces.

Tras la ruptura de los anarquistas con Marx, Pablo Iglesias solicitó su ingreso (1873) en la primera organización socialista de importancia, la Asociación General del Arte de Imprimir. Desde esta nueva plataforma preparó, durante varios años de trabajo clandestino, la creación del segundo partido obrero de los que se constituirían en el mundo. En una comida de fraternidad organizada en la taberna Casa Labra, desde el quicio de la puerta, pude ver a las veinticinco personas fundadoras del PSOE. Hoy sigo emocionándome en el recuerdo.

El 1º de Mayo es una fecha emblemática para la clase trabajadora, en la lucha por conseguir derechos, mejores salarios, seguridad y dignidad. En 1890, se estableció como Día Internacional de los Trabajadores, en homenaje a los Mártires de Chicago ejecutados y a las 5.000 huelgas simultaneas que se produjeron. No estuve allí pero el grito de la proclama sigue sonándome: ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de recreación!

A finales del siglo XIX, las condiciones de vida de los trabajadores eran de miseria y esclavitud; no podían ser peores: jornada laboral de 16 horas, salario escaso y sin derechos. La miseria y la explotación eran un lugar común y la represión policial al servicio del patrón. Ante esta situación extrema, empezó la lucha obrera. En 1886 la huelga por la jornada de ocho horas estalló de costa a costa de EEUU. Más de cinco mil fábricas fueron paralizadas y 340.000 obreros salieron a las calles manifestando sus exigencias.

En Chicago los sucesos tomaron un sesgo violento, que culminaron en la masacre de la plaza Haymarket (4 de Mayo). En un juicio amañado, contra los dirigentes anarquistas y socialistas, cuatro de ellos fueron condenados a la horca. En España durante el franquismo, el 1º de Mayo se transformó en un día festivo de exhibiciones gimnásticas y bailes regionales, muy alejado de luchas y reivindicaciones.

Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso, dice el refrán, tiempo ideal para tener buenas cosechas, pero en esta ocasión poco bueno nos espera. El sistema capitalista funciona en base a la corrupción generalizada de los poderosos, a costa de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular. Se ha perdido interesadamente el sentido de la necesidad de la lucha. Los trabajadores y trabajadoras no debemos perder la conciencia de clase a la que pertenecemos.

El pueblo de Madrid tuvo conciencia sobre la invasión contra el Imperio francés; los socialistas españoles por el progreso fundaron el PSOE; los obreros de Chicago contra las injusticias sociales. Los derechos laborales y sociales conquistados, no son ni regalo gratuito del capital ni moneda de cambio para otras cuestiones; se han conseguido uno a uno con lucha, sufrimiento y esfuerzo, y no podemos dejar que poco a poco nos los vayan eliminando.

Autor: Víctor Arrogante