Cuando vamos a comprar un vehículo, nos fijamos en diferentes características para elegir el que más nos conviene, como la marca, el diseño, el tamaño, el precio y el consumo de combustible. Si nos preocupa el medio ambiente, también podemos informarnos sobre las emisiones de CO₂, pero ¿qué prioridad le daríamos frente al resto de variables?

Con el fin de conocer la relevancia que la huella de carbono tiene en el proceso de compra de un vehículo, desde la Cátedra de Transición Energética Fundación Repsol en la Universidad Politécnica de Madrid, junto con la Fundación Corell y la consultora GAD3, hemos llevado a cabo un estudio sobre la percepción y valoración de las nuevas tecnologías de movilidad en el transporte por carretera.

Se trata de un estudio demoscópico en el que se ha entrevistado a 1 503 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años.

El trabajo pretendía satisfacer tres objetivos:

Identificar el nivel de conocimiento de los ciudadanos sobre los problemas derivados de las emisiones a la atmósfera procedentes del transporte rodado.

Identificar el nivel de conocimiento de los ciudadanos sobre las distintas tecnologías existentes en el sector para combatir este problema.

Analizar el grado de influencia que la percepción del ciudadano tiene sobre las tecnologías en su decisión de compra y en la realidad del sector.

Desconocimiento sobre las emisiones de CO₂

Los principales resultados arrojan que un 83 % de los españoles afirman estar concienciados con las emisiones de CO₂ generadas por el transporte por carretera. Además, se muestran porcentajes superiores en el caso de los individuos en posesión de un coche propio (84,4 %) y aquellos que cuentan con estudios superiores (87,3 %).

Sin embargo, al profundizar en materia de emisiones de CO₂, hemos comprobado que existe un gran desconocimiento sobre esta problemática ambiental.

En primer lugar, el 87 % de los encuestados cree erróneamente que las emisiones de CO₂ son perjudiciales para la salud, al confundirse con la emisión de otros contaminantes que sí afectan directamente a la calidad del aire y a la salud de las personas y los ecosistemas, como son los óxidos de nitrógeno, el material particulado o los óxidos de azufre. El CO₂, junto con otros gases de efecto invernadero (GEI), es el responsable del cambio climático, al aumentar su concentración en la atmósfera.

Por otro lado, sólo la mitad de los encuestados sabe que, desde el punto de vista normativo, los fabricantes de vehículos sólo tienen que informar de las emisiones directas emitidas a través del tubo de escape, y no del resto de emisiones asociadas al proceso de generación de la fuente energética o de la fabricación y mantenimiento del vehículo. Como ya describí en un artículo previo, las emisiones de CO₂ asociadas a estos procesos son también muy relevantes.

Emisiones en todo el ciclo de vida

Por último, al preguntarle a los encuestados sobre el concepto de emisiones netas o emisiones en el ciclo de vida, sólo tres de cada diez afirmaban conocer el término con claridad. Comprobamos además que el conocimiento disminuye conforme avanza la edad.

El término emisiones netas o en el ciclo de vida comprende la emisión de GEI (siendo el CO₂ el más relevante en este sector) asociadas al ciclo de vida tanto del combustible o fuente energética, como del vehículo en sí mismo.

Son numerosos los estudios que tratan de aumentar las bases de datos relativas a la emisión de GEI de cada una de las fases. Ahora bien, el enfoque de la mayoría sigue comprendiendo en exclusiva el ciclo de vida de la fuente energética (desde su producción, hasta su uso; del pozo a la rueda) o simplemente la fase de uso, lo que no está abordando el problema en su totalidad.

Así, tomando el coche eléctrico de batería como ejemplo, sus emisiones en la fase de uso del combustible son nulas. De ahí procede la falsa creencia de que el coche eléctrico no presenta emisiones netas de CO₂: un 50 % de los encuestados así lo piensa. No está teniendo en cuenta que la electricidad ha de ser generada y el vehículo, al igual que todos sus componentes, fabricado, mantenido y gestionado al final de su vida útil.

Para poder llevar a cabo una comparativa entre las distintas tecnologías que pueden contribuir a la descarbonización del sector, es necesario analizar todo ese ciclo de vida, tanto de la fuente energética (generación y uso), como del propio vehículo: extracción de materias primas, procesado de los materiales necesarios para la fabricación del vehículo, ensamblaje, distribución, mantenimiento y gestión al final de su vida útil.

Respecto a esas distintas opciones que pueden contribuir a la descarbonización del sector, cabe destacar que sólo un 60 % de los encuestados conoce los vehículos eléctricos. Este porcentaje desciende aún más al preguntar por otras alternativas, como los combustibles sintéticos, renovables o el hidrógeno, donde sólo 3 de cada 10 afirma conocer estas otras alternativas para reducir las emisiones de CO₂.

Decisiones basadas en información incompleta

Nuestros resultados sugieren que a la ciudadanía no le está llegando información correcta, o al menos completa, lo que genera un gran desconocimiento que puede inclinar la balanza hacia una decisión concreta en la compra.

Al preguntar a los encuestados si estarían dispuestos a gastar más dinero en un coche que genere menos impacto ambiental, la respuesta es mayoritariamente afirmativa, siendo el vehículo eléctrico la opción más elegida.

No obstante, cuando el ciudadano ha de elegir entre una serie de características en el proceso de compra del vehículo, priman otras opciones como el consumo, el tamaño del vehículo, la marca, el diseño, los extras, el precio, etc. Las emisiones de CO₂ y otros contaminantes quedaron en noveno puesto entre las 12 características presentadas.

Otro resultado que es importante resaltar es que el 50 % de la población encuestada asegura que la falta de claridad en cuanto a las diferentes tecnologías y a la evolución de la regulación de las emisiones ha retrasado su decisión de compra de un coche nuevo.

Por lo tanto, como principal conclusión del estudio en materia medioambiental, cabe destacar que el ciudadano no conoce realmente ni el problema que generan las emisiones de CO₂, ni las distintas soluciones tecnológicas existentes para combatirlo. Además, parece evidenciarse que el factor ambiental todavía no está por delante de otros condicionantes en el proceso de compra de un coche nuevo.

Ante esta situación, urge informar y divulgar para clarificar conceptos y que la información completa y veraz llegue a la ciudadanía. Este esfuerzo ha de llevarse a cabo a todos los niveles: académico, mediático y desde la administración pública. Desde la universidad, lo seguiremos intentando.

The Conversation

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