Rafael Silva


Un nuevo tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Japón se viene gestando desde hace tiempo (unos cinco años atrás, con el silencio mediático y político que caracteriza a estos acuerdos), y podría tener incluso peores consecuencias e impactos que todos los tratados firmados hasta ahora. Pues bien, el próximo jueves 13 de Diciembre nuestros Eurodiputados/as votarán sobre este tratado, y los Parlamentos nacionales no podrán enmendar ni frenar la decisión final. A todo ello se une la falta de transparencia con la cual se negocian estos acuerdos (no existe posibilidad de que la ciudadanía pueda consultar o estar representada en las negociaciones, ni siquiera los diputados pueden hacerlo en condiciones de libertad), la ausencia de un profundo debate público sobre los asuntos acordados, el recorte a la democracia que suponen, y el incremento de las externalizaciones, recortes y privatizaciones que implican (o a las cuales abren la puerta las cláusulas de dichos acuerdos, muchos incluso sin posibilidad de poder revertirlas con posterioridad).

En el caso concreto del JEFTA, se facilita la privatización y liberalización de los servicios públicos como hospitales o escuelas, y de bienes públicos y comunes como el agua o el transporte. Se facilita también la reducción de derechos, por ejemplo permitiendo ataques flagrantes a los derechos de los trabajadores y trabajadoras (en este sentido, es de destacar que Japón aún no ha prohibido el trabajo forzoso). Todo ello se traducirá en un peligroso incremento de las desigualdades, ya que el JEFTA no contempla cláusulas de igualdad salarial, ni capítulos relativos a la inclusión de la perspectiva de género. Por si todo ello fuera poco, y de forma agravada si tenemos en cuenta la crisis de 2007-2008 (de la cual aún no nos hemos recuperado), este tratado dificulta futuras regulaciones del sistema bancario, y reduce la capacidad para luchar desde el sector público contra la especulación financiera (que servirían para evitar por ejemplo situaciones ya sufridas por el conjunto de la población, como la burbuja inmobiliaria o los rescates bancarios).

El JEFTA también podría afectar a la privacidad de nuestros datos personales, ya que el Capítulo 8 del mismo (relativo al comercio de servicios, liberalización de la inversión y comercio electrónico) contiene compromisos para permitir el flujo de datos transfronterizos implícitos y explícitos, que podrían limitar severamente la capacidad de los Gobiernos para regular los flujos de datos, pudiendo socavar el derecho a la protección y privacidad de los datos personales. Así mismo, en caso de aprobarse, el JEFTA influirá poderosamente en la ya inmensa crisis ambiental que padecemos, agravando el caos climático que sufrimos, a fuerza de debilitar los estándares ambientales que tan importantes son para frenar los efectos del colapso. Entre otros aspectos, este tratado incentiva la agricultura industrial a gran escala insostenible, reduce la protección frente a la contaminación con químicos tóxicos, y permite que Japón continúe desarrollando actividades ilícitas como la caza de ballenas o la deforestación ilegal.

Y al igual que sus homólogos TISA, CETA, TPP o TTIP, el JEFTA contempla mecanismos antidemocráticos que permiten a las empresas denunciar a los Estados ante tribunales internacionales de arbitraje, siempre que aquéllas consideren que las políticas públicas de cualquier país firmante puedan repercutir negativamente sobre sus beneficios. El PSOE dio luz verde a este tratado sin un debate parlamentario, e incluso sin conocer profundamente sus contenidos. Hemos de impedir por todos los medios a nuestro alcance que el Europarlamento vote afirmativamente a este peligroso tratado el próximo día 13. Los lectores y lectoras interesados/as tienen más información en la página http://www.noalttip.org/noaljefta/. Allí se informa sobre la herramienta on-line que permite enviar mensajes de correo electrónico a nuestros representantes en el Parlamento Europeo, incluyendo a varias formaciones políticas. Al final, si permitimos que las grandes corporaciones transnacionales y sus poderosos lobbies proyecten y redacten nuestras leyes, el escenario se vuelve muy peligroso. La historia avala lo que decimos: jamás ningún Tratado de Libre Comercio (TLC) ha traído prosperidad a los pueblos implicados, sino más bien desempleo, precariedad y destrucción del tejido local en favor de las grandes empresas.

La publicidad que nuestros representantes políticos y empresariales fabrican sobre los Acuerdos comerciales es absolutamente irresponsable y falsa, llevando al conjunto de la población unas expectativas basadas en datos completamente irreales, y en opiniones parciales y sesgadas. Por otra parte, la realidad desmiente también las predicciones de los valedores de estos TLC. Nosotros ya lo explicamos a fondo y con detalle en nuestra serie de artículos dedicada a ellos. En realidad, estos Tratados de última generación, bajo la fachada y el pretexto del “libre comercio”, son poderosos instrumentos para que las empresas multinacionales puedan disfrutar cada vez de una mayor impunidad en sus decisiones, de una mayor libertad de operación en un mercado globalizado, y puedan aumentar sus beneficios pasando por encima de los derechos humanos (no sólo laborales, también sociales, sanitarios y medioambientales) y de los derechos de la propia naturaleza (extractivismo violento, destrucción de recursos naturales, degradación del medio ambiente, etc.). No permitamos, en definitiva, que un nuevo y salvaje tratado comercial continúe en la senda de la destrucción de nuestros derechos, de la hegemonía de las grandes empresas, y de la destrucción de nuestro entorno natural.