Javier F. Ferrero

La República Democrática del Congo vive envuelto en tensión a causa de los conflictos internos que se extienden desde hace años, y a la que se suman los enfrentamientos fronterizos con la vecina Rwanda, que cada tanto dejan un lamentable saldo de decenas de muertos y víctimas. Esta situación ha llevado a miles de civiles a tener que escoger entre huir o morir.

En la provincia de Tanganika, al sureste del país, buscan protección en sitios precarios y superpoblados alrededor de la ciudad de Kalemie, donde la arena es un material de construcción común que se vende a muy bajo precio.

Allí, después de toda su corta vida huyendo de la guerra, niños y niñas hacen lo que pueden para sobrevivir. Esta es la realidad de muchos de estos menores se han convertido en mano de obra barata en la República Democrática del Congo y en la única opción de subsistencia para miles de familias. Han tenido que abandonar la escuela y aceptar cantidades ínfimas de dinero para mantener a sus familias.

Indican desde ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados que “cada día se levantan a las 4:30 de la mañana para transportar sacos y sacos de arena“. “Un ejército de niñoscontinúa ACNUR– pulula por las calles vacías en las afueras de Kalemie. Algunos, apenas llegan a cumplir los 5 años. En un buen día, pueden ganar 30 céntimos por cada 25 kilos de arena“,

Indican desde la agencia que “su jornada, de tres horas y media por la mañana, y otras tres a última hora de la noche apenas le dejará unos cuántos céntimos. Pero sus padres no tienen otra opción. Prefieren que sus pequeños tengan que transportar arena durante horas a no tener nada que darles de comer“.

Todos los que estamos aquí solíamos estar en la escuela; ahora trabajamos para ganar dinero y poder comer”, cuenta Françoise a ACNUR mientras se quita arena del cabello. “Todos nos quejamos porque la arena pesa y nos cansamos. Me siento mal, me duelen las piernas y tengo dolor de cabeza todo el tiempo”, se queja la pequeña.

ACNUR ha prestado asistencia a las personas desplazadas en Kalemie, distribuyendo materiales para construir albergues y suministros básicos. Pero la falta de fondos hace imposible satisfacer las necesidades más básicas de familias como la de Françoise, que luchan por sobrevivir

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