Tanto el Partido Popular como Vox presionan en estos días de confinamiento al Gobierno señalando que no fue capaz de prever la gravedad de la crisis sanitaria del coronavirus. Pablo Casado, presidente del PP, y Santiago Abascal, compañero ideológico del primero y líder del partido de ultraderecha Vox, reprochan ahora al Ejecutivo su falta de previsión porque, desde su punto de vista, lo que está pasando era algo que sabían que iba a ocurrir.

En realidad, ni PP ni Vox, ni ningún otro partido, anticipó jamás las consecuencias de una pandemia sin precedentes en el mundo, una situación que ha removido tanto la economía del país como la vida de sus ciudadanos.

No lo hicieron cuando, el pasado 9 de enero, se registró la primera muerte por coronavirus en China ni el 30 de enero, el día en el que la Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia global de salud. Tampoco el 21 de febrero, cuando se produjo el primer muerto en Italia. Ni el 26 de febrero, fecha en la que se registró el primer contagio autóctono en España.

Desde el pasado 9 de enero, cuando se registró la primera muerte por coronavirus en China, hasta el 14 de marzo, el día en que el Gobierno declaró el estado de alarma, el mundo dio un giro en el que nadie vio venir lo que nos esperaba: era necesario reforzar los medios técnicos de las unidades de cuidados intensivos, adquirir equipos de protección individual, mascarillas y guantes para los sanitarios, planificar el blindaje de las residencias de mayores, nacionalizar (aunque fuese temporalmente) la sanidad privada para reformar el sistema público, fabricar test de detección o reforzar las UCI para evitar colapsos.

Muchas de estas medidas podrían haberse tomado en las diferentes comunidades autónomas, sobre todo en la adquisición de EPI, y en varias de ellas gobierna el PP, ya sea en solitario, como en Galicia, o en coalición con Ciudadanos, y en varias de ellas con el apoyo de Vox, como es el caso de Madrid, Andalucía, Murcia o Castilla y León.

Hasta después del 14 de marzo las comunidades no comenzaron a quejarse de la falta de medios, y eso que la decisión del Ministerio de Sanidad de ponerse manos a la obra en la tarea de conseguir respiradores, trajes de protección y mascarillas no impedía a los titulares de los hospitales seguir haciéndolo.

PP

El día 4 de marzo, cuando el coronavirus ya arreciaba en Italia, Pablo Casado insistía en trasladar un mensaje de confianza y tranquilidad en el sistema nacional de salud. La consejería madrileña de Sanidad difundió el día 5 una nota en la que seguía recomendando hacer vida normal y minimizaba el riesgo de contagio. El resto de las comunidades, tanto del PP como del PSOE, hicieron lo mismo con la información disponible en aquel momento.

El día 10, el PP reclamaba que la actividad del Congreso de los Diputados siguiese con normalidad, pese a la confirmación de positivos en varios grupos parlamentarios, incluido el pleno previsto al que estaban convocados 350 diputado.

Vox

En los primeros días de marzo Vox no tenía el riesgo de pandemia en mente. Estaba centrado en la precampaña gallega y vasca y Santiago Abascal viajaba por Estados Unidos estrechando lazos con los fascistas estadounidenses.

Sin embargo, Santiago Abascal aseguró la semana pasada que su partido ya pidió medidas al Gobierno el 29 de enero y se echó méritos de haber sido el primer líder político en exigir la declaración de estado de alarma. Lo cierto es que Vox pidió el 2 de marzo el cierre de fronteras europeas, pero su objetivo no era contener el coronavirus, era impedir la llegada de refugiados a Grecia procedentes de Turquía. Su actividad parlamentaria se centraba en defender la equiparación salarial de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

De igual forma, su secretario general, Javier Ortega Smith, no tuvo inconveniente en viajar a Milán cuando la localidad italiana ya era el epicentro del estallido en aquel país y que después, ya con síntomas del coronavirus que le fue diagnosticado pocos días más tarde, participó en la asamblea de Vox en Vistalegre, precisamente el fin de semana del 8 de marzo, donde besó y abrazó a sus seguidores. Ese día, Abascal ni siquiera hizo referencia al coronavirus. Quizá porque decidió celebrarla para no contribuir así “a un alarmismo perjudicial”, en palabras de Buxadé.

El 16 de marzo, ya en pleno estado de alarma y decretado el confinamiento de la población, Abascal reclamaba a Pedro Sánchez “liberar en parte las restricciones” para que los comercios pudiesen reabrir sus puertas. El portavoz de la dirección nacional del partido, Jorge Buxadé, lo recalcó en una rueda de prensa, asegurando que no se podía «paralizar la actividad económica del país» . “¿Por qué no puede abrir una mercería o un taller mecánico si cumplen las mismas restricciones y la misma garantía de salud que puede cumplir un estanco o una farmacia?”.