La inflación continúa dando dolores de cabeza a gobiernos y economistas tras más de dos años siendo una de las grandes preocupaciones europeas y del mundo.

Cerrando 2022, el Fondo Monetario Internacional se alejaba de la teoría clásica de la peligrosidad de incrementar los salarios en época de inflación y señalaba en un informe que una aceleración de los salarios nominales no debe considerarse necesariamente una señal de que se está consolidando una espiral de precios y salarios.

Tal y como explica el organismo, se define una espiral de precios y salarios como un episodio en el que al menos en tres de cuatro trimestres consecutivos se produjo una aceleración de los precios de consumo y un aumento de los salarios nominales.

El mensaje liberal, desmontado: Europa y el FMI demuestran que subir los salarios no acarrea inflación
El mensaje liberal, desmontado: Europa y el FMI demuestran que subir los salarios no acarrea inflación

El FMI recopiló datos de espirales de precios y salarios de economías de distintos países en varios periodos históricos desde la década de los 60 y ha asegurado que solo una pequeña minoría de estos episodios fueron seguidos de una aceleración sostenida de los salarios y los precios.

En cambio, cuando en periodos de crecimientos de salarios y precios se han efectuado subidas de mensualidades en términos nominales, la inflación bajó de una manera similar a cuando no los hubo, con la principal diferencia de que el poder adquisitivo de los trabajadores se recuperó antes.

Por tanto, el informe señala que el crecimiento de los salarios nominales normalmente se estabiliza en niveles coherentes con la inflación observada y la rigidez del mercado laboral.

Según fuentes consultadas del sector financiero, uno de los principales problemas en España a la hora de subir el salario es la productividad. Resulta más sencillo incrementar el salario si se fomentan medidas que incentiven una mayor productividad.

Ocho países europeos: Lituania, Alemania, Polonia, Bélgica, Países Bajos, Grecia, Portugal y Francia ya anunciaron que incrementarán el salario mínimo entre un 5,6% y un 19% en 2023 para contrarrestar el impacto de la inflación.

Por su parte, el gobierno español, que ya subió el salario mínimo en 2022 hasta los 1.000 euros en catorce pagas, se ha planteado como un gran reto negociar con los empresarios un pacto para volver a elevar la cuantía.

Durante las últimas semanas del año, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, presentó un informe elaborado por la Comisión Asesora para el Análisis del SMI, en el que se recomendaba subir el salario desde los 1.000 a una horquilla fijada entre 1.046 y 1.082 euros en catorce pagas en 2023, algo que no descarta volver a revisar dentro de seis meses según haya evolucionado la inflación.

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