Feminismos

Se han celebrado los Oscar. El acontecimiento más importante de la industria del cine que además moviliza a millones de espectadores. Dicen que Coco ha ganado dos estatuillas: ‘mejor película animada’ y ‘mejor canción’ con Recuérdame. No me extraña. Sobre todo esto último.  

Se han celebrado los Oscar y tengo la sensación de que anoche los ganadores eran lo de menos. Con el precedente sentado por los Globos de Oro y el discurso de Oprah, acompañado de las reivindicaciones de Leticia Dolera en los Goya, todos esperábamos que el feminismo se colara en la alfombra roja. Y en cierto modo así lo hizo.  

Algunos medios se apresuran y dan la noticia. El País recoge la gala como la más inclusiva de la Historia. Y yo, sin embargo, no puedo evitar sentir este mal sabor de boca. Hace unos días se lo decía a una compañera: hemos llegado. Nos miramos confusas. Nos secamos el sudor de la frente. Y prácticamente aún no nos lo creemos. Pero no nos iban a dejar llegar a cualquier precio.  

Llevo toda la mañana trabajando con la televisión de fondo. A veces abro Twitter para desconectar un poco. He leído de pasada algunos periódicos mientras desayunaba. Y en todas partes un solo nombre: Frances McDormand. Pletórica. Emocionada. Se nota. Pide a todas las mujeres nominadas que se levanten. Pide a los grandes hombres de la industria que las llamen. Que se acerquen a sus despachos. Que las financien. Y a mi todo eso no acaba de gustarme.  

Voy a dejar de llevarle la corriente a todo el mundo. Voy a dejar de fingir esta emoción. Voy a atreverme a decir que están cambiando nuestras preferencias. Puede que haya sido la suerte de rodearme de tantas mujeres que me han abierto los ojos lo que me lleve a hacer las siguientes afirmaciones. Me la voy a jugar aun a riesgo de sufrir escarnio público. Ahí va: ¡no, no me ha gustado el discurso de Frances!

Hay muchas cosas con las que no comulgo del feminismo que estamos construyendo. Y he aprendido a aceptar que no pasa nada. Ésta, precisamente, es una de ellas. Y lo digo con firmeza. Pero también con motivos. En primer lugar estoy cansada de que tengamos que pedir las cosas. Muy cansada. Y miro hacia atrás y me doy cuenta de que todo lo que nos han dado son parcelas de poder que sólo tienen una única finalidad: cambiarlo todo para que nada cambie.  

En segundo lugar, me agota la ética del éxito. Y lo hace muchísimo más cada vez que pienso que estamos adaptándonos a un mundo tremendamente injusto. No quiero formar parte de él. Quiero unirme a mis compañeras y hacerlo propio. Quiero que los valores del feminismo se cuelen en cada rendija. Y eso pasa por criticar las estructuras de poder de las que me beneficio. Por eso quizá me sea más fácil empatizar con las que no se levantaron. Las ninguneadas. La inmensa mayoría de la que tantas veces me siento parte.  

A mí, personalmente, el discurso de Frances no me representa. Estoy cansada de tener que agradar. De tener que suplicar que me permitan adaptarme a un mundo construido para los hombres. Qué curioso: iba a escribir ‘por y para los hombres’. Y me acabo de dar cuenta de que no es cierto. El mundo se ha construido sobre el silencio de millones de mujeres que a día de hoy siguen siendo unas completas desconocidas. A pesar de los pesares. Que se vieron eclipsadas por figuras masculinas que, en definitiva, gozaban de autoridad moral. No quiero adaptarme. Quiero hacerlo todo nuevo.  

Los medios de comunicación han cubierto la noticia con un bombo inesperado. ‘Miradnos, nosotros también somos feministas’, ‘Miradnos, hemos puesto el discurso de Frances en portada’. ¿Y qué? Hay parcelas del feminismo que solo os benefician. Como esta. Un feminismo que no molesta. Que pide un poquito de ese poder que tanto ansiamos. La paradoja del poder patriarcal, que decía Restrepo.  

Ashley Judd, Salma HayekyAnnabella Sciorra, ellas sí me representan. Y me representan porque su dolor es el dolor de millones de mujeres en todo el mundo. Me representan porque lo que hicieron fue, precisamente, exigir lo que nos corresponde por derecho: ser libres. Poder triunfar sin ser asaltadas sexualmente. Poder mantener relaciones entre iguales sin ser asaltadas sexualmente. Poder volver solas a casa sin ser asaltadas sexualmente. Poder trabajar sin ser asaltadas sexualmente.  

No paro de preguntarme por qué los mass media han cubierto con tanta efusividad el discurso de Frances. No paro de preguntarme por qué no he leído nada sobre Judd, Hayek, y Sciorra hasta ahora. Quizá es porque el feminismo que se adapta a las estructuras de poder ya existentes no molesta. Quizá es porque escuece mucho más el #MeToo o el #TimeIsUp que un ‘por favor, hacedme un hueco’.  

Quiero un feminismo rebelde. Quiero un feminismo que no pida, sino que tome. Quiero un feminismo que me diga que no tengo por qué agradar por ser quien soy. Y que conseguir ser una entre cien hombres no es ningún éxito. Y mucho menos pedirlo. Básicamente porque no nos van a dar nada gratis. Y porque al fin y al cabo, cuando accedemos al poder, ‘acabamos reproduciéndolo como nos oprimió’.  

Dejemos de adaptarnos. Sigamos construyendo.  

1 Comentario

  1. Si los grandes medios de comunicación han informado “con bombo” del discurso de Frances McDormand – quien hizo una interpretación magistral en “Tres anuncios en las afueras”- es porque saben que eso iba a vender y que todo lo que hay en este mundo de perros se mueve por la ley de la oferta y la demanda. A los dueños de los Mass Media no les mueven los movimientos sociales, sino su rentabilidad económica. Ahora cualquier problema social grave, incluyendo el maltrato (de eso sabe Almodóvar un poco) se convierte, en cuanto cae en manos de los mercaderes, en un “Reality Show”. Independientemente de los expuesto, el cambio debe ser radical, total y universal. Sin una educación con nuevos paradigmas, que de jaque mate a los recortes y exija a los Gobiernos de turno poner toda la carne en el asador corremos el riesgo de repetir el mito de Sísifo.

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