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Red EQUO Mujeres


El envejecimiento demográfico es una tendencia mundial. En España 9,1 millones de personas tienen 65 años o más, el 19,4% de la población total (INE, junio 2019). Estas cifras suponen un incremento de 400.000 personas de 65 años o más en dos años. El número de personas mayores de 80 años también sigue en aumento. Los últimos años indican una tendencia de crecimiento continuado, con unas previsiones para 2050, en las que las personas mayores de 65 años representarán más del 30% del total de la población española (cerca de 13 millones de personas – en 40 años 1 de cada 3 españoles será mayor de 65 años). Y las personas mayores de 80 años llegarán a superar la cifra de 4 millones (lo que supondrá algo más del 30% de la población mayor).

Este envejecimiento de la población es un éxito que responde a una combinación de avances sociales y cambios demográficos, y un reto que es necesario abordar, desde la sociedad en su conjunto y desde las administraciones y las políticas públicas en particular. Y estas políticas públicas deberán tener en cuenta que las mujeres y los hombres envejecemos de forma diferente.

Es una realidad que las situaciones que vivimos mujeres y hombres a medida que envejecemos son similares en algunos aspectos pero muy diferentes en otros. Muchas de esas diferencias tienen que ver con trayectorias vitales marcadas por un sistema patriarcal y la diferencia de roles adjudicados a unas y a otros. Existen por ejemplo diferencias en los recursos económicos y sociales de los que disponen hombres y mujeres mayores, incluso en el uso diferente que hacen de los servicios y recursos públicos o del espacio público. También el tratamiento que los medios de comunicación hacen de la imagen de mujeres y hombres mayores es diferente, así como la valoración de unas y otros.

Empezando por la esperanza de vida de la población española al nacer, una de las más altas del mundo, 83’3 años, refleja una diferencia de casi 6 años, siendo 80’4 para los hombres y 86’2 para las mujeres. Esto supone que viven aproximadamente un 33% más de mujeres mayores de 65 años que hombres mayores de 65 años.

Otro dato interesante e ilustrativo hace referencia al aumento del número de personas mayores de 65 años que viven solas en nuestro país, la gran mayoría son mujeres. Cambios en nuestra forma de vida, el crecimiento de la población en las ciudades y la despoblación del medio rural, han contribuido a este incremento. De los 4,7 millones de personas que viven solas, más de dos millones tienen 65 años o más (INE, 2018). Y la mayoría, el 72%, son mujeres, frente al 28% de hombres (1.465.600 mujeres y 572.100 hombres). Esta diferencia se incrementa con la edad, 850.000 personas que viven solas tienen 80 o más años y la diferencia entre hombres que viven solos y mujeres que viven solas, aumenta, el 78%, son mujeres (662.000 mujeres frente a 188.000 hombres mayores de 80 años).

El abuso y maltrato a personas mayores es una realidad que los últimos años ha empezado a visibilizarse. Aunque existe desde hace tiempo todavía disponemos de pocas investigaciones que ofrezcan datos detallados y las personas mayores por lo general no denuncian estas situaciones entre otros motivos, porque dependen económica y emocionalmente de quien les maltrata. A mayor vulnerabilidad, mayor riesgo de sufrir situaciones de abuso y maltrato. Algunos estudios estiman que aproximadamente el 65% de los casos de malos tratos a personas mayores son a mujeres. No obstante, es importante distinguir entre maltrato a personas mayores por el hecho de ser mayores, y violencia de género en mujeres mayores por el hecho de ser mujeres, ya que el origen y las causas son diferentes y por lo tanto la forma de abordarlo será diferente.

La combinación de género y edad hace más proclives a las mujeres mayores a poder sufrir algún tipo de malos tratos. La violencia y maltrato hacia las mujeres mayores es una realidad especialmente invisibilizada, es necesario establecer medidas específicas para visibilizarla, y conocer los datos de esta realidad.

