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El empeoramiento del conflicto en torno al lago Chad está teniendo un impacto cada vez mayor en la comunidad local, así como entre los desplazados y los refugiados en el sureste de Níger. Miles de personas se han visto obligadas a desplazarse de nuevo y la situación humanitaria sigue deteriorándose, mientras las necesidades de la población superan la capacidad de respuesta de las organizaciones de ayuda.

Los últimos incidentes críticos en Nguigmi y otras localidades en Diffa, entre el 23 y 26 de marzo, han dejado un reguero de destrucción y trauma psicológico. Al menos 30 civiles muertos en cuatro días. Docenas de heridos. Cerca de 380 casas quemadas o destruidas. La población se enfrenta a secuestros, asesinatos y fuego cruzado.

Testigos presenciales y autoridades locales en Nguigmi reportaron que dos personas portando artefactos explosivos ​​se hicieron detonar en dos partes diferentes de la ciudad la noche del 26 de marzo. Al mismo tiempo, varios hombres armados habrían prendido fuego a refugios y tiendas ​en los campos de desplazados y refugiados, cuyas sus casas y pertenencias fueron quemadas. Este es solo el último de una serie de episodios violentos en la región. La creciente inestabilidad está intensificando el sufrimiento de la población, obligando a muchas personas a huir.

Los ataques anteriores también provocaron que cientos de personas a abandonar sus aldeas. El 23 de marzo, por ejemplo, grupos armados mataron a 19 personas en Nguagam y El Mainari, prendido fuego a varios edificios. Una mezquita, el mercado, casas y tiendas fueron destruidas y los animales, quemados vivos. El mismo día, dos pescadores fueron degollados en Chetimari Gremahartori.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el mes pasado más de 90 personas fueron asesinadas en la región de Diffa. Además, se registraron 15.000 nuevos desplazados internos. La mayoría vive ahora en condiciones precarias.

Tras los últimos ataques, nuestros equipos intervinieron para apoyar el tratamiento de los heridos en el hospital de Nguigmi y evacuaron los casos más graves al hospital regional  de la ciudad de Diffa con tres ambulancias y uno de nuestros vehículos.

«Vi a alguien venir hacia mí y grité para que mi mujer pudieran coger a nuestros hijos y escapar

Boulama, un refugiado nigeriano que vive en Nguigmi, se está recuperando de su terrible pérdida: “Oíamos explosiones y pensamos que no era nada. Pero entonces, vi a alguien venir hacia mí y grité para que mi mujer pudieran coger a nuestros hijos y escapar”. Su hija de 7 falleció en el incendio.

Nuestra comunidad está de luto. Necesitamos todo el apoyo posible, comida y refugio, porque hemos perdido niños y bienes. Soy sastre, me gano la vida cosiendo pero mi máquina de coser está quemada”.

 

«Tengo pesadillas porque fui yo quien recogió el cadáver quemado de mi padre»

“Lo que sucedió fue un shock para nosotros: perder padres, hijos, pertenencias personales… Tengo pesadillas porque fui yo quien recogió el cadáver quemado de mi padre. Mis hijos están traumatizados y no pueden dormir”. Malam Issa, de Nigeria, también vive en Nguigmi y está muy preocupado por el futuro.

“Estoy abrumado, no sé cómo voy a sobrevivir como peón, con mi mujer, mis hijos, mi madre, mi suegra y mis hermanos menores. La seguridad no está garantizada, y no tenemos comida ni refugio. Solo los que vienen a expresar sus condolencias nos dan dinero”.

 

“Mis hijos y yo tenemos pesadillas porque Boko Haram puede volver en cualquier momento”

“Mi marido fue herido por Boko Haram la noche del ataque y MSF lo trasladó a Diffa debido a sus lesiones”, explica Atchagana, nigeriana de 30 años.  Atchagana huyó a Níger a pie con su familia para escapar de la violencia de los grupos armados, y ahora vive en Nguigmi. “Estamos preocupados por su estado de salud y porque lo perdimos todo en el fuego: colchones, ropa, comida… Sentimos mucha angustia ante esta situación. Mis hijos y yo tenemos pesadillas porque Boko Haram puede volver en cualquier momento”.


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