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NACIONAL | “Estamos en guerra”. Todas las claves del nuevo canal de Javier Ruiz para luchar contra la desinformación

Cuando el periodismo nombra la guerra de la desinformación, también señala a quienes la financiaron y normalizaron durante años.

Javier Ruiz ha decidido dar un paso que no es menor en el ecosistema mediático actual. El presentador de Mañaneros 360 ha lanzado su propio canal de YouTube con una frase que incomoda porque describe bien el paisaje informativo de 2026: “Estamos en guerra”. No es una metáfora épica ni un exceso retórico. Es un diagnóstico. Una guerra contra la verdad que no empezó ayer y que no se libra solo en redes sociales, sino también en platós, editoriales, tertulias y silencios cuidadosamente administrados.

Ruiz no habla desde la marginalidad ni desde el amateurismo. Habla desde el centro de la RTVE, desde un programa que ha convertido los datos en una herramienta de disputa política en horario de máxima exposición. Y eso es relevante. Porque cuando un periodista con audiencia decide abrir una trinchera propia, está reconociendo que los espacios tradicionales ya no bastan. Que la desinformación no es un ruido de fondo, sino un sistema organizado, rentable y protegido.

En su primer vídeo, Ruiz no promete neutralidad. Promete rigor. No promete equidistancia. Promete datos. Y eso, en el actual clima mediático, ya es una posición política. Frente a la inflación de opinadores profesionales y agitadores a sueldo, la apuesta es clara: desmontar bulos, señalar trampas discursivas y explicar quién gana cuando la mentira se impone como sentido común.

Estamos sufriendo una guerra contra la verdad y la información. Hay que combatir el ruido de tantas mentiras y bombas de humo.Es algo que intento a diario en la radio, la televisión y las redes. Y ahora, en mi canal de YouTube, una trinchera contra la desinformación.YouTube.com/@Ruiz_Noticias

Javier Ruiz (@javierruiz.bsky.social) 2026-02-04T15:26:21.015Z

LA DESINFORMACIÓN COMO INDUSTRIA

La guerra de la que habla Javier Ruiz no es abstracta. Tiene nombres, cifras y beneficiarios. La desinformación es hoy una industria multimillonaria, sostenida por plataformas que monetizan el conflicto, por think tanks que fabrican marcos ideológicos y por medios que han normalizado el bulo como formato. No es casual que la mentira viaje más rápido que la rectificación ni que el escándalo sustituya al análisis. Es un modelo de negocio.

En ese contexto, la palabra “trinchera” no es inocente. Una trinchera implica defensa, pero también resistencia organizada. Implica asumir que no se puede combatir la mentira con gestos tibios ni con pedagogía aséptica. Implica aceptar que hay una ofensiva reaccionaria que utiliza la confusión como arma política y que encuentra aliados en el capitalismo de plataformas.

Ruiz ya había denunciado ese doble rasero mediático que concede “horas de tertulia” a determinadas figuras mientras reserva un “silencio sepulcral” para otras. No es una anécdota. Es la prueba de que el acceso a la palabra pública sigue mediado por relaciones de poder. Quién habla, cuánto habla y desde dónde habla sigue siendo una decisión política, aunque se disfrace de criterio periodístico.

La reacción a su anuncio confirma el diagnóstico. Miles de suscripciones en pocas horas. Difusión masiva en redes. Apoyo explícito de una audiencia cansada de que le tomen por ingenua. Hay hambre de información que no trate a la gente como un target, sino como ciudadanía.

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CUANDO LOS DATOS MOLESTAN

El éxito de La Hora de La 1, conducido por Silvia Intxaurrondo, y de Mañaneros 360 no se explica solo por una buena realización o por el desgaste de otras cadenas. Se explica porque los datos volvieron a ocupar el centro del relato. En enero de 2026, La 1 lideró la franja matinal con un 16,6 % de cuota, su mejor dato en 17 años. Mañaneros 360 alcanzó un 16,4 % y 562.000 espectadores de media, con picos del 21 % y 826.000 personas el 19 de enero, y superó el millón de espectadores en su segundo bloque.

Las cifras importan porque desmienten un mantra interesado: que el rigor no vende. Vende, cuando no se pide perdón por usarlo. Vende, cuando no se rebaja el lenguaje hasta convertirlo en consigna vacía. Vende, cuando se entiende que explicar economía, poder y desigualdad no es aburrido, sino imprescindible.

El canal de YouTube de Javier Ruiz no llega para competir con su trabajo en televisión. Llega para ampliarlo. Para escapar de los límites del formato, del tiempo cronometrado y del equilibrio forzado. Llega para decir que el periodismo no puede seguir fingiendo normalidad mientras la mentira avanza organizada y financiada.

En un ecosistema donde se pide a las y los periodistas que moderen el tono mientras se tolera la falsedad sistemática, la apuesta de Ruiz es incómoda porque rompe el pacto de silencio. Nombrar la guerra es reconocer que hubo quienes la declararon primero.

Enlaces al nuevo canal

Si el periodismo renuncia a disputar el relato, otros lo harán por él, y no lo harán para defender la verdad.

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