Ana de Blas

Un hombre golpea durante dos horas a una joven de 25 años por todo el cuerpo, le da cabezazos contra el suelo y la agrede sexualmente. Meses después, en noviembre de 2018, es condenado a dos años de prisión y a una multa de 900 euros. La pena que recibe ha sido rebajada porque la víctima tenía “experiencia como actriz en la escuela”, motivo por el cual la mujer podría haber “dramatizado” su declaración, según la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia. 

Ilustración de Javier F. Ferrero

“Soy actriz y no miento. Yo te creo”. Una foto, un folio en blanco y un pequeño texto pintado con rotulador han sido las herramientas de la Associació d’Actors i Actrius Professionals Valencians (AAPV) para protestar ante lo que consideran una sentencia humillante para la víctima y para las profesionales de la interpretación. La asociación publicó enseguida un comunicado entre la indignación y la sorpresa: “¡Y eso que solo había hecho teatro en la escuela! En qué lugar le deja esto a una actriz profesional? Una profesional, entonces, ¿tiene que conseguir un juicio diferente? ¿Se debe dudar de su palabra estrictamente porque puede «interpretar»? ¿Tiene menos valor nuestra palabra como mujeres por ser actrices? No podemos consentir que en las sentencias se construyan este tipo de evaluaciones machistas”.  

“Me indignó muchísimo esta sentencia, como si viviéramos en dos realidades paralelas”, dice también Pilar González Almansa (Córdoba, 1976), directora teatral y dramaturga. Ella forma parte del equipo directivo de la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro (LPMT), una organización nacida en 2016 para promover la visibilidad y la igualdad. “Supone una denostación tremenda de la profesión de actriz, por varias razones. Primera, porque interpreta que es mentirosa per se; segunda, porque se cree que utilizan lo que aprenden para mentir. Y eso es completamente falso, los actores y actrices trabajan con la verdad cuando actúan, no están “mintiendo”, están interpretando, dentro de su papel”. Esta es, para la dramaturga, una peligrosa forma de pensar sobre todas las mujeres y en especial, sobre las actrices. 

“Hay una línea argumental que va de actriz a mentirosa, de mentirosa a mujer”, recalca. Hace un año, esta mujer redactó un “Manifiesto contra el acoso en el teatro: una profesión de putas” para la LPMT. El título es una provocación y una cita de un libro de David Mamet; el texto, una denuncia contra la violencia y los estereotipos sobre las actrices. “La nuestra no es una profesión de putas: es una profesión de depredadores sexuales que abusan de su posición dentro de la industria”, escribió entonces. 

González Almansa tiene actualmente en cartel “Cama”, un texto político-poético sobre el feminismo en la intimidad. Las artes escénicas vivieron con especial intensidad el crecimiento del MeToo que supuso un punto de inflexión, durante todo el último año, sobre el silencio de las mujeres ante el acoso sexual, y en definitiva, sobre cuestiones cruciales como el consentimiento y la credibilidad de las que denuncian. Desde muchos años atrás el feminismo, como movimiento social y como teoría política, viene preparando el terreno para llegar a la comprensión social y al concepto jurídico de cada forma de violencia machista. En este último año ya nadie duda de que el movimiento por la emancipación de las mujeres vive una nueva oleada que cada poco tiempo clama, en la calle o en las redes sociales: “Injusticia patriarcal”, contra sentencias que no entiende, en esa otra realidad de la que habla la directora. 

“Todo esto ha generado la posibilidad de hablar, de no sentirse sola”, dice González Almansa, “y se está revitalizando no solo el feminismo, sino todo lo asociativo, hay una corriente social muy amplia”. Una “cuarta ola” levantada, principalmente, contra la violencia sexual y lo que millones de mujeres llaman la cultura de la violación. La impunidad del acosador y del agresor sexual es uno de los primeros escalones de ella y no es casualidad que hayan sido precisamente las actrices, esas “mentirosas que dramatizan” según los estereotipos machistas, las que hayan roto el muro del silencio con más fuerza.