El mundo demanda y produce cada vez más plásticos que en su mayoría terminan en ríos, lagos y el océano. Con el tiempo, estos artículos tienden a degradarse y desprender partículas más pequeñas llamadas microplásticos, que son todas aquellas de un tamaño menor a 5 mm.

Análisis de agua y sedimentos en todo el mundo revelan que estas micropartículas se han extendido masivamente por los ecosistemas marinos y de agua dulce, así como en los suelos.

Otros microplásticos se añaden directamente a artículos de tocador y cosméticos, y llegan al medio ambiente a través de las aguas residuales de los hogares. Estas minúsculas piezas también pueden generarse durante la abrasión de objetos plásticos, como la erosión de las llantas al rodar sobre el asfalto o el roce de los textiles sintéticos durante el lavado.

Los microplásticos vienen en una gran variedad de tamaños, colores y composiciones químicas, e incluyen fibras, fragmentos, gránulos, escamas, láminas o espumas. Estos ingresan a los cuerpos de agua a través de diferentes vías, por ejemplo la escorrentía de tierras contaminadas, las aguas residuales municipales o la deposición atmosférica.

Las microfibras, que se han reportado como el tipo más abundante de microplásticos en aguas residuales y aguas dulces, son motivo de especial preocupación. Se han identificado en el tracto intestinal de zooplancton, organismos que viven en los lechos de los ríos y mejillones, y pueden provocar un bloqueo intestinal y la muerte por inanición de estos animales.

«La contaminación del agua por microplásticos es compleja y multidimensional, y su gestión efectiva requiere una variedad de respuestas», dice Birguy Lamizana, experto en aguas residuales del Programa de la ONU para el Medio Ambiente y coautor de un estudio sobre microplásticos en aguas residuales que se lanzará en los próximos meses en alianza con el Instituto Internacional de Gestión del Agua.

Wastewater
El río Tunasan en Filipinas es uno de los 21 principales afluentes del lago más grande del país, Laguna de Bay. Un estudio de 2018 encontró que 33% de todos los desechos sólidos en el río eran plásticos y que de los microplásticos analizados 91% eran fragmentos, 5% películas, 3% filamentos y 1% gránulos. Foto de Ramon F. Velasquez

Diferentes enfoques para enfrentar el desafío

En varios países ya se han introducido prohibiciones a los plásticos desechables y microplásticos en artículos de cuidado personal, y existen campañas para reducir el uso de dichos productos. Sin embargo, la contaminación por microplásticos a partir del lavado de prendas sintéticas plantea otros desafíos.

«Se estima que alrededor de 35% de los microplásticos en los océanos se originan del lavado de textiles sintéticos», dice Javier Mateo-Sagasta, coordinador de calidad del agua del Instituto Internacional de Gestión del Agua y coautor del estudio en alianza con el Programa de la ONU para el Medio Ambiente.

“Una posible solución es desarrollar sistemas en los hogares para evitar que los microplásticos se liberen en las líneas de alcantarillado o el medio ambiente. Existen tecnologías, por ejemplo, que pueden eliminar 97% de las microfibras», explica.

“Necesitamos una legislación efectiva para el manejo de microplásticos más allá de los artículos de tocador. Hasta ahora, las microfibras han quedado completamente fuera del ámbito de las políticas. Necesitamos explorar la aplicación de gravámenes sobre telas o productos con altas emisiones de microfibras para ayudar a financiar los costos crecientes del tratamiento de este problema”, añade.

«También debemos mejorar la gestión de la escorrentía para tratar los microplásticos, ya que hasta 80% de estas partículas que entran en los cuerpos de agua provienen de las fuentes terrestres», dice Mateo-Sagasta.

«Necesitamos diseñar y adoptar soluciones para limitar el traslado de los microplásticos desde las ciudades y los paisajes, proteger los cuerpos de agua de los vertidos contaminantes, restaurar los ecosistemas de agua afectados y minimizar la exposición de las poblaciones en riesgo», dice Josiane Nikiema, líder del grupo de investigación sobre economía circular y contaminación del agua en el Instituto Internacional de Gestión del Agua y coautora del estudio.

“El tratamiento de las aguas residuales y la escorrentía, y la gestión segura de los lodos de las depuradoras son hitos clave en el camino hacia el logro de estos resultados. La adopción y la implementación de la soluciones deben estar respaldadas por la legislación, tecnologías sólidas, instrumentos económicos, educación y conciencia que impulsen un cambio real sobre el terreno”, agrega.

En Europa y América del Norte, anualmente se agregan a los suelos cientos de miles de toneladas de microplásticos a través de lodos residuales de las depuradoras.

«La incineración de lodos para evitar la contaminación del suelo por microplásticos es una posibilidad, pero es costosa y priva a los suelos de materia orgánica que también es muy esencial para su salud», aclara Nikiema.TEMAS