El gigante de la comunicación Netflix pagó 3.146 euros en concepto de impuesto de sociedades en su primer ejercicio fiscal en España, según sus cuentas anuales. Un ejemplo de ingeniería financiera que el Gobierno debe contar de raíz para lograr un cotización justa.

Netflix empezó a operar en España en 2015 y desde un primer momento facturó los ingresos de sus clientes desde una sociedad holandesa, Netflix International B.V., de modo que el beneficio generado por el negocio en el mercado nacional escapaba a la tributación española.

Sin embargo, Netflix creó dos sociedades en España: una dedicada a la producción y otra al marketing. Sus primeras cuentas anuales recogen los resultados en sus primeros cinco meses de actividad. En ese periodo, las dos filiales declararon unos ingresos conjuntos de 538.921 euros y un beneficio neto de 9.439 euros, cifras irrisorias en comparación con lo que factura en realidad: duplicó sus beneficios en 2018 hasta alcanzar los 1.100 millones de euros a nivel mundial.

Y no es la única. HBO pagó en 2017, sus últimas cuentas disponibles, 45.200 euros por impuesto de sociedades. Son las dos únicas empresas audiovisuales extranjeras que pagan impuestos en España, ya que Amazon Prime Videolo hace a través de su filial en Londres, al igual que Sky.

La fórmula que explica estos bajos ingresos tiene que ver con la habitual arquitectura fiscal permisiva de las tecnológicas que tenemos en nuestro país -como Facebook, Twitter o Gloogle-, que envían todos sus ingresos a sus sociedades ubicadas en países con mayores facilidades tributarias. A cambio, les emiten facturas por prestación de servicios de márketing y publicidad.

Con estos datos, el Ministerio de Hacienda prepara la adaptación de la Directiva Europea de Medios Audiovisuales (AVMSD) aprobada hace un año en Bruselas que consagra el principio de igualdad entre los operadores, independientemente del servicio que brindan y de la plataforma que utilizan para proteger mejor a los telespectadores, alentar la innovación y promover el contenido audiovisual europeo.

La Administración dice que ahora mismo no hay ninguna decisión tomada, pero que se barajan diferentes modalidades. Éstas van desde que paguen el 3% que ya sufragan las televisiones -sin el 0,9% de las telecos, ya que no utilizan redes físicas-, pasando por la aportación al cine europeo con el 5% de sus ingresos, hasta una tasa específica de menor importe atendiendo a “circunstancias especiales”.

Pero esta medida se queda corta a todas luces. Las empresas tecnológicas deben tributar por sus verdaderas ganancias, no pueden tributar en el extranjero el dinero que se les paga en España. Las medidas tienen que ser duras, ya que las amenazas de abandonar el país van a ser inmediatas, pero, ¿qué beneficio otorga a España Netflix y sus poco más de 3000 euros tributados? Seamos realistas, solo se le pediría lo justo.

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