María Garzón, portavoz de Actúa
Arantza Azmara Rodríguez, Concejala de Actúa en San Fernando de Henares


La información política cada día se parece más a la de la prensa deportiva, sobre todo a la de la época estival cuando, a falta de competición, sólo importa la rumorología del fichaje, con noticias diarias sobre un contacto entre clubes, las declaraciones de tal jugador, las opiniones del míster o el presi y el consiguiente culebrón que acaba (o no) en la incorporación de una estrella por tropecientos millones de euros a la plantilla intergaláctica.

Hace mucho que el fútbol dejó a un lado su espíritu deportivo para convertirse en espectáculo mediático y de mercado, dinámica que refleja la prensa especializada y un camino sin retorno cuando es don capital la mano que mueve los hilos. Más preocupante es que la política, que debiera ser el arte de gobernar los asuntos que afectan a una sociedad, haya caído en un funcionamiento similar. Titulares diarios sobre cómo respira tal político o tal partido; declaraciones grandilocuentes; tuits pretenciosos; mensajes centrados en respuestas de corto recorrido. Si el negocio y el espectáculo ganaron terreno al fútbol en su acepción más deportiva, el politiqueo y el cuchicheo de pasillo están a punto de vencer a la política.

¿Dónde está la política?  ¿En qué momento dejamos de percibir el proyecto de país que mueve a este o a aquel partido? ¿Cuándo nos hicieron el ‘toco mocho’ de transformar política en politicuchicheo de andar por casa?

¡Tontas, que es la estrategia electoral! Hablemos claro, hay que ganar elecciones. Cosechar suficientes buenos resultados para poder armar un gobierno, en solitario o en coalición. No entramos a discutir que las citas con las urnas son el instrumento imperfecto que pone en marcha nuestra también imperfecta democracia. Lo que no consentimos como ciudadanía es que se nos tome el pelo y nos hagan votar y votar hasta que el resultado agrade a quienes tienen posibilidades reales de gobernar.

Y aquí el PSOE nos está tomando el pelo a manojos. El PSOE, nostálgico de una suerte de bipartidismo, tiene como objetivo laminar todo lo que se sitúa a su izquierda ideológica. Todo forma parte del mismo plan de siempre: reducir a su mínima expresión útil y neutralizar a la izquierda alternativa. Lo hizo con el PCE, lo hizo con Izquierda Unida y ahora el toca a Unidas Podemos. Ese es su verdadero objetivo en todo este paripé negociador y este bucle electoral en el que nos hayamos inmersos. ¿Política? No, solo estrategia de partido, meternos un gol de rabona.

Ahora se reúne con los sindicatos y otros agentes sociales. Y los representantes de los sindicatos piden públicamente un gobierno de coalición con UP basado en un programa muy concreto. Pero el PSOE no quiere socios de Gobierno, no le gustan los nuevos tiempos ni adaptarse a la pluralidad de la sociedad reflejada en los resultados electorales. Anhela tiempos pasados. Anhela manejar el cotarro en solitario. Quiere una liga en la que solo el Real Madrid y el Barça tengan opciones.

La negociación sincera no humilla al otro ni le ningunea. El otro puede ser torpe, equivocarse, pero tiene derecho a pedir y a querer medir sus fuerzas. No se puede actuar con altanería, poner vetos personales y luego hacer público que no te aceptan una “oferta irrechazable”.

¿Una oferta irrechazable a quienes consideras no fiables? ¿Y es el otro el que se tiene que fiar de ti?

Lo que está claro es que estamos sin Gobierno. Y que hay una tendencia a equiparar responsabilidades. Sin embargo, esa exigencia de responsabilidades se hace desde una perspectiva política, una perspectiva que presupone que lo que está pasando se explica en términos políticos, y ahí si cabría exigir a las partes un acuerdo. Sin embargo, cuando es el politiqueo y la estrategia de partido la que marca todos los movimientos y quien puede, no quiere, nos están tomando el pelo. En especial a la izquierda alternativa porque, al parecer, no somos de fiar y pedimos cosas como la derogación de la reforma laboral y que se nos tenga en cuenta para formar parte de gobiernos. ¡Qué locas! Jugamos en segunda división.

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