José Alberto Mujica Cordano,​ más conocido como Pepe Mujica, cuadragésimo presidente de Uruguay, es una de las voces más escuchadas en este mundo, falto de políticos con la cabeza bien amueblada y conciencia de clase, cuando se intenta buscar algo de cordura. Su pensamiento, siempre enfocado al bien de la clase trabajadora, dista mucho de la línea general de ex políticos, véase Felipe González.

Durante este coronavirus, en el que ha tenido que confinarse de forma extrema por enfermedad casi desde que en maldito virus dio sus primeros casos, ha intentado mostrar su lado más crítico para avisar de lo que viene, pero también de por qué vino: «Nada en demasía, decían los griegos, porque todo tiene límites y la naturaleza también, pero lo olvidamos».

En un pequeño texto en El País, traza unas líneas generales en las que expone los errores que nos trajeron aquí: «No se debe navegar sin timón, pero en la globalización lo olvidamos. La condujo solo la fuerza del mercado y la tecnología y no estuvo la conciencia política en este proceso».

Mújica pide cambio, ya que quizá la próxima vez no lo contemos. Hay que cambiar el sistema: «El viejo liberalismo mutó, se hizo ‘liberismo’, y abandonó su humanismo. Hoy, si pudiera creer en Dios, diría que la pandemia es una advertencia a los sapiens«.

Sobre la que se nos viene encima, expone que «la destrucción de valor augura pobreza. Ante el peligro la gente se refugió en el Estado. Hablan de nacionalizar, reindustrializar, de soberanía sanitaria y farmaceútica».

«Surgirán nacionalismos chauvinistas y salarios a la baja. Los escalones bajos de las clases medias en peligro cuestionarán a los Gobiernos y serán el grito de las calles. Los autoritarismos tendrán su primavera, lo mismo que la especulación, intentarán apropiarse de valores a precio de ruina. Habrá quienes pidan solidaridad económica y financiera para con los pobres del mundo y algún gesto de mil millonarios. Los unos y los otros será como cantarle a la luna», subraya.

Pero no acaba así la cosa, pues lo que nunca pierden van a querer continuar ganando: «Los bancos centrales del mundo rico inundarán de dólares y euros a sus países. Si la cooperación no logra mitigar a la competencia habrá tensiones geopolíticas dramáticas entre Oriente y Occidente».

Para rematar, lanza una serie de preguntas sin respuesta para hacer reflexionar a quienes creen tenerlo todo claro, sin entender que el sendero que se recorre, basado en el capitalismo, es sinuoso y lleno de trampas:

  • ¿Los humanos estamos llegando al límite biológico de nuestra capacidad política?
  • ¿Seremos capaces de reconducirnos como especie y no como clase o país?
  • ¿Mirará lejos la política para hacer maridaje con la ciencia?
  • ¿Recogeremos la lección del desastre al ver cómo revive la naturaleza?
  • ¿La medicina, la enseñanza, el trabajo digital más la robótica se afianzarán y entraremos en una nueva era?
  • ¿Habrá fuertes batallones de médicos capaces de ir a luchar por la vida en cualquier lugar o seguiremos gastando tres millones de dólares por minuto en presupuestos militares?

«Todo depende de nosotros mismos», sentencia el expresidente. Solo nos queda hacerle caso.