Eva del Fresno
Coportavoz de la Red EQUO Muyeres Asturias
Candidata al Senado por Asturias MasPaísEQUO


El cambio climático es un reto para la humanidad en los próximos años. Todo el mundo, incluidos los negacionistas, sufriremos sus consecuencias y la única duda es cuánto de negativas van a ser.

En muchos foros se suceden las discusiones sobre los “culpables” y las soluciones. Recientemente ha surgido la polémica sobre el consumo de carne.

Lo que no se está diciendo suficientemente, es que la mayor causa de destrucción de la naturaleza y de aceleración del cambio climático es la guerra.

Los aviones que bombardean  Siria y Yemen tienen una huella de carbono mucho mayor que cualquier vuelo comercial. La destrucción de los ecosistemas de una bomba no tiene parangón con ninguna otra acción humana.

El peligro nuclear es mucho mayor desde el aspecto militar que desde los usos civiles. Corea del Norte es ya una potencia nuclear, como lo son China, Rusia, Francia, Reino Unido, EE UU, algunas exrepúblicas soviéticas, Pakistán, India y probablemente Israel. Pronto también la tendrá Irán.

Si repasamos los gobernantes con capacidad de acabar con la vida en el planeta solo con tocar un botón, lo más probable es que no durmamos en una semana. Desde el esperpento de EE UU hasta el filonazi de la India, pasando por la oligarquía criminal de la China o el crimen organizado que gobierna Rusia. Prácticamente todos los países con armamento nuclear están gobernados por personalidades inquietantes.

Si una parte ínfima del arsenal nuclear mundial explotase, el caos sería de tal magnitud que las personas que muriesen en las primeras explosiones serían las más afortunadas.

En este panorama, podemos desesperarnos, o bien, podemos enfocar nuestra actividad de forma que nos permitan construir un rayo de esperanza.

La realidad es que llevamos 70 años desde la primera explosión nuclear y aún no hemos llegado al apocalipsis. Durante 70 años se ha impuesto la razón a la barbarie y no se ha desatado la guerra nuclear. Esperemos que eso siga siendo así, por tanto pensemos qué se hizo en estas décadas que estuvo bien y qué se puede intentar repetir.

Una de las cosas que creo que parecemos haber olvidado en la política de nuestro país es el pacifismo militante. Durante los años de la guerra fría parecía más evidente la necesidad de un movimiento pacifista. El Partido Verde Alemán surge de los movimientos pacifistas que luchan contra la proliferación nuclear.

Ahora, sin embargo, parece estar muy alejado de nuestras prioridades.

Si hay algo que nos pueda unir es, la necesidad de un planeta habitable y en paz. Es algo universal, donde podemos encontrarnos desde la diversidad ideológica y partidista. Cualquier persona con dos dedos de frente y que desee seguir viviendo entiende la necesidad de parar el cambio climático y de parar las guerras.

Desde un concepto ecofeminista de la sociedad y de la política no puede haber otra visión que la del pacifismo radical.

En un mundo interconectado, conseguir que haya focos locales de emisión de mensajes y de realidades que den esperanza es una forma de construir la revolución global y eso está al alcance de nuestra mano, de la de cada persona que lee esto.

Podemos hacerlo si tomamos conciencia de ello y buscamos propagar en nuestro entorno esa idea.

Desgraciadamente en el estado español se ha asentado una cultura totalmente belicista. No hay asunto que no se polarice hasta el paroxismo y mientras tanto el franquismo está cada vez más presente en el discurso público y social.

Por encima de todas nuestras diferencias tenemos que parar esta pendiente que va hacia el abismo de la confrontación. Desde un pacifismo militante y asertivo que salga a los medios públicos y a las redes sociales, a todos los sitios, defendiendo la paz como único camino para la construcción de nuestro futuro.