Iria Bouzas

Llevo avisándolo desde el año pasado.

Fuimos muchas, muchísimas mujeres, las que salimos a la calle el último #8M y eso no iba a pasar desapercibido para la política, siempre tan parasitaria, que se ejerce en el Reino de España.

Las feministas se rieron cuando Albert Rivera se declaraba adalid de la lucha feminista justo al día siguiente de haberse enterado que el feminismo no eran cuatro locas gritonas a las que su partido podía desacreditar constantemente para jolgorio general de sus votantes.

Pero a mí no me hizo ninguna gracia porque en el intento de Rivera de sacar réditos de un movimiento que le era totalmente ajeno, solo vi el comienzo de lo que nos esperaba.

Y por desgracia, no me he equivocado mucho.

Queda un mes para el próximo 8 de marzo y ya tenemos el movimiento lleno de parásitos infectos que amenazan con destruirlo.

Me informan de que en la coordinadora del 8M se ha llegado a un acuerdo para no hablar de prostitución. Parece ser que están intentando llegar a acuerdos de mínimos para sacar adelante las movilizaciones.

Y queridas compañeras, aquí se planta una servidora.

Estas mujeres no me representan y sus decisiones no son las mías.

La reivindicación primera y fundamental del feminismo debe ser que bajo ninguna circunstancia se puede mercantilizar a las mujeres y que menos aún, se comercia con la vida, el cuerpo y el alma de aquellas que son más vulnerables.

Si no reivindicamos esto, ¿para qué diablos quieren estas “compañeras” que salgamos a la calle el próximo 8 de marzo?.

Me entero también que deciden que no se habla de la prostitución, pero sí se crea una comisión para decidir quién va a colocarse detrás de la pancarta el día de la manifestación. Y aquí llegamos al centro de la cuestión. Se nos han metido a mangonear el feminismo personas con intereses particulares, muy poco relacionados con los derechos de las mujeres.

Sabemos hace tiempo, porque lo sabemos, que tenemos metido dentro al lobby de los proxenetas y sabemos quiénes son las supuestas feministas que hablan en su nombre.

Sabemos, porque lo sabemos, que hay “compañeras” que están aquí con el único objetivo de medrar políticamente y que realmente están haciéndole el trabajo a sus jefes políticos. Jefes que son señores y muy señores, además.

Sabemos muchas cosas y las hemos venido callando por el bien del movimiento y en nombre de la cohesión interna.

Pero seguir callando en el momento en el que intentan diluir la lucha feminista con el fin de exprimirla para sus propósitos sería un acto de complicidad y yo no estoy aquí para ser cómplice de las tropelías de nadie.

Lo que nos estamos jugando no es ningún juego.

Somos la voz y la fuerza de muchas mujeres que están sin fuerzas y que se han quedado sin voz.

No hay puteros, políticos o ambiciones varias en el mundo que vayan a intentar robarme mi lucha para satisfacer sus miserables deseos.

Soy feminista por mi madre. Soy feminista por mi abuela. Soy feminista por mis tías y primas. Soy feminista por mis amigas. Soy feminista por mis compañeras de trabajo. Soy feminista por todas las mujeres del mundo.

Pero principalmente soy feminista por mí. Porque soy mujer. Y nadie va a intentar silenciarme sin encontrarme enfrente plantando cara.

El 8 de marzo es mío. El 8 de marzo es nuestro.

No podemos permitir que se convierta en el patio de recreo de aquellos a los que nada les importamos y que tienen la indecencia de querer robar de un plumazo todo lo que hemos conseguido a base de un esfuerzo titánico que a ratos, se nos ha llevado incluso a nosotras mismas por delante.

¡El 8 de marzo será abolicionista porque las mujeres no estamos en venta!

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