Elena Blasco Martín
Secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO


Si algo teníamos claro cuando las movilizaciones de mujeres tiñeron las calles de violeta en aquel 8 de marzo de 2018 era que el orgullo heteropatriarcal, la supremacía machista que ha venido cultivándose en la sociedad a lo largo de los siglos, no tardaría en removerse y salir cargada de odio a combatir algo que ponía en entredicho su hegemonía.

En estos dos años, la escalada de declaraciones y comentarios ha ido  “in crescendo” paralelamente al empoderamiento de las mujeres y la visualización de todo aquello que hasta ahora había sido soterrado y callado, primero desde unos pocos púlpitos que creían que se trataba de una moda pasajera que se difuminaría con el tiempo y después con el ataque más armado de nuevos partidos políticos que, abrazados al populismo más pueril que abrigaba el fascismo clásico, atacaban todo aquello que pudiera contener trazas de feminismo, igualdad y libertad sexual, en una desesperada caza de votos.

Y por desgracia, esta ola continúa subiendo, con cada vez más elementos sumándose a la siniestra ecuación.

En las últimas semanas, días incluso, hemos podido leer o escuchar, con perplejidad en algunos casos, todo tipo de comentarios en los que algunos medios de comunicación, siempre ávidos de escalar en el prime time, han dado pábulo, para regocijo de algunos, destapando sin tapujos una profunda y marcada ola de puritanismo moral que está instalada en cierta parte de la sociedad desde hace siglos.

Es sorprendente ver como se empieza a tomar como algo natural que determinadas formaciones políticas hagan abiertamente apología de la homofobia, con aberrantes declaraciones como “si mi hijo es homosexual, prefiero no tener nietos”, explicando sus dirigentes que “están en contra del colectivo LGTBI que no representa a los homosexuales” y que se dé una difusión mediática exacerbada a tales manifestaciones, alimentando el ronroneo de todos aquellos intolerantes que desprecian y atacan aquello que les es diferente, a la par que germina un sentimiento anti organizaciones que no busca otra cosa que atacar y poner en entredicho colectivos y asociaciones que han sido impulsores y defensores de aquellas y aquellos que han decidido vivir su sexualidad con libertad.

Más grave, si cabe, puede ser el tratamiento que se le ha dado al trágico suicidio de una trabajadora de Iveco ante la presión que le supuso la viralización de un vídeo personal, en el que las declaraciones de algunos representantes de la “España Tradicional” han intentado blanquear la difusión de este tipo de contenidos bajo la lamentable premisa de que “si un hombre recibe un vídeo así, lo difunde”, dando por hecho que todos los hombres mantienen los mismos “valores” éticos de aquellos que se ganan la vida  a mi parecer con tradiciones nada respetuosas con el resto de habitantes de nuestro planeta.

Por suerte, la reacción en las redes sociales ha sido inusitadamente contraria y muchos hombres han expresado no solo su descontento con ser incluidos en esta forma de sentir y actuar, sino que han dado esperanzadoras muestras de que el feminismo realmente ha calado entre ellos.

Si reflexionamos, el problema no es solo que se hagan este tipo de declaraciones, ni que existan personas que piensen así a pesar de resultar muy triste para quienes que el siglo XXI será el siglo de la Igualdad. El problema es que hay quienes les han dado ese altavoz desde donde exponer sus ideas por un poco más de audiencia. Esta formula de amarillismo periodístico no es nueva, y lamentablemente hemos sido testigos de ello en los desagradables sucesos en los que las mujeres hemos estado involucradas, como el caso de las “niñas de Alcásser” o “la manada de los San Fermines”, por poner algún ejemplo; un intolerable panorama informativo que sigue repitiéndose cuando hay avidez carroñera.

Lo preocupante es que dan más valor con la difusión a un discurso que tiene más recepción y apoyo del que se demuestra, que remueve ese odio cada vez más en superficie de aquellos y aquellas que aún no han superado que las mujeres hayamos elevado la voz y hayamos situado una línea roja, de la que ya no vamos a retroceder.

Es evidente que empieza a salir a la luz una inquietante “pureza moral”, de personas y elementos de nuestras comunidades que viven anclados en el adoctrinamiento socio religioso que mamaron desde la infancia, impregnados de esos prejuicios supremacistas y homofóbicos que han impedido que la sociedad pueda avanzar en derechos e igualdad.

Pues tenemos una mala noticia que darles, no solo vamos a seguir nuestra línea de actuación, trabajo y reivindicación, sino que vamos a plantar cara a todos los estertores de un patriarcado en caída libre. Nos critican siempre los “ofendiditos” conservadores diciendo que la gente de izquierdas tenemos cierta “superioridad moral”; no, no es así, no lo habéis entendido bien, lo que tenemos es simplemente algo de lo que algunas y algunos de vosotros carecéis, tenemos moral, algo que, como en la religión que procesáis, “todos y todas promulgáis, pero nadie ha visto”.

 

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Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Alcalá de Henares (Madrid). Es Máster en Salud y Seguridad en el Trabajo, Técnica Superior en Prevención de Riesgos Laborales (con las tres especialidades por el Centro Universitario de la Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid), Máster Gestión Medioambiental en el sector de la construcción por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Energética de la Edificación por la Universidad de Extremadura, Máster en Género y Políticas de Igualdad y Máster en Liderazgo, Comunicación y Dirección de Organizaciones por la Universidad Rey Juan Carlos. En 2003 es nombrada secretaria de Derechos Fundamentales de la Federación Estatal de Construcción, Madera y Afines de CCOO. Además, ha sido secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO de Construcción y Servicios, miembro de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, de la FETCM del grupo de Coordinación de Seguridad y Salud y vocal del Consejo General del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo. Patrona de la FLC (Fundación Laboral de la Construcción), Fundación CEMA (Fundación Laboral del Cemento y Medio Ambiente) y de la FEPRL (Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales). En el 11º Congreso Confederal de CCOO de 2017 es nombrada secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de la Confederación Sindical de Comisiones obreras. Es responsable de la edición de la revista Trabajadora y forma parte del Patronato de la revista Gaceta sindical: reflexión y debate y de la Fundación 1º de Mayo de CCOO. Ha participado en numerosos artículos, ponencias y cursos en materia de igualdad de género en el ámbito laboral y sindical.

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