La cineasta francesa Mia Hansen-Love presenta en España “Maya”, un filme contenido e intimista que cuentas las vivencias de Gabriel (Roman Kolinka), un reportero de guerra que sufre un enorme trauma del que sólo se puede recuperar a través de los ojos de la joven india Maya.

“El personaje de Gabriel nace de mis obsesiones, que son los temas que marcan mi cine: la vocación, la melancolía, y sobre todo, la forma en que se puede transformar la fragilidad en fuerza”, explica la directora en una entrevista con Efe realizada con motivo del estreno de la cinta este viernes.

Hansen-Love vuelve a trabajar con su actor fetiche, Roman Kolinka (París, 1986) en cierto modo, su alter ego, al que le unen muchas circunstancias: “Es melancólico, como yo, y como yo, muy contenido. Gabriel -se sincera- es la amalgama de los dos”.

La película cuenta la historia de este hombre de treinta años, reportero de guerra francés que tras ser retenido como rehén en Siria durante meses emprende un viaje por la India para tratar de encontrar el sentido de su vida.

Así llega a Goa, donde ha heredado una casona y donde su padrino tiene un precioso hotel al borde de la quiebra en el que vive con su esposa y su hija Maya, una joven rebelde y positiva.

“Por una parte, la película refleja el deseo de Gabriel de encontrar un espacio de paz y serenidad donde poder recuperarse; por otro, quería mostrar la India real, no la que estamos acostumbrados a ver, la de Bollywood o la de la eterna miseria y la putrefacción del Ganges”, señala la directora con un gesto de rechazo: “Te aseguro -afirma- que hay muchas Indias”.

Explica en ese sentido que el estado de Goa (que se hizo muy famoso como refugio de hippies en los años setenta), no se había mostrado mucho en el cine.

“En ningún momento vacié las calles o las playas de Goa, ni pedí permiso para rodar así que, si vas ahora, verás esos mismos paisajes”, asegura y rechaza de plano que, a pesar de las tomas casi de promocional que acompañan el viaje de Gabriel, también por la ciudad sagrada de Hampi, es un cierto espíritu documental.

También niega que “Maya” tenga nada de autobiográfico, aunque sí es “extremadamente personal” y “mucho más metafórica” que sus otras cintas, como “Eden: Lost in music” (2014), o “El porvenir” (2016): “Necesitaba usar la metáfora para plasmar la historia de la forma más novelesca posible”, explica.

Hansen-Love comenzó su carrera como actriz a los 18 años de la mano del que después sería su pareja y padre de su hija, Olivier Assayas, en 1981; diez años después, decidió probar suerte en la dirección, y con sólo 28 años, rodó tres películas. Pero fue el Oso de Plata a la mejor dirección por “El porvenir” la película que le situó en la vanguardia de los nuevos cineastas franceses.

Reconoce que la contención es “un poco las firma de la casa”; hoy, dice, “en el cine todo es claro, pesado, directo, contundente y eso es algo que realmente no es para mi. Ni para Roman Kolinka. Somos partidarios del pudor” y de los “personajes con recorrido, con detalles y contradicciones”.

La cinta muestra con toda sutileza los horrores del terrorismo islámico y alerta sobre el avance de los fundamentalistas en algunos países como Turquía. “Mis películas -explica Hansen-love- están ancladas en la realidad y en el momento actual y, ahora el terrorismo ocupa un importante lugar en nuestras vidas”.

“Opté por mostrarlo así porque yo no entiendo las películas actuales donde se contesta a la violencia con más violencia. Yo no pienso así, sino todo lo contrario”, resume Hansen-Love.

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