Iria Bouzas

Hoy tenemos un cielo despejado en Madrid, con una luz muy bonita que invita a salir a la calle. Creo que me voy a preparar un café, voy a hacerle caso a este sábado tan sugerente y saldré a pasear.

Puesto que es fin de semana y no me apura ninguna obligación urgente, mi plan es apostarme en algún lugar transitado, ponerme cómoda y pasarme lo que queda de mañana diciéndole a todos los que pasen, fundamentalmente a personas desconocidas, cual es mi sincera opinión sobre su aspecto físico.

Voy a decir cualquier cosa que se me ocurra. ¡Que nunca falte la naturalidad!

Creo que incluso tendré a mano el catálogo de actividades sexuales que me inspiran aquellas personas que me resultan atractivas. Y por supuesto, se lo diré con un tono lo más lascivo posible por aquello de enfatizar bien la carga sexual que contienen mis palabras.

De verdad que no entiendo el debate sobre los piropos que está surgiendo en todas las redes sociales. Y es que no lo entiendo porque me parece obvio que en un país civilizado con un mínimo de respeto a la convivencia, ¡No debería haber ningún debate!

Como mujer, me parece ridículo que nadie, a estas alturas de la historia, esté defendiendo que está bien que un señor que no conozco de nada se crea legitimado para decirme en medio de la calle una opinión que no le he solicitado sobre mi aspecto físico.

Entonces, ¿qué es lo que está bien en este acto? Lo mires por donde lo mires, es una falta de respeto y de educación. Me gustaría saber, ¿Quién se cree que es este individuo piropeador que se siente legitimado a expresar en público, opiniones sobre mí que, por educación, no se atreverían ni a darme personas de mi entorno más cercano?

Mi experiencia personal con el tema de los piropos me ha demostrado que, por más que algunos se empeñen en hacerles una férrea defensa en nombre de la tradición y la galantería, los piropos solo surgen en condiciones de sensación de superioridad y de impunidad del hombre sobre la mujer.

Hay mucho que reflexionar sobre este tema. Para empezar, ¿por qué los piropos solo se les espetan a las mujeres cuando no van acompañadas de otros hombres? Pues porque para la mentalidad machista del piropeador cuando las mujeres vamos solas entramos en la categoría de presas. En su mente somos más vulnerables y lo que como mujer me parece más insultante, en caso de que nos acompañe un hombre no nos dicen nada para no faltarle a él al respeto. ¡A él!. Lo de faltarnos al respeto a las mujeres les importa un comino porque en su cabeza somos seres inferiores. Lo que no va a hacer es faltar al respeto a quien considera un igual, otro hombre.

Otra duda que me planteo es si cuando estos señores del “halago” no solicitado van al médico o tienen una inspección de hacienda, en caso de que la profesional que tienen enfrente sea mujer, ¿también hacen mención al tamaño de sus pechos? A mí me da que esas apreciaciones tan bonitas y galantes sobre el tamaño o cualidades de los senos de las señoras, lo dejan solo para la calle y para dedicárselo a mujeres que van solas. ¿Me equivoco?

Dentro de un rato saldré a la calle y por supuesto no voy a hacer el experimento que les contaba al principio y no lo voy a hacer porque tengo mucho respeto por todas las personas con las que me cruzo cada día. Lo que lamento muchísimo es que todos los que siguen defendiendo esto del piropo no piensen lo mismo que yo sobre el respeto al prójimo.

 

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