Javier F. Ferrero

En Moria, Lesbos (Grecia) viven más de 8.000 personas hacinadas en un espacio diseñado para 3.000, según informa la ONG Médicos sin Fronteras. La superpoblación en el campo ha hecho que las condiciones de vida sean muy precarias y que la salud médica y mental de los habitantes se haya deteriorado y sus habitantes han vivido una escalada de violencia física y sexual, dentro y fuera del campo. Todo ello está afectando gravemente a la salud mental de las personas, incluidos los niños.

En el área principal de Moria, los habitantes disponen de un inodoro funcional para cada 72 personas y de una ducha para cada 84. Recursos muy por debajo de los estándares humanitarios recomendados para situaciones de emergencia.

Por todo ello, Médicos sin Fronteras indica que “estamos preocupados por la inseguridad, la falta de condiciones de vida dignas y el limbo administrativo en el que las personas permanecen durante meses o años en Moria. También por el deterioro de su salud mental“.

Aquí en Lesbos, parte de la razón por la que la salud mental se deteriora tan drásticamente es que las personas han vivido experiencias traumáticas y llegan a Europa esperando un refugio y un trato digno, pero se encuentran con lo contrario: más violencia y condiciones inhumanas”, comenta Giovanna Bonvini, la gerente de Médicos sin Fronteras de actividad de salud mental en Mytilene.

El otro día, un joven trajo a la clínica a su amigo en medio de un colapso psicótico, el chaval había sufrido violencia sexual. Presentaba un severo trastorno de estrés postraumático y sufría alucinaciones y flashbacks. Escuchaba ruidos por todos lados, y no pudo dejar de llorar durante las dos horas que dura la sesión“, explica Bonvini.

Tenía miedo a la oscuridad y le aterrorizaba constantemente la posibilidad de ser atacado en el campo. Nuestro equipo le trató con medicamentos y sesiones psicológicas intensivas. Ahora se encuentra estable pero nunca progresará mucho, ya que mientras viva en Moria permanecerá encerrado en un ciclo de desesperación y angustia“.

Cada semana, la ONG recibe entre 15 y 18 personas con graves problemas de salud mental, derivadas de otras ONG.

La mayoría de pacientes son recién llegados y sufren síntomas psicóticos que incluyen alucinaciones, agitación, confusión, desorientación. Tienen fuertes ideas suicidas o han intentado suicidarse“, cuenta Alessandro Barberio, nuestro psiquiatra en la clínica de Mytilene.

Algo muy preocupante, que sabemos por medio de nuestro grupo de terapia de salud mental para niños, es que tanto los menores no acompañados como los que tienen familia en el campo, se están traumatizando de nuevo por las experiencias que viven en Moria. En las últimas cuatro semanas, ha aumentado el número de menores que recibimos con intensos ataques de pánico, ideas suicidas e intentos de suicidio. Las atroces condiciones de vida y la violencia cotidiana en el campo están teniendo un impacto muy perjudicial en la salud mental de nuestros pacientes y está provocando que muchos de ellos desarrollen enfermedades mentales graves“, dice el doctor Barberio.

Desde MSF piden el traslado de las personas vulnerables de Moria a un lugar seguro y que se adecúe el número de habitantes a la capacidad del campo. solicitan a la Unión Europea y a las autoridades estatales que aumenten el acceso a la atención médica y la seguridad para los habitantes del campo. Insistimos en que se debe poner fin a las políticas de contención de migrantes y refugiados.

Nuestra experiencia demuestra que la política disuasoria del acuerdo de la Unión Europea con Turquía no es efectiva. Las personas siguen y seguirán huyendo de la guerra y el terror para sobrevivir. Encerrar en terribles e inseguras condiciones de vida a las personas que huyen simplemente traumatizará, aún más, a una población ya extremadamente vulnerable“, sentencian desde la ONG.

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