Medicos sin Fronteras inició sus actividades en Am Timan en 2006 en respuesta a una crisis nutricional. Después, se quedaron para seguir colaborando con los servicios pediátricos, la maternidad y el laboratorio del hospital regional. En 2017, también mantuvieron el programa de nutrición y, hasta finales de año, el de atención a personas con tuberculosis y VIH. Además, sus equipos administraron clínicas de atención general, prenatal y nutricional en dos centros de salud.

En cuanto a las actividades en Bol y Am Timan, las está traspasando progresivamente a las autoridades sanitarias chadianas.

La ONG narra su experiencia:

“Son las 7:30 de la mañana. Las nubes, de momento, tapan el sol pero, dentro de poco, el calor aumentará y obligará a las personas que están bajo los árboles a buscar algo de alivio en la sombra.

Nuestro día en Am Timan, en el este de Chad, empieza muy pronto. Llevamos trabajando en este hospital desde 2006 y, ya desde primera hora, se nota el bullicio de la gente. Los gemidos de los niños procedentes de la unidad de pediatría se oyen desde fuera: ya están despiertos.

El doctor Yannick Tsomkeng forma parte de nuestro equipo en el hospital Am Timan. Sus consultas empiezan en pediatría, en la unidad de nutrición terapéutica. ‘Los niños llegan en condiciones de salud críticas, a menudo tan graves que es demasiado tarde para salvarlos y mueren 24 horas después de haber ingresado. Aquí, ellos son las primeras víctimas de la falta de alimentos, la pobreza y de hábitos nutricionales erróneos’, explica Yannick.

‘Al principio del mes, el centro de nutrición terapéutica ya está por encima de su capacidad. Esta última semana, hemos hospitalizado a 46 niños con desnutrición severa y complicaciones’, añade.

Ya en mayo, nuestro centro de nutrición terapéutica (CNT) ya estaba por encima de su capacidad, con 60 camas para nada menos que 325 niños desnutridos ingresados en solo un mes.

Unas cifras que se irán en aumento durante los próximos meses. Porque, a pesar del gran número de niños con necesidad de tratamiento y de los esfuerzos del personal sanitario, se trata de una crisis prevista. Y es que no es la primera vez que esta región en el este de Chad alcanza unos niveles preocupantes de desnutrición infantil.

Todos los años, de mayo a septiembre, miles de personas procedentes de Chad y de la región del Sahel sufren inseguridad alimentaria extrema debido a la época de escasez, fruto de la estación seca y de la falta de reservas de comida. En la región de Salamat, esta recurrente crisis nutricional acaba de volver a empezar y se extenderá a otras regiones del país.

Fanna tiene 19 años; está sentada en nuestro centro nutricional junto a su bebé. Lucha por alimentar a sus tres hijos. “Mi niño estaba enfermo, no podía alimentarse, no paraba de vomitar. Después de cuatro días, estaba tan débil que no podía reaccionar. Entonces, decidí traerlo al hospital. Es duro quedarse aquí durante varios días, cuando no hay nadie más para cuidar de mis otros niños”, admite mientras sostiene en brazos a Moussa, de 8 meses.

Moussa no se queja, a pesar de que el tubo por el que se alimenta parece demasiado grande para su cara demacrada. Está demasiado débil para llorar siquiera. Mira a la gente a su alrededor, con sus ojos marrones. El pequeño ingresó con desnutrición severa y complicaciones.

Sabía que había un programa nutricional en este hospital, mi hija mayor ya estuvo aquí por lo mismo. Comemos una vez al día; la comida nunca es suficiente, por eso mis niños enferman a menudo. Y ahora es aún es peor desde que ha terminado la cosecha.

Esta emergencia nutricional se debe a varios factores. Prácticas nutricionales erróneas, el cambio climático, un acceso complicado a la tierra y el agua potable, una educación pobre, y un sistema de salud débil en medio de una profunda crisis económica.

En 2017, la situación se deterioró mucho y la época de escasez llegó antes de la cuenta, abocando a nada menos que 900.000 personas a una grave inseguridad alimentaria. Ahora, la ‘emergencia nutricional’ está declarada en 12 de las 23 regiones del país. Un país que ostenta la sexta posición en mortalidad infantil y donde los más pequeños, sobre todo los menores de 5 años, son los más vulnerables. En Chad, una de las principales causas de mortalidad infantil es, efectivamente, la desnutrición: uno de cada 7 niños muerte antes de cumplir 5 años, según la ONU.

Así, con el fin de combatir estas altas tasas de mortalidad, en nuestro centro de Am Timan, nuestros ‘pequeños’ pacientes reciben alimentación terapéutica especial capaz de hacerles recuperar su apetito y capacidad de respuesta. Los alimentamos con leche terapéutica que contiene azúcar, aceite y minerales, así como un alto nivel proteínico. Y es que, cuando ingresan, su peso es muy bajo y sufren una importante pérdida muscular. También suelen tener edema nutricional, caracterizado por la hinchazón de pies, cara y extremidades.

Nuestra esperanza y lucha, que sean dados de alta cuando puedan volver a comer sin asistencia médica.

Cuando finalmente alcanzan un nivel estable de salud, combinamos el tratamiento médico con una sesión diaria de estimulación cognitiva. Los niños con desnutrición severa pueden tener un retraso en el desarrollo mental y conductual que, si no se trata, puede convertirse en la consecuencia más grave y duradera de la desnutrición.

La estimulación emocional y física a través del juego puede reducir significativamente el riesgo de deficiencia mental y los efectos irreversibles de la desnutrición prolongada. Por esta razón, organizamos una sesión de estimulación todos los días, con madres y niños sometidos a tratamiento nutricional, a través de varios juegos.

‘Nos damos cuenta, día tras día, de la importancia del juego y del cuidado materno en el proceso de recuperación. Durante las sesiones de estimulación, se anima a las madres a jugar con sus hijos con juguetes y a interactuar con ellos en actividades lúdicas. Los resultados de esta actividad son conmovedores. Vemos que los niños recuperan su reactividad y, sobre todo, sonríen y juegan de nuevo juntos. Es tan importante involucrar a los padres y alentar el cuidado emocional de los niños’, explica Aya Sonoda, nuestra coordinadora de información y educación en Am Timan”.

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