De nuevo volvemos a hablar de la omnipresente pandemia del Covid-19. Puede parecer cansino, pero considero que es necesario conocer un poco más de cerca las motivaciones políticas que subyacen en el relato de los grupos que lideran las corrientes de opinión negacionistas, para poder valorarlas y confrontarlas en su justa medida.

En puridad, el negacionismo de la pandemia también ha captado a una parte, pequeña pero ruidosa, de la izquierda real, pero la consideraremos despreciable, no porque lo sean personalmente sus perdidos devotos, sino porque se limitan a seguir la misma estela discursiva ultraliberal, aunque no quieran reconocerlo o no sean conscientes de ello. La intención con la que junto estas letras quizá sea para lograr que alguno de ellos se dé cuenta del ridículo que hacen cuando conozcan la raíz de los argumentos que repiten como mantras en las redes sociales. De hecho deberían hasta estar contentos, ya que los Trump, Bolsonaro, Q-Anon y demás, consideran que lo que se está preparando con la plandemia como excusa, es el fin del capitalismo. De ahí la rabia que demuestran los neocons. Pero no adelantemos acontecimientos, todo a su tiempo.

Y para sumergirnos en el lodazal ideológico de la derecha cavernaria, ya que vamos a hablar de política más que de medicina, usaremos como referencia a los medios de comunicación más característicos de ese espectro que se han aventurado a «profundizar» en este asunto. Por eso, no esperéis que escriba sobre si la pandemia existe o no, si es solo una simple gripe, si los muertos contabilizados no son tales, si se asesinan pacientes intencionadamente con los tratamientos, si los hospitales están vacíos… y sobre si todo responde a un plan para acabar con buena parte de la población o implantar un chip de control mental con la vacuna para convertirnos en dóciles ovejitas. No voy a gastar ni un solo milisegundo en refutar esas majaderías, hacerlo sería ponerse al nivel de individuos sectarios irracionales, de analfabetos científicos y de mentes obtusas y cerriles.

Hablaremos de geopolítica que, al fin y al cabo, es lo que solemos hacer aquí. Ya vimos cómo Aznar y los suyos saltaron como un resorte al principio de la pandemia porque se sentían amenazados existencialmente. El mundo entero vio cómo el mercado no era la solución a la pandemia, sino más bien un problema añadido (desabastecimiento de guerras de respiradores, mascarillas, buzos). Por eso las privatizaciones sanitarias, los recortes presupuestarios, el negocio de la sanidad privada, las deslocalizaciones de empresas y del I+D… se pusieron en entredicho ante la catástrofe hasta el punto en que nada será igual en el futuro.

Esto decía un informe de FAES, (la fundación que preside Aznar) hace poco más de un año, cuando le empezó a ver las orejas al lobo por causa de la pandemia:

«El Estado sustituirá a la sociedad civil y acaparará no sólo el poder político sino los recursos económicos y los medios de comunicación”

«…Bajo pretexto del cambio inevitable de nuestros modos de vida que traerá consigo la crisis, y de los nuevos paradigmas a los que deberán ajustarse las sociedades después de que esto pase, ya se vislumbra, no algo nuevo o sorprendente, sino el viejo rostro del estatismo y del control social».

De esta crisis sólo se saldrá con más estado y con menos globalización. Los estados han tenido que hacerse cargo de los salarios de millones de trabajadores, del rescate de empresas, del refuerzo de la sanidad, de los escudos sociales, del desarrollo de vacunas… y nada de eso es gratis, y menos en el contexto de una crisis aún no superada como la que se inició en 2008. Para pagarlo habrá que subir impuestos y serán necesarios cambios estructurales para no volver a repetir errores similares en los próximos años.

Ese es el problema, los neocons predicen el triunfo del marxismo como una consecuencia inherente a la crisis de la pandemia. Y no, no se trata solo de la FAES o del ínclito de Aznar, es un discurso muy común en la ultraderecha internacional. La «prueba» que supuestamente da veracidad a la existencia de esa conspiración marxista la encuentran en Davos, en el Foro Económico Mundial, en lo que se llama «El Gran Reseteo» o el conjunto de reformas necesarias para salir de esta crisis, superar el reto ambiental y reducir la desigualdad que no ha parado de crecer durante los últimos años.

La locura es que los ultraliberales dicen que Davos, mediante la Agenda 2030 que se pretende adelantar por causa de la pandemia, persigue el fin del capitalismo, la instauración de un modelo socialista, el fin de la propiedad privada y la nacionalización de las empresas. Todo ello, cuando los participantes en el Foro han sido líderes de países conservadores y grandes empresarios que no suelen destacarse por sus inclinaciones marxistas, ni siquiera socialdemócratas.

El texto de donde sacan todo esto en Libertad Digital es el siguiente:

«El capitalismo, el que se ha practicado en las últimas décadas, con su obsesión por la maximización de beneficios para los accionistas, ha dado lugar a una desigualdad horrible. Es hora de un nuevo capitalismo más justo, un capitalismo equitativo y sostenible que realmente funcione para todos y donde las empresas, incluidas las tecnológicas, no solo toman de la sociedad, sino que realmente devuelven y tienen un impacto positivo”

Inferir de un texto que sólo trata de demandar un mundo más justo, la instauración universal del marxismo, ya son ganas de inventar. Pero una cosa sí es patente: la intención del periódico de usar al marxismo como un espantajo para impedir cualquier tipo de avance social porque eso mermaría algunos suculentos negocios de sus patronos. En cualquier caso, más bien el texto del Foro viene a coincidir con aquel concepto vano de Sarkozy de “refundar el capitalismo” de 2008.

La otra gran «prueba» de que el mundo se encamina hacia el modelo económico chino es la presencia en Davos, como invitado, del presidente chino Xi Jinping, junto a un Macron y una Merkel recientemente convertidos al socialismo. La conexión del Gran Reinicio —engendro maoísta y xinpingiano, Losantos dixit— con la pandemia, la hallan también los de LD:

“…es todo un mensaje directo que parece confirmar que la pandemia de Covid-19 quiere convertirse en el eje de un proyecto mundial de cambio institucional, tecnológico, económico y cultural. Ahora, las sospechas, llamadas conspiranoicas, acerca de la pandemia como plan oculto de autores ocultos para dar paso a cambios esenciales que quieren reducir el poder de las naciones tradicionales y promover una globalización pro China, tienen el campo abonado para extenderse”.

Para la derecha liberal, queda patente que el Covid-19 es una grave amenaza vital. Ese es el motivo por el cual están azuzando a sus perros, para frenar cualquier cambio de paradigma que pudiera estar por venir. Y ese es el origen de la campaña desinformativa que han lanzado en todo el mundo para minimizar la pandemia o incluso para negarla. Conviene tenerlo presente, sobre todo para quienes, desde la izquierda, están bailando al son que tocan los ultraliberales. Es obvio que no hay que hacerse ilusiones de poder convencer ningún negacionista, los mecanismos mentales que usan son muy parecidos a los que desarrollan las personas atrapadas por sectas psicodestructivas (aunque los daños sean autoinflingidos); pero si hemos contribuido a sembrar al menos la semilla de la duda, es como para estar satisfechos.

Y, lógicamente, tampoco hay que confiar de nada que venga de los poderosos, al menos nada que hagan de motu propio. En cuanto vaya siendo posible, tenemos que tomar las calles para demandar cambios estructurales que garanticen que se ponga a las personas en el centro de la actividad política y hacer realidad las pesadillas y profecías de los ultraliberales: el fin del capitalismo y la universalización del socialismo.

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