Cynthia Duque Ordoñez

“Habrá millones de negros que llegarán al Mediterráneo para cruzar Francia e Italia y Libia juega un papel en la seguridad en el Mediterráneo. Libia puede convertirse en la Somalia del norte de África.” Esta es la conocida como “profecía” de Muamar Gaddafi, el líder libio que tras pronunciarlas, a los pocos meses, fue asesinado en plena y cruenta guerra tras el golpe de Estado occidental disfrazado de primavera árabe que ha dividido a uno de los países más modernos y avanzados de África, y que aun hoy siete años después convierte la prospera y rica tierra de Libia en un páramo sombrío gobernado por los traficantes de esclavos que campan a sus anchas con la benevolencia de los militares autodenominados “autoridades”.

Foto tomada en Libia, donde una persona vale 400 dolares. Fuente Actualidad Humanitaria.

A las puertas de celebrar el día del refugiado acogemos a los migrantes rescatados por el Aquarius frente a las costas Italianas. Magnánimamente (para algunos) les damos 45 días de entrada extraordinaria, ¿pero después qué será de ellos? ¿Serán extraditados? ¿O serán encerrados en un CIEs – Centro de Internamiento de Extranjeros- , donde serán privados de libertad sin mayor motivo que ser inmigrantes?

Desde fuentes gubernamentales les instaran a pedir el asilo, sabedores de los difíciles requisitos para conseguirlo, sabedores de que huyen de la guerra, pero no siendo ésta mediática o durando generaciones los consideraran migrantes económicos, siendo falso. El año pasado de las 31.738 peticiones de asilo solo se otorgaron el 1.9% y concediendo la protección subsidiaria a otro escaso13.2 %.

Tras la foto del domingo, los migrantes que saltan la valla que separa España de Marruecos se siguen lacerando la piel, las barcazas que llegan a Canarias o Algeciras se siguen volcando y sus pasajeros ahogando. Tras la campaña de marketing todo sigue igual: los contratos de venta de armas con Estados conocidos por su beligerancia extrema o dicho de otra manera, países que actualmente son dictaduras y promueven limpiezas étnicas como Arabia Saudí, Guinea Ecuatorial o Israel.

Mar Mediterráneo, el mayor cementerio sin rostro.

“En Libia, a los largo de 2.000 kilómetros de costa mediterránea, todo está estable. Además, somos una puerta hacia Occidente, a través de la cual millones de africanos tratan de ingresar a Europa. En este caso, cooperamos con los países europeos. Si la situación se vuelve inestable, entonces (…) Libia se transformará en un segundo Afganistán: millones de inmigrantes se dirigirán a Europa, lo cual repercutirá en toda la región del Mediterráneo”. Palabras de Gaddafi, antes de ser asesinado, RT.

Libia como Afganistán se ha convertido en ruta del narcotráfico y dominio de los mercenarios convertidos en señores de la guerra.

Algunos podrían pensar que esta situación es producto de un fallo en el guión, ilusos pues su guión es exactamente lo que está ocurriendo. Lo mismo que ha ocurrido en cada una de las intervenciones militares extranjeras del último siglo.

Fracasadas las primaveras árabes apoyadas por Occidente y las invasiones militares norteamericanas en África, que sumen a la región en centenares de luchas internas entre señores de la guerra o mercenarios como Boko Haram, se genera el éxodo masivo que hoy de manera sesgada, ya que no podemos ni imaginar la magnitud de los hechos que en el terreno se sufren.

La guerra imperialista asienta el capitalismo. En un primer momento la exportación de armas supone innumerables beneficios que han permitido importantes repuntes macroeconómicos tras las crisis económicas –cíclicas- propias del sistema económico capitalista. En España supuso la venta de armas en 2017 un total de 4.346,7 millones de euros, aumentando un 7,3% respecto a 2016. Así figura en el informe sobre Exportación de Material de Defensa y Doble Uso que elabora anualmente la Secretaría de Estado de Comercio.

