Por Arjuna

Yo no soy Gabriel y tú tampoco. Yo le rezo a la diosa de “las cosas íntimas” para que el dolor de aquellos a quienes les arrancaron el corazón no se convierta en una orgía de llanto colectivo -en una catarsis tercermundista-, sino en un acto sagrado, familiar, privado, que reúna a los que de verdad amaban al ser querido que les fue arrebatado inhumanamente.

Hasta Patricia, la madre del pequeño, rogó a la prensa entre susurros que no se hablase de la presunta asesina, Ana Julia, ya que el eco de su nombre le atormentaba. Sus palabras cayeron en saco roto y los Mass Media utilizaron todos los altavoces para proclamar su identidad, con pelos y señales, a los cuatro vientos.

Luego vino la avalancha de celebrities que dieron el pésame a Patricia y a Ángel. Mensajes de la Casa Real, abrazos de ministros, estrellas de la política, jefas de comunidades autónomas. Todos eran Gabriel y todos llevaban un pececito en su músculo cardíaco.

Luego el funeral se celebró por lo alto en la Catedral de Almería. Los que no consiguieron asiento pudieron seguir la representación del calvario en pantallas gigantes, para dar al espectáculo la grandiosidad de una tragedia griega.

Al iniciarse la misa, el obispo González Montes, sumamente compungido, dijo: La muerte violenta de Gabriel lo acerca a la de Jesucristo y lo “identifica” con “el cruel” fin del Hijo de Dios en “su pasión y cruz”.

Una parte del pueblo que sigue a las ovejas de Panurgo, se hinchó a llorar y a derramar calderos de lágrimas (algunos aprovecharían para soltar su dramón personal fuera emulando pasajes de Pelando la Cebolla de Gunter Grass). Pasado el luto, reanudarían su vida con un buen bocadillo de calamares y una rubia y espumosa jarra de cerveza.

Sólo los allegados, los que tendrán que soportar el vacío que dejó el pequeño hasta que el galeno del tiempo cicatrice las heridas, “celebrarán juegos fúnebres”, y si alguien les deja, en el recogimiento que merece tamaño zarpazo en los centros vitales.

Me pregunto ¿Se está manipulando conscientemente el estado emocional de las masas para que desvíen la atención de los monumentales problemas que tiene el país y que cada día matan -de una forma u otra- a cientos de seres inocentes?

¿Cuántas cortinas de humo, con llanto incluido, son necesarias para que el Gobierno y la oposición se pongan las pilas “ya” y empiecen la tarea? A implantar políticas contra la desigualdad social, mecanismos para distribuir de forma equitativa la riqueza, planes para mejorar, por encima de todo, la educación y la sanidad. Hojas de ruta para garantizar, por encima de lo anterior, una vejez digna a nuestros amigos, padres y abuelos.

Debemos pagar a los mayores esa deuda (así como otras deudas al pueblo, hay demasiadas pendientes) ya que los que peinan canas dejaron parte de su vida y juventud en el tajo para que, entre otras cosas, los diputados y diputadas que incuban huevos de granja en el Parlamento puedan decir todas las memeces que se les venga a la cabeza.

Y mientras se hacen trucos de magia para introducir cambios mínimos en el establishment y para que Frankenstein (que comparte el ADN del PP y PSOE) no se vuelva contra su creadores, los ricos siguen llorando a los ricos, y los pobres, a los pobres.

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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