Dos de cada tres españoles se declaran católicos, pero no llega a un tercio de ellos (el 22,7%) los que afirman ir a misa o confesarse, según el último barómetro del CIS, que por primera vez constata que los ateos, agnósticos o no creyentes superan a los católicos practicantes al llegar al 29%.

El delegado de Enseñanza de la Diócesis de Cartagena, José Ruiz, junto a el Obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes

Por primera vez se constata que los ateos, agnósticos o no creyentes superan a los católicos practicantes. Apenas un 2,3% afirma pertenecer a otra religión distinta a la católica.

De los datos que arroja el CIS llama la atención la región de Murcia, donde un 36,2% de murcianos es católico, acude misa o se confiesa, mientras que un 42,5% se declara creyente no practicante. Solo el 6,2% de los ciudadanos de la Comunidad se consideran agnósticos, mientras que un 7,5% se declara indeferente o no creyente, y otro 7,5% atea.

¿Y cuál es el problema de esto?

El problema que arroja esta situación de predominancia de privilegio para la estructura católica, consagrada en los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979 aseguran, está en el flujo económico ininterrumpido desde las arcas públicas a a la Conferencia Episcopal Española, contra el que no se luchará hasta constatar que la religión ya no es importante para los españoles.

La Iglesia católica utiliza la mayoría de los casi 270 millones de euros que le llegan por el IRPF a mantener su estructura eclesial: sueldos de sacerdotes y obispos además de cuotas a la Seguridad Social y al canal de televisión Trece TV.

Una sociedad moderna y que avance es, necesariamente, un Estado laico. De esta forma se podría alcanzar una mejor convivencia al ordenar las actividades de los distintos credos, asegurando la igualdad de todos ante la ley y sin financiación pública, pretendiendo así anteponer los intereses generales de la sociedad civil sobre los intereses particulares de la Iglesia.

 

 

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