En la primera mitad siglo XX no se había popularizado la fotografía ni había recreaciones en 3D. La ilustración de plantas recién descubiertas, peces y otros animales extraordinarios para acompañar estudios científicos y mostrarlos en los museos se convirtió entonces en una necesidad. Muchas de esas primeras obras científicas, de extraordinaria precisión y belleza, las realizaron mujeres.

Josefa Sanz Echeverría (1889-1952) preparaba peces naturalizados a comienzos del siglo XX. Muchos de ellos forman parte de una fascinante colección del Museo Nacional de Ciencias Naturales en España. Josefa fue la primera ayudante técnica de laboratorio en la Estación de Biología Marina de Santander, creada en 1886 y adscrita al Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) en 1901. Aquel fue el primer laboratorio dedicado en España a la Biología Marina.

El puesto de auxiliar artístico ha sido protagonizado, en muchos casos, por mujeres que han caído en el olvido. ¿Es casualidad? Los nombres de Josefa Sanz, Paula Millán y Luisa de la Vega son un ejemplo de excelentes ilustradoras científicas que nos proponemos rescatar.

Las flores de Paula Millán

Paula Millán nació y murió en la calle de Atocha, en Madrid. Era completamente sorda. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y llegó al Jardín Botánico como auxiliar artístico el 30 de mayo de 1933. Compaginó su labor de ilustradora con la de docente en la Escuela de Estudios Auxiliares de Investigación, perteneciente al CSIC. Su obra está compuesta por abundantes dibujos de la flora española y se caracterizó por el enorme detallismo, por la claridad y la belleza de sus trazos.

Fue una de las –entonces todavía escasas– mujeres que participaron en muestras colectivas desde los años veinte, como el Salón de Otoño, y que protagonizaron exposiciones individuales en el Círculo de Bellas Artes (1925) y el Museo de Arte Moderno (1930). El ilustrador botánico Juan Luis Castillo le dedicó el único artículo publicado hasta la fecha que recoge sus contribuciones, a pesar de que las cualidades de Millán “la sitúan en uno de los puntos más altos de la ilustración botánica”. Todavía sigue sufriendo un olvido injustificado que merece la pena resarcir.

La mayoría de sus dibujos se encuentran depositados en el Archivo del Real Jardín Botánico.

Lirios de mar

El Museo Nacional de Ciencias Naturales contó con anterioridad con dos grandes ilustradoras científicas: Luisa de la Vega y, como se ha visto con anterioridad, Josefa Sanz, que compartieron el mismo espacio alrededor de las décadas de 1920 y 1930.

Estas dos personalidades tan singulares se encargaron de ilustrar el campo de la zoología, especializándose en la marina (estrellas de mar, lirios de mar, poliquetos y un largo etcétera).

Luisa de la Vega, especialista en fauna marina, comenzó su carrera en la Estación de Biología Marina de Santander junto a su marido, el catedrático de Historia Natural de la Universidad de Santiago de Compostela Augusto González de Linares. González de Linares encabezó la defensa por la libertad de la enseñanza, en 1875 y escandalizó a la sociedad por su defensa de la Teoría de la Evolución de Darwin.

En la mayoría de los casos, Luisa de la Vega realizaba dibujos a plumilla, en tinta generalmente negra, destacando cada detalle morfológico de plantas, peces, poliquetos y otros invertebrados marinos. Luisa utilizaba distintos tipos de papel, algunos duros y de textura lisa (quizá copias recortadas de publicaciones impresas). Otros de papel fino, resquebrajado por los bordes y de colores más oscuros que reflejan los materiales de la época.

Luisa de la Vega y Josefa Sanz Echevarría coindicieron en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y establecieron una colaboración plenamente femenina que resulta novedosa en la época.

La ilustración científica se ha caracterizado por buscar, de forma constante, el apoyo visual para los estudios que llevaban a cabo los investigadores o la creación de ilustraciones con carácter didáctico. Sin duda, la enseñanza por medio de estas ilustraciones resultaba fundamental en los laboratorios y en los cursos que se impartían en estas instituciones. El papel de las mujeres ilustradoras científicas, no puede olvidarse.

Tras la pista de sus imágenes

En el transcurso de mi investigación sobre el ilustrador Serapio Martínez, considerado el ilustrador institucional del MNCN, me topé con las acuarelas y los dibujos de todas estas autoras. Son un verdadero tesoro que custodia el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico. Sus fotografías personales, además de contar con una enorme belleza, describen muy bien su labor y su contexto histórico (ya sea por los instrumentos utilizados, sus vestimentas, sus peinados…), así como las salas de exposición de la época ¡Una imagen vale más que mil palabras!

Alba Lérida Jiménez – The Conversation

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