La discriminación por edad o edadismo la sufren hombres y mujeres, pero también de forma diferente en algunos aspectos ya que los estereotipos asociados al papel que deben jugar las mujeres y los hombres se suman a la edad, con una gran carga cultural al edadismo se le suma el sexismo, que hace que las mujeres mayores sufran una doble discriminación, por ser mujer y mayor.

Si hablamos de recursos económicos, existe una brecha de género clara en las pensiones. La Secretaría de Estado de la Seguridad Social cifra la brecha de género de las pensiones públicas en el 35%, aunque el dato positivo es que esta brecha está disminuyendo, en parte porque van llegando a mayores mujeres que han podido cotizar en su etapa laboral.

Esta diferencia en los recursos económicos tiene consecuencias directas en la salud y la calidad de vida. Por ejemplo, si hablamos de pobreza energética, el 5,9% de las personas mayores destinan hasta 1/3 de sus ingresos al gasto energético de sus hogares. Existen diferencias estadísticamente significativas en función del sexo. El porcentaje de mujeres que asumen un gasto energético en sus hogares de hasta un tercio de sus ingresos es muy superior al de los hombres (un 8,2% de mujeres frente a un 1,8% de hombres).

En relación a los cuidados, las mujeres mayores cuidan de otras personas con mucha mayor frecuencia que los hombres mayores, ya que tradicionalmente hemos sido las encargadas del cuidado. No obstante, se observa un ligero cambio y en edades avanzadas empieza a aumentar el número de hombres que cuidan, aunque sigue existiendo un desequilibrio.

En cuanto al uso de los espacios públicos o, por ejemplo, la percepción de la seguridad en los espacios públicos es diferente en función del género. Esto puede hacer que las mujeres mayores frecuenten menos ciertas zonas de la ciudad, calles, parques, etc…

La mayor esperanza de vida en las mujeres que en los hombres no significa una mejor salud y calidad de vida de las mujeres. Más bien al contrario, nuestra vida con buena salud y sin enfermedades crónicas es más corta que la de los hombres, y las diferencias tienen más que ver con los roles y estereotipos de género, que con diferencias ligadas al sexo biológico (que también existen).

Es especialmente llamativo el impacto de las desigualdades de género en las enfermedades mentales, como la depresión y la ansiedad, que tienen una presencia casi tres veces superior en mujeres que en hombres, diferencia que se acentúa con la edad.

Por lo tanto, es imprescindible aplicar una perspectiva de género que tenga en cuenta por igual las necesidades y demandas de mujeres y hombres mayores a la hora de diseñar políticas dirigidas a mejorar la calidad de vida de la población mayor y abordar cambio demográfico. Es importante, además, que los indicadores para el seguimiento y evaluación de estas políticas, recojan datos desagregados por sexo que permitan conocer el impacto de actuaciones concretas en hombres y mujeres mayores, para que en el caso de que existan diferencias en ese impacto, poder establecer medidas para corregirlas de forma que mujeres y hombres se beneficien por igual de estas políticas.

Para terminar, no sólo estamos viviendo un envejecimiento demográfico en todo el mundo, sino que se está produciendo muy rápidamente, podríamos hablar de la “revolución de la longevidad” en el siglo XXI. Y van llegando a la vejez la primera generación de mujeres que se incorporó en masa al mercado laboral, con un gran esfuerzo de adaptación para ganar en independencia mientras continuaban con la carga de trabajo doméstico que culturalmente les había sido asignada. Son principalmente las mujeres mayores las que están revolucionando la forma de envejecer.

 

1 Comentario

  1. Y para más INRI, el caldo tóxico en el que estamos inmersos desde hace varias décadas, afecta más a las mujeres que a los hombres, aunque, los problemas heredados por la prole no diferencia en función del sexo

    Pero como en las Facultades de Medicina en España, NO se estudia TOXICOLOGÍA, en los servicios sanitarias nos victimizan aún más, pues en lugar de buscar la causa de nuestros problemas de salud, se nos atiborra de fármacos tapasíntomas, y nos colocan la etiqueta de locas

    Situaciones como éstas, se producen diariamente en millones de hogares españoles

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