Hoy se celebran 32 años de la caída del Muro de Berlín, que había dividido a la ciudad durante casi 30 años. Desde entonces se creía que este simbolizaba la libertad del futuro, ya que significaría el declive de la URSS y la decadencia de la Guerra Fría con Estados Unidos.

La fecha es celebrada con ahínco por supuestos demócratas, que hacen de tripas corazón y la vista gorda ante los muros que ahora dividen y vehiculan – o impiden -el mundo.

Miquel Ramos lo ha resumido perfectamente en un tuit: «Es muy sintomático como celebran algunos la caída del muro de Berlín mientras defienden la valla de Melilla y las políticas fronterizas de Europa con el Sur Global».

Y es que, como ha recordado el periodista Anibal Garzón, «Hace 32 años cayó el Muro de Berlín y nos dijeron que viviríamos en un «Mundo Libre». Tras su caída en 1989 el capitalismo ha levantado nuevos muros, donde las mercancías tienen más libertad que las personas. ¡Viva la Globalización Neoliberal!».

Situación actual en las fronteras

Sonora ha sido la reciente crisis en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, pero no puede obviarse lo que ocurre en el Sáhara Occidental, con un muro minado con minas antipersona, las tropelías de Estados Unidos o las devoluciones en caliente de España, los campos de Grecia, Serbia o el Líbano, las rutas migratorias en Francia…

El relato y azuzar la política del miedo sirve para que personajes reaccionarios capten el discurso más rancio que atenta contra vidas humanas, sin respeto y con poca o ninguna base de preparación sobre la temática.

Cabe recordar, además, que, quitando los refugiados climáticos de última ola, mayoritariamente, quienes abandonan sus casas lo hacen asolados por las políticas imperialistas de la misma Unión Europea y Estados Unidos.

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