Medio grado importa

Federico Velázquez de Castro González
Presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental (AEEA)


La Cumbre de París de 2015 marcó el límite de 2ºC como el escenario que no deberíamos traspasar para evitar situaciones imprevisibles. Sin embargo, el Informe extraordinario del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático del 6 de octubre de 2018 apuntó a 1,5ºC como la máxima subida admisible de la temperatura. ¿Realmente existe tanta diferencia?

El documento elaborado por el Panel viene acompañado de su rigor habitual: 91 autores principales consultando 6.000 referencias climáticas actualizadas, y sus conclusiones no son muy halagüeñas. Hoy el calentamiento ha alcanzado 1ºC (considerando aire y agua), y si las emisiones continúan al ritmo actual, llegaríamos a 1,5ºC de incremento para el 2040. Los acuerdos de París, revisados en Polonia, no son suficientes para mantenernos bajo esa temperatura.

Es común a otros problemas globales, pero el cambio climático destaca, particularmente, por la rapidez con que se viene generando. Cambios de clima a lo largo de la historia (y también de la humanidad) ha habido muchos, pero ninguno tan veloz como el actual, en que las concentraciones de un componente atmosférico –el dióxido de carbono- aumenta año a año. Las 411 partes por millón que se registran en la actualidad es una cantidad inédita en la historia humana. Estamos ante un nuevo escenario climático, nunca antes civilización alguna ha vivido en estas circunstancias. Preocupa, por tanto, más su evolución exponencial –una forma de crecimiento al que nuestra mente no se adapta con facilidad- que el propio problema en sí.

En cada región, la situación es diferente, pero, globalmente, continuaremos con fenómenos meteorológicos extremos, aumentando su intensidad y frecuencia, daños a la biodiversidad y sus servicios, cambios en el suministro de agua y alimentos (cosechas de arroz y trigo), efectos en la salud y también en las infraestructuras. Y todo ello, con evidente influencia en la economía. Preocupa la situación de los arrecifes de coral, uno de los enclaves de mayor diversidad biológica de la Tierra, equivalente a lo que supone el bosque tropical en superficie. Ya se observa el blanqueo, como consecuencia de la pérdida de las algas, pero con un aumento de 1,5ºC desaparecería el 80%, porcentaje que se elevaría al 99% si la temperatura ascendiera hasta los 2ºC.

Es bien conocida la vulnerabilidad de la región mediterránea, en la que se incluye nuestro país. Además de los efectos mencionados, aumentaría el riesgo de sequías extremas si la subida de temperatura se mantuviera en 1,5ºC, pues ya se aprecia una mayor sequedad en los suelos. Con temperaturas superiores, los riesgos se harían más extremos.

Frente a la amenaza global que el cambio climático representa, la buena noticia es que todavía estamos a tiempo. Para mantener el incremento de temperatura en 1,5ºC, para el año 2050 las emisiones de CO2 deben ser nulas, es decir, todo lo que se emita en las fuentes debe ser absorbido por los sumideros. Para llegar a tiempo a ese escenario de contención, insiste el informe, la transición debe ser rápida y de largo alcance, para lo que dan un plazo de 12 años, comprometiendo a todos los actores: administración, empresas, ciudadanos. Hay que reforestar, reducir las emisiones de metano de la ganadería en un 35%, reducir el hollín en una proporción similar, realizar el cambio a energías renovables, controlar los usos del suelo, supervisar la planificación urbanística y las aplicaciones industriales de las mejores técnicas disponibles (BAT).

Terminemos comentando el papel de los ciudadanos, esencial en este desafío:

  • Controlando la climatización, iluminación, eficiencia y aislamiento de sus viviendas.
  • Utilizando formas de movilidad de bajo impacto, caminando, moviéndose con bicicleta y haciendo uso del transporte público, especialmente el ferrocarril. El coche de gasolina/diesel y el avión deben ser las últimas opciones.
  • A través de dietas de cercanía y temporada, reduciendo definitivamente el consumo de carne y lácteos, algo que se ha revelado plenamente saludable, mejorando el bienestar animal y liberando tierras y cultivos para la alimentación humana.
  • Reduciendo el consumo, manteniendo un fuerte espíritu crítico frente a la publicidad y la moda, practicando la no colaboración con quien quiere convertirnos en rebaños de clientes. Sabiendo conservar los bienes, reparándolos, intercambiándolos, reutilizándolos y reciclándolos al final de su vida útil.
  • Apoyando iniciativas de compañías de energías renovables para ir dejando atrás los combustibles fósiles. La edad de piedra no finalizó porque se terminasen, sino porque se encontraron materiales más eficientes. Igualmente ahora, no importan las reservas que queden bajo el suelo, su momento histórico ya ha concluido.

El desafío es serio, pero puede ser resuelto de manera favorable. Todos debemos actuar al mismo paso, y las organizaciones de la sociedad civil están llamadas a jugar un papel importante. En estos momentos en los que el panorama político parece más incierto, la naturaleza puede ayudarnos a comprender mejor los modelos que pueden garantizar la vida y los que, arrastrados por la codicia, no ofrecen ya ninguna garantía de futuro.

Deja un comentario