El veto educativo que la extrema derecha de Vox ha llamado pin parental fue una de sus propuestas estrella en la campaña electoral del pasado abril. La medida pretende obligar a la dirección de los centros educativos a informar a las familias de todas las actividades complementarias organizadas dentro del horario lectivo, así como establecer el derecho de los progenitores a dar su consentimiento o no a cada uno de esos talleres con una «autorización expresa», según el formulario que ha elaborado la formación de Santiago Abascal.

El partido ultra incluye en su listado de exigencias para apoyar los presupuestos donde ayuda a PP y Ciudadanos, donde necesitan el voto de Vox gobernar, que se añada este aspecto en la normativa educativa (hasta ahora solo ha sido una instrucción de la consejería a los centros).

Como es lógico, esta medida represiva esta levantando una gran polémica. En respuesta a esta situación, la profesora de la escuela pública Alva Marsan ha escrito un hilo en Twitter en el que relata ejemplos de alumnos a quienes estas charlas y actividades que la derecha quiere suprimir resultaron de gran utilidad:

«Soy profe en la pública desde hace casi 16 años. En ese tiempo he podido comprobar la utilidad y necesidad de las charlas y actividades que estaban fuera del currículo. Aquí algunos ejemplos #NoAlPinParental

María, después de una charla sobre VG, se derrumbó y denunció a la guardia civil que la impartía que su padre llevaba años maltratando física y psicológicamente a su madre. Escuchar a esa alumna contando la situación fue aterrador, pero sirvió para poner en marcha el protocolo.

Ana, alumna de 3º, tras tratar en clase algo sobre educación sexual, me contó cómo su novio la presionaba para mantener relaciones sexuales (amenazándola si no con dejarla) y sin preservativo. Ese día aprendió lo que era la pastilla del día después y habló con su madre.

Omar, tras hablar de los derechos del niño y de la infancia, llegó a contarnos cómo su padre le pegaba, le prohibía ir a la biblioteca, salir de casa y estudiar. Tenía el cuerpo lleno de moratones. Solo quería que trabajara. Lo amenazaba con volver a irse a Senegal.

Ese mismo día Omar se fue a un centro de acogida donde lo cuidaron mucho mejor. Igual que Miriam, alumna de 12 años cuyo padre le pegaba cada vez que se enfrentaba a él por no querer cocinar, limpiar, trabajar en la casa sola para él y para todos sus hermanos por ser una chica.

Tamara, de 3º Eso, contó tras una charla de VG que su novio, también alumno del centro, la estaba maltratando, acosando y coaccionando. Su familia lo sabía, pero no sabían ni siquiera lo que tenían que hacer. Ese día se activó el protocolo.

No solo los docentes sabemos de la utilidad de estas actividades. Profesionales como @ddnavarrogc @luisluperba desde la Guardia Civil y el CN de Policía han trabajado mucho para solucionar problemas sociales desde los centros, a través del Plan Director y saben de lo necesario.

De la coordinación de todos y todas para hacerles la vida mejor a nuestros niños. Por desgracia, a veces también tenemos que protegerlos de sus familias y proporcionarles un entorno seguro.

Hay muchas más historias, algunas mucho más tristes. El acoso en redes, el bullying, la homofobia en casa… Todas estas historias son reales, pero los nombres, cambiados.

Los que somos docentes sabemos que la escuela tb debe mejorar y denunciar las situaciones que viven,por desgracia, algunos de nuestros alumnos.»