Adrián Ramírez Rodríguez

En estos momentos está teniendo lugar la cumbre contra el cambio climático en Madrid , bajo la presidencia de Chile, país que ha tenido que suspenderlo porque las movilizaciones populares contra los brutales recortes del gobierno ha hecho imposible poder celebrarlo allí.

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El objetivo que tiene está cumbre es conseguir tomar medidas concretas para poder llevar a cabo los compromisos adquiridos con el acuerdo de París en el año 2015. Es un salto adelante, con respecto a la cumbre anterior que lo que hizo fue dejarlo en un “compromiso general”. Es evidente que el informe de la revista Bioscience acerca de la emergencia climática y de alcanzar un punto de no retorno ha servido para que en esta cumbre traten de ser resolutivos en lugar de ser una cuestión formal.

Pero aquí hay un doble problema: la primera es que los países más contaminantes son los que menos se han comprometido en este objetivo, el mejor ejemplo lo vemos con EEUU y la negación sistemática de una emergencia climática cada vez más evidente. El otro gran problema, es cuando se trata de culpabilizar a toda la humanidad por igual, esta idea ademas de errónea y falsa no nos permite ver quienes son los principales responsables, ya que pone al mismo nivel de  a las grandes multinacionales y sus toneladas de residuos con  la vecina del quinto que no separa la basura. Claro que hay que promover que la gente recicle y tomar medidas para evitar problemas como la polución, pero si nos limitamos a estas medidas dejamos que los verdaderos culpables se vayan de rositas.

Si lo ponemos en comparación, resulta que Endesa produce 33 toneladas de CO2 al año, el equivalente a lo que pueden producir 6 millones de personas. Sin embargo a Endesa no se le impone ninguna medida. Y no es un caso aislado, Coca Cola, Nestle y Danoné producen casi 6 millones de toneladas, reconocidos por ellos mismos. Sin embargo han conseguido que pensemos que la culpa es de la vecina que no recicla, cuando es más que evidente que obligándoles a reducir sus cuotas de polución contribuiríamos a frenar el cambio climático a pasos agigantados.

Siendo las grandes multinacionales los principales causantes de la emergencia climática, podemos ver una relación directamente proporcional: a más multinacionales originarias de un país más contaminante es este. En este campo la medalla de oro se la lleva EEUU, el principal detractor de que este problema exista.

Es por eso que si queremos poner freno a la emergencia climática primero ha de haber una voluntad política por querer atajar este problema y ponerle coto a los grandes monopolios. Si no se lleva esta tarea a cabo da igual cuanta gente reciclemos, pues rápidamente es anulada por las toneladas de polución y contaminación de estas gigantescas empresas.

En esta batalla, los países del mediterráneo hemos de encabezar esta batalla, ya que se prevee que será el área que más duramente golpeará el cambio climático (actualmente el calentamiento es un 20% más rápido en comparación al resto). Hay que exigir e impulsar una política que le corte las alas a los grandes monopolios; y apueste por el desarrollo de las energías renovables, incida en un desarrollo territorial y un modelo productivo sostenible y respetuoso.

Nuestro país puede y debe ser una punta de lanza en esta reivindicación, como han demostrado los miles de jóvenes que cada viernes salen a la calle denunciando el cambio climático. Hay que promover que toda esa energía se transforme en fuerza política organizada. Empezando este mismo viernes 6 de Diciembre a las 18:00 en Atocha, donde la gente joven hemos de colocarnos a la cabeza de está reivindicación y gritar bien alto: ¡No es la humanidad, son las monopolios!


Adrián Ramírez Rodríguez 

Graduado en historia por la Universidad de Málaga. Vicerrespomsable de las JUCE, militante de UCE y miembro del movimiento social, cultural y político Recortes Cero. Redactor en el periódico De Verdad y en la revista Chispa Roja