Elena Blasco Martín
Secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO


Hoy más que nunca, nadie puede discutirnos a las mujeres nuestra capacidad productiva dentro del ámbito laboral. Otra cosa muy distinta es el cómo se estima nuestra aportación y, por supuesto, la valoración de esa incorporación; teniendo en cuenta que, si hay algo incuestionable, es el hecho de que, de una manera u otra, la integración de mujeres y hombres en el mundo del trabajo no se ha producido de manera igualitaria en ninguna de las esferas de intervención laboral. La ausencia de mujeres en los puestos de poder o la sangrante brecha salarial son dos ejemplos de ello.

Tal vez esa desigualdad se deba a una concepción cultural e histórica que perpetúa estereotipos y roles sexistas enmarcados dentro de lo que llamamos división sexual del trabajo; pero lo que antes no había sucedido -y que muestra el deterioro de las políticas progresistas, con el avance generalizado de manera internacional de una mentalidad machista, patriarcal y ultraderechista- es precisamente que, por primera vez, comienzan a propagarse absurdas ideas sobre por qué las mujeres decidimos postergar nuestra maternidad o no tener descendencia.

Las constantes alusiones a los derechos y a las libertades logradas gracias a los métodos reproductivos, así como a las técnicas de interrupción voluntaria de la gestación, son una pequeña muestra de cómo el mundo gira en torno al análisis de por qué nacen menos niños y niñas. Y lejos de analizar de manera global, lógica u objetiva la realidad -y, sobre todo, el día a día de cómo las mujeres nos enfrentamos a nuestro entorno personal, educativo, social y laboral- las noticias, las intervenciones públicas e incluso algunos de los programas políticos se aferran a la idea de que el fin de todos los problemas sociales está en tener un mayor número de hijos e hijas.

Oímos tristes alusiones a las madres migrantes; escuchamos la “recomendación” de aumentar la descendencia para solucionar el cobro de las pensiones y, a la vez, soportamos ataques a las puertas de las clínicas de interrupción voluntaria del embarazo e insultos en los centros de planificación familiar, complicando e impidiendo que las mujeres decidamos ser madres.

La última encuesta de fecundidad del Instituto Nacional de Estadística (https://www.ine.es/prensa/ef_2018_d.pdf)

(INE) 2018 nos muestra datos que derivan en lo que podríamos llamar la triada: mujeres-familia-trabajo. La encuesta no deja lugar a dudas y muestra como las mujeres hemos ido retrasando la edad de procrear de manera continua a lo largo de estos últimos años, llevándonos a la conclusión de que la incorporación al ámbito laboral ha ido generando, de manera constante, un aplazamiento persistente de la decisión de la maternidad.

Esta encuesta en donde se analizan diversas variables para determinar una correlación objetiva entre edad, situación laboral, número de descendientes e incluso nacionalidad muestra que: “El 42% de las mujeres residentes en España, con edades comprendidas entre los 18 y 55 años, ha tenido su primer hijo más tarde de lo que consideraban ideal”. Una afirmación que acentúa, lo que ya señalaba anteriormente, la falta de “libertad” para elegir cuándo ser madres y cuánta descendencia nos gustaría tener.

Los motivos -que se señalan en el análisis de los datos y que justifican ese retraso de la maternidad- son el resultado de una funesta suma de: razones laborales, falta de conciliación de la vida familiar y laboral y aspectos económicos. Razones alegadas por más del 30% de las mujeres de todas las edades- y que llegan a sobrepasar el 36% para las que tiene descendencia más allá de los 35 años y 45 años. Curiosamente son los mismos motivos que se esconden tras la justificación de aquellas otras mujeres que, aun siendo madres, deciden no tener más descendencia.

La triada mujeres-familia-trabajo es de difícil engranaje pues, en todos los grupos de edad, el porcentaje de mujeres que trabajan y que no tienen descendencia es superior al de las mujeres que ya han sido madres. La inactividad, la situación de desempleo, y un menor desarrollo de nivel de estudios son las variables que potencian la maternidad a una edad más temprana y determinan un mayor número de hijos e hijas.

“Ser mujer no es fácil” pero -en un mundo en donde se nos penaliza laboral, profesional y socialmente por nuestro sexo, género y capacidad reproductiva- es aún más complicado conseguir una valoración positiva de todas y cada una de nuestras cualidades, capacidades y talentos en la justa medida que se merecen.

Fotografía de Txefe Betancort

Por desgracia, no estamos ante un panorama social y político propicio para conseguirlo, pero nosotras si de algo sabemos es de luchar, perseverar, resistir y vencer.

La solución no pasa por convertirnos en maquinas reproductivas de futuros niñas y niños que vengan a una sociedad sin un horizonte igualitario, donde campe la falta de derechos y las libertades sean casi un recuerdo; la solución se encuentra en valorar a las mujeres y sus capacidades laborales, la solución se encuentra en sociedades donde la corresponsabilidad entre hombres y mujeres sea una realidad y donde los Estados sepan cuáles son sus obligaciones (escuelas infantiles gratuitas de 0 a 3 años, ley de dependencia para facilitar la autonomía personal de quienes lo necesiten, etc…).

Las mujeres somos las únicas que podemos ser el germen de la colectividad futura, hemos aunado fuerzas en concentraciones y movilizaciones potentes en donde hemos confluido mujeres de todas las edades y hemos conseguido movilizar a una gran parte de la sociedad hacia un fin común.

Es un hecho, somos la solución a la ecuación, somos el alfa y el omega, somos conscientes de nuestro poder y de lo que representamos, por ello trabajaremos por crear una sociedad donde merezca la pena convivir en igualdad y libertad. Es de justicia, es por nosotras.

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Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Alcalá de Henares (Madrid). Es Máster en Salud y Seguridad en el Trabajo, Técnica Superior en Prevención de Riesgos Laborales (con las tres especialidades por el Centro Universitario de la Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid), Máster Gestión Medioambiental en el sector de la construcción por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Energética de la Edificación por la Universidad de Extremadura, Máster en Género y Políticas de Igualdad y Máster en Liderazgo, Comunicación y Dirección de Organizaciones por la Universidad Rey Juan Carlos. En 2003 es nombrada secretaria de Derechos Fundamentales de la Federación Estatal de Construcción, Madera y Afines de CCOO. Además, ha sido secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO de Construcción y Servicios, miembro de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, de la FETCM del grupo de Coordinación de Seguridad y Salud y vocal del Consejo General del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo. Patrona de la FLC (Fundación Laboral de la Construcción), Fundación CEMA (Fundación Laboral del Cemento y Medio Ambiente) y de la FEPRL (Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales). En el 11º Congreso Confederal de CCOO de 2017 es nombrada secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de la Confederación Sindical de Comisiones obreras. Es responsable de la edición de la revista Trabajadora y forma parte del Patronato de la revista Gaceta sindical: reflexión y debate y de la Fundación 1º de Mayo de CCOO. Ha participado en numerosos artículos, ponencias y cursos en materia de igualdad de género en el ámbito laboral y sindical.

1 Comentario

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