Las guerras destruyen el tejido industrial, pero también social de las naciones libres, lo cual las sumerge en el caos político y se acaba consolidando en forma de banalización de la violencia, sobre todo de la violencia sexual contra mujeres y niñas. La vulnerabilidad de esta sociedad quebrada es aprovechada por las organizaciones criminales de tráfico de personas para comercializar con migrantes que huyen de la muerte en sus países de origen y llevarlos a Europa, donde serán utilizados como mano de obra casi esclava, ya que vulnerables, desconocen sus derechos laborales y son carne de cañón de empresarios sin escrúpulos en el mejor de los casos y en el peor de los escenarios quedaran en manos de organizaciones de explotación sexual que se sirven del chantaje, las amenazas y la superstición de sus víctimas para evitar que escapen.

Los inmigrantes sirven en los países capitalistas occidentales como mano de obra sumisa, complaciente y extremadamente barata. Al mismo tiempo que las multinacionales y gobiernos occidentales explotan los recursos naturales y minerales de los países de origen.

Actualmente el tráfico de seres humanos es el negocio que más dinero mueve en Libia, un 40% de la moneda en circulación.

Durante décadas la UE ha tratado de controlar la inmigración llegando a pactos con Gaddafi, con el objetivo de que éste impidiera la proliferación de redes de tráfico de personas, sin embargo, tras su asesinato impera el caos. Un caos que la UE trata de paliar pactando con los dos caudillos que se disputan el poder dentro del país, igual que pactó con Turquía, el 20 de marzo de 2016, que todos aquellos inmigrantes que hubieran cruzado a la Unión Europea después de dicha fecha serían expulsados a Turquía, un país que no es conocido por el respeto a los derechos humanos, que ha financiado a grupos terroristas, los cuales han sembrado de sangre los campos sirios e iraquíes y donde proliferan las fabricas textiles ilegales con mano de obra semi esclava.

Niño cosiendo en una fabrica textil ilegal en Turquía.

El tratado ratificado por la UE y Turquía es contrario a uno de los valores sobre los que se construye supuestamente la Unión: la libertad de circulación, conocida como Acuerdo Schengen. Con las devoluciones en caliente los Estados europeos se aseguran controlar la mano de obra que llega a su país, sin que desborde sus estructuras sociales, de modo que puedan beneficiarse ellos sin que adquieran peso significativo en la sociedad, lo que vendría aparejado con cierto grado de organización y a la larga de lucha por el reconocimiento de sus derechos civiles. Mientras los migrantes estén diseminados y no construyan comunidades son fácilmente manipulables por el Estado.

El verdadero problema lo encontramos en la destrucción de los países de origen de los migrantes que les ha impedido llevar allí una vida digna, debemos comprender que solucionar el éxodo migratorio pasa por unirnos todas en contra de las  imperialistas. La solución no es provocar la despoblación de países geológicamente ricos para expoliarlos mientras que en Occidente explotamos sexual o laboralmente a sus pueblos, ni por tratarlos como a seres humanos de segunda clase, sino todo lo contrario. Solamente pararemos el éxodo de refugiados y sus penurias si respetamos la soberanía de cada una de las naciones. Aceptar que la época de las colonias, protectorados y metrópolis ha pasado. Ni mucho menos ayudará a erradicar el problema de raíz  crear corredores humanitarios en Túnez o llegar a pactos a cambio de grandes cantidades de dinero con las autoridades libias para que “controlen” la inmigración ilegal.

No tenemos nada que celebrar mientras algunos de nosotros mueran por la avaricia de unos pocos. No tenemos nada que celebrar mientras no pensemos en los países africanos como nuestros iguales y no como nuestra propiedad, mientras no dejemos de financiar mercenarios como hemos hecho en Siria o en Afganistán, mientras no dejemos de dar golpes de Estado encubiertos o de vender armas a dictadores amigos como Teodoro Obiang.

Es la hora de comprender que la paz en cada parte del planeta nos favorece a todas. Hoy la paz es una utopía, sin embargo, la historia la escribieron aquellas idealistas que creyeron que sus sueños eran justos y arriesgaron sus vidas por alcanzarlos.

Ojalá un día África se una en federación de Estados, que unidos sean lo suficientemente fuertes para forjar una civilización que viva en armonía con la naturaleza y con todos sus habitantes y el resto del mundo por más de mil años.

Solamente entonces no se acabarán de cumplir las predicciones sobre Libia: “veremos a los piratas atacando en Sicilia, en Creta, en Lampedusa. Ustedes verán a millones de inmigrantes ilegales. El terror está a la vuelta de la esquina”, Saif Al-Islam Gaddafi, New York Daily News.

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