El alto representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones, Miguel Ángel Moratinos, ha urgido en Colombo a encontrar una solución al problema de los refugiados en Sri Lanka, después de que 1.600 de ellos fuesen atacados tras los atentados yihadistas que el 21 de abril causaron 253 muertos.

En un encuentro con el presidente del país isleño, Maithripala Sirisena, en la primera visita de un alto cargo tras los ataques de hace diez días a varias iglesias y hoteles de lujo, Moratinos destacó la necesidad «urgente» de encontrar una solución duradera a la seguridad de los refugiados.

«Cerca de 1.600 refugiados y solicitantes de asilo, principalmente de musulmanes ahmadis, han estado bajo ataque a raíz de los atentados de Pascua», indicó anoche en un comunicado la oficina de la ONU para la Alianza de Civilizaciones.

Moratinos, exministro español de Asuntos Exteriores, trasladó a Sirisena el apoyo de su organización en los esfuerzos para restaurar la armonía y la unidad tras las explosiones, reivindicadas por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en un país con un 9,7 % de musulmanes.

Mantuvo también un encuentro con el presidente de la Conferencia Episcopal nacional, cardenal Albert Malcolm Ranjith, al que felicitó por sus intentos de mantener la paz comunal tras la tragedia.

Moratinos realizó ayer una visita sorpresa de un día a la isla, donde se reunió, además, con el líder de la oposición, el expresidente Mahinda Rajapaksa; el primer ministro, Ranil Wickremasinghe; representantes de la sociedad civil y el equipo de Naciones Unidas en Sri Lanka.

Los atentados fueron cometidos por al menos nueve suicidas que portaban potentes explosivos, vinculados a organizaciones extremistas locales y reivindicados por el EI.

Horas después, una séptima detonación tuvo lugar en un pequeño hotel situado a una decena de kilómetros al sur de la capital, y la última en un complejo residencial, también en Colombo.

Esas explosiones fueron vinculadas por las autoridades con el intento de huida de varios sospechosos.

Desde entonces, se han hallado y desactivado numerosos artefactos explosivos en distintos lugares de la ciudad que se presume guardan conexión con estos ataques.

En estas pesquisas han muerto al menos 16 personas, se han detenido a cerca de otras 150, y se han incautado grandes sumas de dinero y armas.

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